jueves, 12 de marzo de 2009

Texto del libro " El shofar del viento" de Ogsmande Lescayllers.



LOS MORADORES DEL SILENCIO.

Y se juntó la tierra con el mar
Y ésta le parió un hijo varón.
Nació entre los tomillos de la huerta,
En la alcancía de un rey,
Que hizo testamento en Barcelona,
Tres días antes de ser llevado a la horca,
Por oponerse a la Santa Inquisición.

El rey estaba enfermo de amores y conjuros.
Por las noches se iba a los burdeles,
A cortejar a Concha,
La actriz de la mirada displicente,
La que después, en su versión moderna,
Vigas Luna llevara al escenario,
Desnuda de conjuro y miramientos.

Sabía que allí, entre morbo y la parodia,
Se podía repetir la misma historia;
Y así fue, pero el tinte de ahora era distinto,
Porque la bien amada era una expresión
Del noticiero de las tres de la tarde.
Y como dice el dicho: a rey muerto rey puesto.
Eso fue lo que ocurrió,
Después que una modelo,
Cansada de bregar y de exhibirse,
Sobre las pasarelas
Del viejo continente,
Intentara ser reina de los íberos.
Ahora la notición subía por Leganitos,
Entraba al caserón de los artistas,
Porque buscaba un verso emocionado,
Una loa, o un simple ditirambo zorrillesco,
Como Don Juan Tenorio, más o menos.
Después comenzó la greguería:
Los insultos, las burlas,
Cábalas, sortilegios y algún que otro sofisma,
Cosas estas que el reino dio orden de acallar.

Y pasaron los meses y los días;
Días y meses de amor,
Que echaron alas,
Hasta que engalanaron la ciudad,
Con el dinero de los contribuyentes,
Que se rascaban tiernamente el bolsillo
Al ver como volaba el cortejo nupcial.

Aquello si fue un cuento de verdad;
Un cuento para que todo el reino lo contara,
Porque es bueno que el pueblo se entere de una vez,
Que un rey y un Papa son algo parecidos,
Entre el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres.

Y vuelvo a Vigas Luna,
Porque me encanta ver como desnuda,
A las bellas actrices del momento,
Hasta dejarnos atónitos
Al borde del deseo o el improperio.
Y pensar, que todo sucedió,
Porque la vida es magia.
Y el amor de esa gente,
Es parte de un texto contractual,
Que al menor movimiento puede poner en crisis
La marcha del Estado,
Al reino y sus demonios;
Y lo que es peor: la sociedad.

Pero la luz, es luz por que procrea;
Da hijos como frutos en la huerta.
O como las espigas del trigal,
Que se pueblan de pájaros y alondras,
De nubes, que luego se hacen agua;
Ríos y almanaques, en la estancia del hombre.

Así también los príncipes,
Hacen brotar sus vástagos.
Y forman semilleros de ascendentes,
Sin consultar con nadie,
Sin dar una disculpa.
Porque el reino es de Dios
Y dios le ha dado alas,
Para que vuelen alto,
Sobre la jerarquía del poder.

Ya he visto lo que es y lo que son;
Los contenciosos y los contenidos.
Las ecuaciones y los continentes.
El contrato social y las penurias,
De los obreros y los chabolistas,
Que alimentan diez bocas sin trabajo,
Mirando ensimismados, como crecen
Los parados del reino,
En las oficinas del INEM.

Soy consciente que hay ríos muy profundos:
En los países Árabes, en América,
En el África negra
Donde el SIDA galopa como un duende,
Y el hambre es un legado de la historia
Que potenciaron los colonialistas,
Después que les arrancaron las agallas
Al Archoztéril, al cóndor,
Al oro,
Al diamante y al petróleo,
Hasta dejar en cero,
Las últimas vituallas de los pueblos,
Que componen el sur y sus contornos.

Yo me quedo aquí arriba;
Voy de retro,
Marcando las estrellas que se fugan
Por la espalda ancilar de un agujero negro,
Bajo el reino de dios y las finanzas,
Donde a comienzos del siglo XXI,
La humanidad sigue durmiendo a piernas sueltas,
Sumergida hasta el cuello en sus costumbres.

Yo, que la estoy mirando desde aquí,
Me rasco la cabeza y me pregunto:
¿Esto es, a lo que llaman sociedad?
Texto de Ogsmande Lescayllers.

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