lunes, 15 de noviembre de 2010

ELEGIAS DE BAYAMO. Ogsmande Lescayllers.




















ELEGÍAS DE BAYAMO.


PRIMER ELEGÍA.

Ser desde el agua y en el agua
La clara fiebre que nos da la vida;
La transparencia que nos invita al gozo.

El gozo salmodiado,
Tejido con las mismas suturas del milagro
Sin que sea el desencuentro
Otra razón para irse a luchar a la manigua.


A sorbos los instantes,
Los días encalados,
Un poco más adentros que la pregunta
Que todo hombre o todo ser,
Quiere mover desde el razonamiento.


Estar vivo a destajo;
Estar donde el vivir midiendo el paso,
No exento de caídas
Ni ajeno al desamparo,
A la virtud o al gozo,
Refrenda su partida hacia otra parte.


Todas las eras
Reunidas sin saberse;
Todas volando desde la pechina
O entrando entre balaustras
Como un ejército mesiánico,
Que va por las calzadas y los mares
A conquistar la luz.


Ser desde la neblina
Un suspiro de mínimos.
Ser un mínimo paso
Tierno o resbaladizo
Que escapa sin motivos
Por la puerta trasera de la huerta.


Lo irreal se pierde
Entre su misma irrealidad de sombra.
Lo irreal como acertijo
A veces se promulga
Y vuelve a tras, soltando dentelladas,
Hasta que pone en fuga su existencia.


Son esas lenguas de alcorces y sabores;
Ollas del paladar que parpadean
En la romanza del iris de la tarde,
O en la nariz de un ave planetaria.


Quedo invicto al vestirme o al voltearme
Bajo estas claraboyas de aguas puras,
Como si la radial del mundo fuera
Una hebra de luz en mi garganta.
He visto y he observado
Desde el fondo del agua,
Como se aniña el mundo entre mis brazos.
He visto la razón quemarse sola
Frente al dictamen de los poderosos.

El agua más allá,
Vuelve a mis cuentas,
Me tala toda ella,
Mientras quedo en un susto de corrientes.


Ya nada es,
Porque aquí en esta tierra
Grietada por mis pasos,
Sigo estando de tránsito
Como los arrecifes que duermen en la costa
Olvidados del mundo,
Sin ganas de moverse hacia otra parte.


Dichas mis profecías
Manejo el aire,
El viento,
Las sonoridades de los peces,
La vuelta al rumbo
Que viene como anuncio en las espadas
O en la cresta del mar que hacen las olas.


Despéjense las dudas;
La voz dual de los muertos,
La quiebra de la sisa
Que se anuncia al desgaire de los remos,
Arenada de sueños infinitos
Como las superficies,
Que se hacen lloviznas en las nubes.



Esta tierra lanceada,
Bañada de llanuras hasta el golfo;
Lámpara de la idea en otros tiempos,
Preñada de adoquines y cenizas
Que el incendio animó al darle nombre.
Virilidad de un sueño hecho bandera.
Páginas y canciones rotuladas,
Con las marcas del himno en el estribo;
Voz libertaria que remarca el viento.


Agua del ser
Anidada en el seno de mi frente.
Ríos de mi infancia
Que viajan hacia el mar desde estos puertos:
Nos queda el sol,
El aire;
La palabra.



SEGUNDA ELEGÍA.

Siempre vendrán las aguas;
Siempre tendré esa dicha de tenerlas,
Por eso cuando vengo a repujarlas
Pongo notas de lirios en la orilla.


Siembras de voces,
Anuncios y palabras,
Así vuelven después de la crecida
Los verdes logaritmos de la tarde.
Así vuelven las garzas a los campos,
Los peces y las prédicas del hombre
A sembrar en el agua sus preguntas.


Siempre hay unos que pasan más solemnes.
Un aire que penetra en las rendijas,
Un trocito de humo que se cuela
Sobre el esmalte de la madrugada.


Estas tierras de árboles no duermen.
Aquí y allá se van poblando solas:
En una esquina se alza un limonero
Un dátil se habilita en otra parte
Y en el patio trasero de la casa
Un campo vegetal puebla la tierra.


Sol y sonidos al son de la corriente
Vienen del arco iris hasta el pozo,

De la flor al tejido de los parques,
De la ventana al corazón del hombre.


Por las laderas de la sierra madre
Verdeando sus banderas bajo el cielo,
Un compás de caminos pulsa el aire,
El río guarda la noche en sus paredes.


¡Ay, sofocada tierra!,
Mapa indemne,
Vengo de ti al lugar de los sucesos
No para verte arder desde la historia,
Sino para ofrecerte mis dominios
Como el amante que penetró en tus fábulas.


Aquí tus aborígenes danzaban.
Aquí danzaba dios junto con ellos
Hasta que se cruzaron las espadas
Y la muerte brotó de las espigas.


Tejida con la luz
Siempre la noche vuelve.
La luz azul de Yara la penetra
Sentada a las zancas de un caballo,
Verde de pedernales en la tarde,
Cuando un sueño se enquista en la llanura
Para broncear las cañas,
O las yerbas del río de mi infancia.


Ciudad de gozos, nacida con el gozo,
Nunca quisiste hacerte marinera,
El agua de tu río
Traía la trasparencia más profunda
Y el ritmo de las claves de la tierra,
Que imitaban los ecos de los dioses.


Todo el deseo del mundo en la palabra
Hecha con voces de hombres
Y el latido ancestral de los relámpagos,
Sobre la torre de Saragoitía,
Un cinco de noviembre en la estadística.


TERCERA ELEGÍA.

Si la nada es nombrada algo tiene;
Lo mismo le sucede al vacío.
Con esas notas, al filo de la tarde,
Se azuzaron las chispas del incendio.
Las llamas no iban solas,
El dolor perfumaba los caminos.


La muerte se fugaba
Hacia los cuatro puntos cardinales:
Casas y hombres cayendo,
Nadie le dijo no a las heridas.
El ideal hervía en las palabras.
Nadie miró hacia atrás;
Allí sólo quedaban las cenizas.


El resplandor subiendo.
El resplandor marcando la parábola.
Pintada sobre el monte
La senda de los vivos y los muertos.

La voz, siempre va acompañada por el canto.
La orquesta ya no era
El rumor de otros tiempos en el centro del parque;
Ahora los sonidos venían de las aguas,
Las ramas secas,
La voz de mando
O el silencio cifrado en el tejado.


La música seguía merodeando,
Un día entró a la ciudad
Para anunciar la muerte del pirata.
Venía de las calles a la puerta del templo,
Del templo al río,
Del río a las ventanas,
Así rotó por todos los hogares,
Hasta volverse luz
En las notas del himno.

La música también
Aquella tarde,
Ensilló su caballo,
Se fue al monte;
Atrás sólo quedaron las cenizas.


CUARTA ELEGÍA.

Si algo te mereces,
Es cantarte en la cima de este sueño.
Ahora ya no eres
Una figura isósceles del tiempo,
Ni un pajarito gris que pía en el aire
O un rumor de caídas y proyectos
Que van a la estación
A ver partir los trenes.

Que viene o van sin prisas,
Al paso de los coches,
Oyendo el dos por tres de las maracas
Sobre una palma de pencas adventicias.


Con la poesía hacia ti,
En ti se hizo más fuerte.
Fueron tus labradores sus cultores,
En la danza del negro de Abisinia
Con la pleura del dios sobre una manta,
O el trepidar del trueno en la llanura.
El hipo de la tierra cuando tiembla
Para sudar con los emancipados,
Cuando salda sus cuentas con los hombres,
En días de advientos,
Cuando el sudor del llano crespa el monte.


Ya el cacique no está,
Ahora son otros
Los que vienen plisando tu memoria.
Tus ríos caen hacia abajo y hacia arriba
En esas presas de aguas postergadas,
A una canal de sueños y deseos,
Donde la medianía de la noche
Escribe notas de aguas al olvido.


Bayamo de perfil.
Bayamo al centro;
Entro por la derecha o por la izquierda.
Entro por las terrazas de mi padre,
Por la plaza mayor
O por los cuatro puntos cardinales.

Ella me espera,
Sentada de perfil
Sobre la cama.
Ella me espera sin percibir mi ausencia,
Domeñando los besos de la tarde,
En la mil que nos da la campanilla.


De pie,
Sobre un plantel,
Allá en el fondo,
Cuando el mundo parece que dormita
Siento la voz del hombre en las ventanas,
Oigo cruzar el himno por mi puerta
Y entro en él,
Con mis versos de antorchas,
Para peinar la tierra y sus afluentes.


Hoy se anuncian Perucho y Aguilera,
Mármol y Luis Marcano,
Céspedes llegó ayer;
Marcaba el paso.
Venía tras él una legión de negros
Libres de compromisos y apetencias,
Venían con ellos,
La libertad y el viento.


Bayamo volvió a ser para la historia,
Un arco iris que busca el horizonte.


QUINTA ELEGÍA.

Cuando las cosas a penas tenían nombre
Alguien te nominó bajo la lluvia.
No había libros, escuelas ni caminos,
Toda la tierra era una palabra.


Como un cardumen de estrellas cimarronas
La llanura testó frente a mi puerta,
Los tilos vocingleros se enfiestaron,
Se oyeron las campas de la iglesia;
El leño de la cruz tensó la tierra.
Sobre un panteón de luces nominadas
Detenidas allí en el campo santo
Mil espirales alzaron sus razones.
Por Jucaibama, las cañas se inmolaban,
Por Babiney sin prédicas los vientos,
Fueron a destejerse en la retina
De Peralejos danzando por los campos.


Al sitio de caída y nacimiento
Líricas notas dejó correr Fornaris,
De las mieles del ser nacían dos rosas:
Luz y Adriana.
Híbrido en la estación de las plegarias,
Puso Zenea al albur del aire.
Fidelia al filo frigio de los vientos
De pasamanos buscó desde el calvario,
En el foso mortal de La cabaña.
José Joaquín, estética pregunta,
Al palmeral que sueña en las arcadas.


Brisas nietas de dios y de los hombres;
Palomas que al volar forman escarchas.
Entre cortado el vuelo de mi nombre,
Bayamo en la estación de una guitarra.


Palomas van,
Sabían las palomas
Al volar encima del incendio,
Que aunque el dolor persigue la inocencia
El amor se levanta y se hace pueblo.

Cremar la luz es tarde algunas veces.
Destejer acertijos memorables
Cuando el canto y las leyes se aproximan
A una ciudad que se hizo rebeldía.


Llegado al punto con mágica paciencia,
Al quicio de Silvestre enamorado,
Mirando al Camagüey por la cornisa,
Que va hacia el Cauto por tierras de las Tunas.


El brío del mármol vuelve,
Aquí, pongo distancia.
Aquí se aniña el sol cuando despierta
Con un nido de luz sobre la cama.


Vienen de los suburbios de la noche,
A esconderse allá por la Guadiana,
Del Dátil a las berzas de los chinos,
Del girasol al mango o al caimito,
Del higo a la raíz del tamarindo.


Pucheros de rosquitas perfumadas
Con miel de abejas traída de la huerta
Donde no se acantonan los colores,
Ni los gallos se quitan las espuelas.


Viril como la espada mi Bayamo
Sobre un plano de estelas y arcabuces,
Fértil razón de ser para los mangos
Entre el hueso del aire y las preguntas.


Fértil la mediatriz de la corriente
Al filo de la estancia de mi abuelo,
En un serón de amor, llega la noche,
A fornicar con las enredaderas
En una barbacoa planetaria
Y las fecunda a todas
Todas ellas,
Perplejas de deseos foguean la tarde,
Cuando Sindo Garay le aplica el soplo
A un compás de guitarra enamorada.


Versátil vuelve dios sobre la estancia.
El huracán empuja la maestra
Hasta preñar de voces los acentos
Como las garzas que mueven las mamparas.


Arriba el campanario,
Aquí la tierra,
El amor
Y la siembra;
Bayamo haciendo historia en mi memoria.


SEXTA ELEGÍA.


Todas las religiones de la tierra
Caben en una hoja mortecina.
Sólo el amor perdura si en su danza
Se hace luz y alimento,
Sueño y casa.
Lo vamos descubriendo en cada lápida
Y en las voces que el tiempo no ha vencido.


Por aquí pasó Hatuey,
Luego su muerte
Quedó cifrada al pie de un tamarindo.
Los buitres le anunciaban el informo;
Lo destripaban con ansias carroñeras
Mientras su voz se alzaba por los montes.


En esos tiempos el sol era pequeño,
La luna una ramita entre la arena;
Entre el sopor y el tedio,
Iban y venían los murciélagos.


Iba la luz de Yara por la cima.
Cenaban en los ríos las biajacas.
El curujey crecía sobre los árboles
Con su pelambre anciana de artificios.


El hombre se movía de sombra en sombra
En su reino de voces celestiales,
Tendido en las hamacas del silencio
Y el trinar de los pájaros silvestres.


Un sueño de alfareros y entresijos,
Mudo, a la caída de la tarde,
Ponía el ritmo en la canoa del viento
Y con el viento se iba por los mares.


Tierra, agua, sonidos de la selva,
Venían de sotavento a barlovento,
Teñidos de caguamas y lechuzas
Sobre la costa del Guacanayabo.


Bayamo entretejido sacó un brazo,
Puso sus comisiones en la brecha,
Entre una palma real y una yagruma:
Mil perros mudos ladrando por las noches.
Mil colmenas sacadas de la tierra
Entre yareyes y hojas de tabaco.

La luz de nuevo, volvió a palpar la idea,
Desde las claraboyas del recuerdo.



SEPTIMA ELEGÍA.


Las despedidas nunca tienen nombre.
No existe una razón para nombrarlas;
A veces sin querer hacen de fuga,
Otras veces queriendo se deshacen.


Era la hora de partir y el tiempo
Con sus flautas de aguas navegables,
Se fue a los ríos para mojar los sueños
Sobre la eternidad de los caminos.


Bayamo seguía ahí inconmovible
Tierno y frutal como una amanecida,
En la voz de los hombres y la historia
Sobre los ventanales de la tierra.


Un aluvión del sur lo trajo al centro,
Un fino aliento de aguas abisales,
Le rozaron la frente y en el acto
Resurgió de las llamas del incendio.


Cuesta entender a veces las razones
Por las que un corazón se vuelve templo.
Cuesta entender que un muerto salga andando,
Y tras él vaya un pueblo en pos del viento.


Esta elegía de soles y clamores,
Páramo real, hecho por las termitas;
Tiestos del hombre tejidos a distancia,
Tras las orillas opuesta del océano,
Salen a saludar la simetría


Que el Manegua supuso cuando el aire,
Con sus tijeras de podar el orden,
Aliñó la justicia sobre el monte,
Donde los aborígenes dormían,
Vestidos de cocuyos, como lámparas.


Me quedo aquí o allá,
Bayamo al flexo,
Un corazón robusto de palmeras
Entre almanaques y hojas de la historia,
Bordean los mares hasta albanar al hombre,
En el edén que al fin pobló la tierra,
Entre ribazos de olas y horizontes;
Mujer púrpura y granas en mis ojos,
Bayamesa estación,
Donde los sueños, jamás dejan de ser,
Y se repiten.

viernes, 13 de agosto de 2010

TEXTO Y FOTO DE OGSMANDE LESCAYLLERS.


TRAUMA Y SOPOR.

Sin nada de alma podemos salir a caminar.
Sin nada en los bolsillos,
En los pies
Ni en las manos,
O en la imaginación.

Por juego y por banderas
Sostengo dos palabras en la punta de un lápiz.
Dos lágrimas saliendo de tus ojos.
Dos gotas de sudor sobre tu frente.
Dos verdades a medias sin hacerse;
Sólo medias verdades
Para contarle al mundo tu verdad,
La única posible
Y superior a todas las verdades,
Que hemos suponer que sea la muerte.

Pero a veces, hasta esa nos falta,
Porque de tanto irse a la mentira,
Se nos va de un plumazo,
Como las dos palabras que tenías
En la punta de un lápiz.

De cierto,
Así todos los fueros se nos gastan.
De cierto nada queda para después contarlo
Y entonces se comienza a imaginar de nuevo
Por que jamás está de más,
Cuando salimos y llegamos lejos
Retroceder un poco,
Para no quedarnos pegados a la orilla.

En el medio, se hace más difícil que estar lejos,
Porque lejos,
No se percatarán que estás en la otra esquina,
Allá nadie te sabe ni te ve;
Puedes ir y venir
Sin que te marquen los anuncios.

Hay cosas tolerables
Que suelen disolverse como el humo,
O por lo general,
Todas las cosas existentes se disuelven;
Desaparecen al más mínimo soplo
Y uno se pregunta:
Cómo y por dónde,
O hacia dónde se fueron.
Pero las preguntan se quedan en el aire
Incontestadas,
Como ocurre con casi todas las preguntas,
Por más respuestas que a veces quieran darles.

sábado, 7 de agosto de 2010

Textos y Fotos Ogsmande Lescayllers.



















FLOR, OLOR Y AMOR.
Para Blanca.

Fondeado hacia esos rumbos que la vida nos marca;
En ellos todo es mar,
El campo rosas
Y de los tiempos, el Edén jardines:
Proa hacia dentro,
Bajo la luz más clara
Donde todo flore
Y cuyo olor nos marca la existencia.

Qué decir de la vida
Si el amor no perdura o permanece.
Qué hacer con él,
Olores y colores,
Amores liberados
Del atávico nudo de la sombras.

Flor al desgaire de la madrugada,
Donde el olor del viento parpadea
Y viene sin dedal o sin muletas,
A ofrecernos sus ramos de ternura.

En esas cuentas,
Donde sólo el alma
Canta sus melodías más profundas,
Perfumadas de amor,
Tiernas verdades,
Que las veredas del cuerpo fertilizan.

Allá un ramo en los labios;
Acá en el corazón dos rosas blancas.
La piel huele a ternura
Y, las palabras,
Amorosas y cálidas de brisas,
Avivan el deseo en los sentidos.

A qué estas manos míos,
Jardineras,
Y estos ojos pegados a los ella,
Olorosos y ciertos como el agua,
Amor a plenitud,
Damos al mundo.

viernes, 6 de agosto de 2010

Textos y fotos de Ogsmande Lescayllers: Valle del Jerte. España y Río Eúfrates, Siria. Los poemas pertenecen al libro " Cuando arde la madera".

















ME LLUEVEN VOCES.
Me llueven voces largas y minúsculas:
líneas a medio hacerse
altares cenagosos;
púas del viento.

Me llueven arquetipos,
sombras,
cábalas,
ágapes de tijeras compungidas,
leña recién cortada,
tierra firme,
esquejes de preguntas
medio secos.

Me llueven algodones sediciosos
enfrascados en vestir de seda fina.
Rayos arborescentes como el viento,
cumbres que se entrelazan en mis dedos.

Me están lloviendo amores,
sinsabores,
olores perniciosos
que no entienden
que mi casa es la tierra y no la luna.

Me lluevo en mí,
por mí,
voy hacia adentro;
entonces me persiguen las caídas,
fallas intemporales de mis sueños,
ensenadas y golfos que no existen
en ningún hemisferio del planeta.

Me llueven:
la apatía,
el desengaño,
las pulgas que el dolor me echa en la sopa,
la muerte con sus páginas revueltas,
la vida entre cuclillas,
bajo vientre,
sin saber dónde ir;
o si quedarse.

REENCUENTRO.
Sin decir lo que somos,
porque uno nunca sabe lo que es,
descuelgo mi apariencia de los grandes tejados,
pongo los pies en tierra,
y salgo a caminar sin importarme
si este o aquel se enteran de quien soy.

Si vivo la poesía, es porque ella y yo somos hermanos.
Nos hermanamos un día que nos vimos
empujados de golpe en el destierro
tiritando de frío y soledad,
sin más aditamentos
que unas pocas palabras
y el silencio.
Ella confío de mí y yo de ella
y allí nos abrazamos
sin conocernos, sin identificarnos,
porque ambos veníamos de la sombra
acusados de parias
por cantar la verdad en todas partes.

Con un lenguaje interno, como el fuego,
iluminados por signos y metáforas
fuimos saliendo de la región de Umbra,
al parque de los vivos,
donde los hombres relatan sus memorias.

Inconformes, nos distanciamos
por senderos prohibidos y diversos,
donde la tierra ardía, como las espirales,
que el Edna empuja de paso hacia las nubes.

A veces nos negamos,
no quisimos sentarnos donde otros
prefieren ser premiados,
antes de ser oídos.
Estos nos distanció de mucha gente
que buscan oropeles,
títulos que no tienen,
fama a costa de nada
para engordar el ego.

Ayer,
después de tantos años
volvimos a encontrarnos.
Todo había muerto ya,
menos el gran amor que nos teníamos
y la confianza que en forma de poema,
la vida nos legó para los tiempos.

RETÓRICA.

Hablar de un sueño con pelos y señales
como si fuera algo indiscutible.
Hablar así de ganas, por hablar,
soltero de uno mismo,
sin otro compromiso que recordar un sueño.

Hablar de las medidas,
siempre diferenciando
el espacio que existe
entre el hoy y el mañana.
Estar así diez lustros,
ajeno a lo que es el mundo real,
intentando decir que dios existe
porque me he convencido,
que para ser quien soy
tiene que existir algo.

En términos, ganados o perdidos,
alguien puede decir que existen cosas,
que de noche nos cuentan
que esta vida es un sueño,
pero que la verdad está del otro lado,
donde nos esperan los arcángeles,
ataviados de sedas
y un espacio de luz,
del que jamás nadie ha retornado.

Teniendo en cuenta que la existencia es
una especie de aliento o de latido,
que viaja como el humo hacia los puertos;
paso a revindicar mi pensamiento,
porque existir, no es sólo estar de paso,
sino ser,
en activo o en pasivo,
un rayito de luz que parpadea,
dentro o fuera del soplo,
que dio vida,
a un extraño engranaje de neutrinos.

Ayer fue todo,
y hoy, según nos cuentan,
seguimos sin hallar nuestros orígenes.
Y siempre ayer,
y más allá de ayer,
en lo profundo,
de un tiempo que no fue,
que nunca ha sido,
porque nada nos dicen las estrellas:
de dios,
del mar,
del soplo
o el camino,
que labraron mis pies,
yendo y viniendo.

Voy a vivir en paz
conmigo y con mi sombra.
Voy a olvidar las jergas que nos lanzan
los vivos y muertos.
Voy a diferenciar el arco iris
de otros elementos de colores,
sabiendo que es la luz
quien purifica,
los vacíos de sombras de tu mente
Y los llenos tan claros como el aire,
tan musical la brisa que no es vida;
ni dios,
ni pan,
ni luz,
ni melodías;
pues,
como todo ser
diferenciado,
estaré allí en el punto de caída,
en el lugar exacto
donde el tiempo,
desdibuja todos los misterios
que el miedo dispersó,
por mis sentidos,
para hacernos creer que existen cosas
y que es dios quien gobierna el universo.

SI LA IMAGINACIÓN.

Si la imaginación hecha retazos
se nos agrietara un poco más.
Si al escuchar las mágicas palabras
que a veces nos recuerdan a los poetas muertos,
a los viejos filósofos que no dijeron nada
y fueron perseguidos hasta la extenuación
y que luego,
buscando entre los libros,
descubrimos que imaginaron sueños
siempre irrealizables,
y que sólo por eso fueron desterrados,
y después sepultados en el anonimato.
Así de contundentes son las dictaduras,
los extremistas de aquel y de este lado;
de nos y con nosotros,
que descatalogamos
todo intento de asfixia a la razón.

A los de té, con hambres y burbujas;
a los mismos de siempre
que deploran e imploran,
los días negros,
cuando la oscuridad,
ajena a la razón estira sus tentáculos
y empuja bocabajo
la luz que se avecina sin comercio,
para poner sosiego
allí donde el plantío
florece tiernamente a la luz de la luna.

Vuelves de pie.
Vuelto al sitio de antes,
ahora despejado de todo poderío
sabedor que la causa de los hombres,
no puede construirse con discursos,
sino con la estación de una palabra
que surge de los labios del poeta
o de la voz de un niño,
que despierta a las puertas de la vida.

A veces,
desde lejos,
oigo cimbrar los pífanos del aire.
Veo calcomanías en las paredes,
enjambres de deseos que vuelan solos
hacia los meridianos,
donde el día se ha hecho una canción,
en busca de otro día con horas nuevas.

Si la imaginación,
después de ir y volver por esos fundos
anillara la idea de los proscriptos,
entonces el mar,
daría la bienvenida a las palabras;
los ecos al silencio,
los que pueden, a esos que no pueden,
y el más allá,
que pasa a veces, acongojado y triste,
le daría al más acá su luz de agosto.

Todo el que nace,
irremediablemente tiene que morir.
Todo el que muere, tiene que haber nacido,
o al menos,
debe de haber tenido un instante de vida.

domingo, 18 de julio de 2010

texto y fotos Ogsmande Lescayllers, del libro "La esencia de la tierra".




















LA ESENCIA DE LA TIERRA.
Para Blanca de la Caridad Acuña.
"A nadie te pareces, desde que yo te amo".
Pablo Neruda.

Ella es, la esencia de la tierra.
Perdura en mis deseos,
Habita en mi alma,
Es un lago apacible en mi memoria
Que hace el edén perfecto de mis ansias.

Tejida entre mis sueños como un nido,
Huele a madera verde
Y es tan tierna,
Que los frutos del bosque la cobijan.

Las flores son quizás,
Menor que ella,
Porque sus ojos claros como el aire,
Me indican el naciente y el poniente
Y se hacen horizontes en los míos.

Su paladar,
Sus labios,
Sus palabras,
Con silvestre intensión me besan hondo;
Más hondo que la vida y sus afluentes,
Y es tan real
Su gana de quererme,
Que se aclimata en mí,
Como una niña,
Aquí en mi corazón y en mis sentidos.

Besarla y sostenerla,
Hacerla mía,
Sobre el hervor del tiempo y la memoria,
Sabedor de los vértigos del alma,
De la distancia entre mar y tierra
Y un espacio carnal como sus labios,
Que arden sobre los míos brutalmente.

Siempre nos queda dios,
Cuando la ausencia
Se interpone en la senda que llevamos.
Ella es mi melodía,
Yo le canto,
Canciones y poemas hechos alhajas,
Finos como la seda,
Más dulces que la miel
Y más hermosos,
Que las constelaciones de mis sueños.

Ella es y será la esencia de la tierra.
La quiero así, vestida de aguinaldos:
Frutal en mi ansiedad,
Lumbre en mi almohada,
Echada sobre mí,
Con tal perfume,
Que el néctar de su olor
Amaina el viento de este huracán,
Tan de los dos;
Tan mío,
Tan de nadie,
Como este amor sin nombre ni fronteras
Que habita entre nosotros
Y es tan nuestro,
Que sólo ella y yo lo conocemos.

sábado, 17 de julio de 2010

Texto y foto Ogsmande Lescayllers, del libro " La esencia de la tierra"

Mosaico sirio.
ESTELA IMAGINARIA.
Para Blanca A. Chávez,
Tu vocación de túnel, horizonte y montaña,
Alargan tu silueta cuando vas por las calles.
La ceniza se enreda, se adhiere a tu cintura
Y el mar desencadena una tormenta de olas.

Las sombras se deshacen cuando la luz retorna
A las cuñas del tiempo donde la luz renace.
Allí lo que es antiguo se vuelve primavera
Y la estación del viento levanta sus pizarras.

Más adentro, las voces de la melancolía,
Danzan entre las flores que trae la madrugada,
Para que cuando lleguen los días del encuentro
La voz tenga sonidos y aliento la palabra.

Las perchas, tan de modas, para envolver conjuros,
Atávica leyenda de lo inconmensurable;
Pétalos perfumados que se hacen manantiales,
Para poblar la tierra de ríos subterráneos.

No al dos que hace de tres y representa al uno;
Sí, a ese uno imperfecto que responde por todos
Y cuando el mar engendra caracolas y arbustos,
Las olas se sumergen para bailar con ellos.

Tú eres la piel trenzada de tantas Patagonia,
La escala arborescente de tantas lejanías,
El silbo permanente de tus palabras sueltas,
La cálida sonrisa y el álbum de la vida.

Tú concilia el silencio, la ausencia, la distancia,
Desde tu florescencia el sol tiende sus brazos
Y moja tus cabellos con los óleos del viento,
Cuando los arco iris te van acariciando.

Todo amanece en ti,
Como una flor temprana
Tu vocación es vida;
Tu luz, la madrugada.
Los pies que te signaron andan sin dejar huellas,
Tu huella es la ternura que construye palabras.

Cómo no alimentarme con el pan de tus labios,
Si tu boca es un cántaro de fresca leche que alza,

Los resortes del mundo,
Que hacen mis noches claras.

Texto y foto Ogsmande Lescayllers.

PEÑÓN DE GIBALTAR.






ALGO HAY DE LARGO EN MÍ.

En la te de la cruz,
Horas dormidas,
El viento dilapida otro concepto.
Ya nada es igual,
Ya nada queda
De la marca cifrada en la escritura.
Del clavo y el cincel en la madera;
De la estancia que ayer era un sepulcro.

Al tiempo le han quitado voz y mando.
El tiempo ya no es lo que era entonces
Cuando todos creían en los milagros
Y la palabra dios,
Se colocaba encima de los hombres.

Hoy la palabra hombre es un desmarque,
Una especie de sombra o un fetiche
Vacía de autoridad y de concepto,
Desde que el hombre se hizo mercancía.

Duele y apesta el mundo.
Tantos muertos
Insepultos y ahogados en un hoyo.
Tantos vivos muriendo a quema ropa,
Porque las armas matan sin preguntas.

El mundo apesta,
Duele y se deshace
Bajo la luz de un sol melodramático,
Que nos coloca en llantas sobre el vértigo
De un mundo que se va quemando solo.

Muerta la libertad en dos palabras.
Las justicia borrada de un plumazo,
Las voces censuradas al instante.
La palabra sin eco ni conceptos
Secuestrada en la puerta de la boca.

La luz medio asfixiada por las sombras
Se arrastra hacia el hades moribunda,
Marcada por los pasos del silencio,
Que le prohíbe andar y hacerse verso.

Nada nos queda de aquella transparencia
Con la que amanecían nuestros sueños.
Lo que ayer era grande hoy es pequeño,
Frivolidad de incienso y pasarelas,
Melismas de carbones en la lengua,
Índicos de pupilas y cartones
O de algodones recién desvencijados,
Contra la voz neutral de los que sienten.

Como duele pensar y hacerte hombre
Para que luego un necio te repela,
O autorice tu marcha hacia el exilio,
Donde vas a engrosar las estadísticas,
De los que se alimentan de nostalgia.

Cuánta luz,
Cuánto amor cabe en el hueco
De tu mano derecha o de la izquierda,
O en el campo estelar de tus ideas
Que se quedan varadas, bajo mínimos,
Donde nadie te escucha ni te entiende.

Frivolidad del mundo que sospecha
Que con la muerte todo está resuelto.
Frivolidad del vivo que imagina
Que al desterrarte resuelve sus problemas.

Algo hay de largo en mí,
Más, las palabras,
Aprendidas de siempre en mi memoria,
Van a destajo ardiendo por el mundo,
Proclamando la vida en todas partes;
Pidiendo libertad,
Prendiendo antorchas,
De justicia y amor para mi pueblo.


miércoles, 23 de junio de 2010

FOTOS Y TEXTOS DE OGSMANDE LESCAYLLERS, ARTÍCULO TOMADO DE "EL XORNAL DE GALICIA".






















CUBA: LA ESENCIA DE LA TIERRA.
Por: Ogsmande Lescayllers.
“De altar se ha de tomar la patria y no de pedestal para erigirse sobre ella”. Dijo José Martí, el hombre de la Edad de Oro.

A los que, por una u otra circunstancia nos ha tocado vivir fuera o lejos de la patria que nos vio nacer, si retornamos a ella sentimos en nuestra mente el peso de las voces y la fuga de un tiempo que ya no volverá. A partir de entonces hay que reencontrarse con uno mismo y con los demás, porque es muy importante para todos, no sentirnos excluidos ni exiliados de uno mismo.

Podemos o no, los unos y los otros, los de adentro y afuera, tener o no razón en cuanto a las ideas o ideales que cada cual profesa. Para mí, desde siempre, lo que importa es la patria. En mi acción por identificarme con ella o defenderla, radica mi soberanía. Soberanía es derecho; razón más que suficiente para sentirnos comprometidos a evitar con nuestra acción cívica y democratizante, que la patria enferme, viva y muera, sin que seamos capaces de curar sus males.

Los enfrentamientos, padres e hijos de la violencia jamás nos conducirán a un buen puerto, porque las piedras nunca dejaran el camino expedito al libre tránsito de las cosas. “Trincheras de ideas pueden más que trincheras de piedras”. Nuestra acción consciente, en todo momento ha de hacerse con arreglo a la lógica y a la razón, porque la fuerza no es el modo de erigirnos en hombres civilizados, sino, y eso sin mucho andar, en bestias de cargas.

Pienso que Cuba nos duele a todos y, lo que pasa allí tiene y debe ser siempre, si realmente queremos resolver el conflicto que nos separa, un asunto de todos los cubanos.

La mano o la idea externa pueden ayudar, por ende, no deben ser rechazas, sino puestas en la suma de nuestros intereses y en las cosas grandes, útiles y provechosas que debemos hacer.

Un arreglo civilizado siempre es el resultado más oportuno para los que desean justicia, libertad, derecho, democracia o amor, la fina tela que se teje con la lana gruesa, jamás deja de ser de lana, sencillamente su grosor es distinto.

Los que vemos o sentimos desde afuera las cosas que están ocurriendo adentro, no tenemos por qué ser amigos o enemigos, de los que, desde adentro, o viceversa, llevan sus modas y sus modos. Lo cierto es que, como tenemos una patria compartida, tan de ellos como nuestra, tenemos derecho a criticar, sin zaherir a nadie, sobre todo, cuando lo que se quiere, pensamos nosotros, y es lo que necesita la nación, hacer juicios de valores.

Cuba es un paraíso verde, aunque algunos la ven, quizás por sus miopías o falta de visión, como un desierto. Pero en honor a la verdad, cada uno ve lo que ve y siente lo que siente, suponemos que tendrán o no sus razones para ello.

Hablo de Cuba, mi patria, “la tierra más fermosa que ojos humanos hayan visto”, al decir del gran navegante genovés, Cristóbal Colón.

Hablo de la patria de todos los nacidos en Cuba, estén adentro o afuera, por que la patria no es un pedestal sino el altar de todos. Y, a ese altar debiéramos ir y estar todos, sin distinción, a la hora de orar o defenderlo. Defenderlo con ideas nobles hijas del corazón. Con palabras limpias hijas de la fertilidad transparente de la imaginación, sin el más mínimo signo de engaño, apropiación o tozudez, porque la voz de un hombre, o un grupo de ellos, jamás puede ser más limpia que la voz de un pueblo.

Yo quiero, a todos los nacidos en Cuba llamarles hermanos; no obstante conocer la leyenda de Caín y Abel. Creo que nosotros, los cubanos, hombres civilizados, estamos y debemos estar por encima de esas miserias humanas y vivir con arreglo a nuestros tiempos, en la idea de la fraternidad, el respeto mutuo y el encuentro.

Sabemos que no es fácil luchar contra molinos de viento, como tampoco se le hace fácil al viento derribar los molinos. Mejor es ir sin iras hacia las cosas. Mejor será, para la patria, acariciarla que empujarla, construirla que destruirla.

Hasta que Cuba no sea un sueño compartido por todos los cubanos; hasta que todos los cubanos no dejemos a un lado nuestros odios y miedos y, nos sintamos servidores y no apoderados. Hasta que no olvidemos, unos y otros, que la patria es un altar y no un pedestal para erigirnos sobre ella en amos y señores, hasta entonces y no antes, no veremos ni sentiremos que existen días y noches y que el único y verdadero sacrificio que tenemos que hacer para unirnos, es entender y comprender nuestras diferencias, porque para bien o para mal, cada palmo de la tierra que nos vio nacer, como nosotros, los nacidos allí, también tiene sus contrastes. Sin embargo, ella nos da, sin guerrear con nadie, un espacio de vida, identidad, sustento y alimento.

POEMAS DE AMOR. TEXTOS Y FOTOS DE OGSMANDE LESCAYLLERS, DEL LIBRO "LA ESENCIA DE LA TIERRA"






















DESEOS.
Para Blanca Acuña Chávez.
Yo quiero que tú aprendas
A escribir en las aguas los nombres tuyo y mío.
Y que cuando las olas arrecien sobre el puerto
Nuestros nombres se queden grabados en la arena.

TÚ Y YO: NOSOTROS.
Nadie va a separarnos;
Sólo Dios y Él no quiere.
Aquí estamos danzando en este puente
Que es un punto de encuentro,
Que el milagro,
Sostiene entre tú y yo
Y, desde arriba,
Nuestros pies buscan tierra
Y se acarician,
Con tanta melodía como la brisa.

Nada va a separarnos;
Nadie puede
Destejer este nudo misterioso
Que surgió del concierto de tus ojos,
Del dictamen dorado de tus labios
Y el asombro estelar de mis palabras.

Este amor llegó un día a nosotros;
Se hizo camino y sol,
Sol y camino;
Metáfora de sangre y sentimientos,
Estala de deseos,
Lumbre y ternura.
Por eso estamos aquí,
Desde ese instante,
Atados como un soplo
En la esperanza.

SIENTO.
Siento el ruido del mar,
Las golondrinas que cercenan el aire.
El hondo escalofrío de la puerta
Cuando llego a la casa y no te encuentro.

Siento ganas de asirme,
De envolverme
En el magro celaje de la noche,
Con vientos de galernas y epicentro
En medio de mi pecho emocionado.

Siento venir la nada y refugiarme
Bajo la lana fría de mi almohada,
Sacar las mantas y salir volando
Hacia ti, si es posible,
No importa cuan remoto te encontraras.

Siento los almanaques y las flores,
El tiritar del aire en mi ventana,
El filo de la luz cayendo en puntas,
O la quiebra indecisa de las aguas,
Matrimoniadas con mis pensamientos,
En un patio lejano de mi infancia.

Siento y presiento tu nombre en la madera.
Las termitas mordiendo las paredes.
El arco iris asunto a mis preguntas
Como si el pensamiento me arrastrara,
A mi ciudad natal donde me aguardas,
Con un arco de luz en la mirada.

Siento el remo fecundo de la brisa
Golpearme despacito los instintos.
La melodía de los singladotes;
La pestaña del juez, dictaminando,
A qué altura del yo van mis preguntas.

Siento que ella me falta y que la sueño
En todos los instantes y a esta hora,
Cuando allá dan las doces de la noche
Y aquí tocan las seis de la mañana.

Siento y me reconforta despertarme
Con ella en el recuerdo, como un salmo.

YO QUIERO QUE TÚ SEAS.

Tengo un fardo de vida en mi costado izquierdo.
Y siento como llegan las voces del planeta
Las luces de la tarde se anuncian como ráfagas
Cuando en fuga hacia el alba intento acariciarte.

Por más que intento ser,
Todas las religiones me parecen un parche,
Por más que me confirmo en mis feas creencias
Hablo de dios y exijo más bondad a los hombres.

El amor tuyo y mío es un amor de esencias,
Perdurable en invierno en otoño y verano.
La primavera existe porque tú y yo existimos,
Nuestra vida es signo de luz sobre la tierra.

Yo quiero que tú seas manantial en mi boca.
Agua fresca en mis labios,
Canción en mi garganta,
Música en mis oídos,
Horizonte en mis ojos,
Reposo en mi cansancio,
Lírica en mi guitarra
O un corazón sin fondo
Que lata junto al mío
Y que el amor nos sirva
De nido, cama y casa.

Yo seré para ti todas esas razones
Y si faltara alguna yo la pondría en tu almohada
Y sería tu perfume,
La horquilla de tu pelo,
El creyón de tus labios,
Tu libertad de tu alma;
Yo te haré tan del mundo
Que sólo tú y la noche,
Tendrán como aposento las luces del planeta.

APARICIÓN.

Hoy, sin imaginarlo te encontré en el espejo.
Tu postura desnuda desafeo mis instintos
Y yo salí corriendo como un apóstol virgen,
A tragarme el deseo que me ofrecías.

Fui hacia ti sin pensar,
Besé tu boca,
Juntos nos sumergimos en la vida,
Hasta quemar los lienzos de la noche
En la fértil alfombra de tu vientre.

Tus ojos verdes aún me están mirando.
Están de primavera todo el día
Y de noche son luces de luciérnagas
Que navegan conmigo hacia la vida.

Ya allí no está el espejo,
Ni nosotros;
Pero en todas las partes de la casa,
Tu rostro está grabado en las paredes.
HOY ME FALTAS.
Este inventario,
Donde sólo es posible hallar tu nombre
Ajeno a quien lo escriba o lo pronuncie.
Ajena a los deseos, la ortografía
Se cuela entre los dos, como una pira,
Prisionera en el tacto de mis dedos.

Al derivar al centro, mis preguntas,
Fúlgidas se me van como un relámpago
A enterrarse en el centro de mi pecho;
Pero después nos llegan las caricias
Que vienen desde ti, como espirales,
A interrogar las horas del encuentro
En un cardumen de ramas adventicias.

Pliso y deslizo mi voz por la pendiente
Y por tu vientre subo hasta la vida,
Para entrar en tus labios gratinados,
Frutal como la cúspide de un sueño.

Nada es ajeno hoy, cuando me faltas.
Aprendimos a amarnos en silencio,
A cubrir y encubrir nuestros deseos,
Cuando la manga del tiempo nos llevaba
Sobre un marcado pliego de palabras.

Hoy me faltas,
Lo sé,
Pero eres mía,
Y aunque me estás faltando tu presencia,
Tu cuerpo se me anuncia en el recuerdo,
Cuando tus labios y tus senos cantan
Y toda tú, eres un sol en mis sentidos,
Materialmente anclada en mis deseos.

AMOR SIN TIEMPO.

Neurálgico al voltearme,
Vuelvo al centro,
Matemáticamente enamorado,
Sin otro apelativo
Que su boca,
Sus ojos, sus palabras
Y otros puertos,
Que no quiero nombrar
Porque son míos.

Sólo ella y yo, sabemos el misterio
Que un día incubé en un sueño,
Y,
Mucho tiempo después,
Me encontré sumergido en el milagro.

Dragué su fértil vientre,
Acaricié sus senos,
Aligeré mi carga entre sus piernas,
liberé mis deseos,
Hasta perderme,
En un suave concierto de preguntas.

Bajo los mangos del patio de mi casa,
O allá, sobre un balcón,
En la cascada,
Donde legamos nuestro amor al tiempo,
El tiempo nos legó sus manos, Blanca,
Como la espuma que el mar pone en la orilla,
Para rodear la arena de caricias.

Ahora esa inicial se me hace un verso,
Un mapa de deseos,
Un sueño largo,
Como el día incidental que nos amamos,
Que no tuvo final
Sino comienzo,
Del todo, y en los dos,
Que está empezando,
En cada instante de nuestro amor sin tiempo.

lunes, 5 de abril de 2010

Foto y Textos de Ogsmande Lescayllers (Venecia, Italia)

TRATADO SOBRE LA INSOLENCIA.

Si somos la pregunta y la respuesta,
por qué ir respondiendo y preguntando.
Si nada somos
y al fin, somos el todo,
por qué intentamos jugar al escondite.

El hombre siempre ahí;
siempre de parto,
cifrando y descifrando,
escarbando en la tierra,
midiendo caracolas,
dictando y editando sus propias falsedades,
sus ideas ilógicas.
Dando pasos encimas de otros pasos,
marcándose o marcando;
por si acaso.

Y la virilidad,
estrecha manga
novicia de otros sueños,
o tan indefinida como el tiempo
cuando al caer sin luces ni gobierno,
volvemos a perdernos sobre un triángulo.

Y la imaginación, pobre indigente,
que se arruina pensando,
cavilando,
con las luces del mundo apagadas
o a media luz, para que no la encuentren.

Y el yo como un timón,
dando corcovos,
sobre las pasarelas de la vida
como alguien que inaugura dos preguntas,
para intentar sacarte mil verdades.
Pero nada es así,
nada es tan fácil,
como piensan algunos comediantes
que escriben thrillers,
filman,
montan sus acrobacias
en medio del bullicio de la gente,
como si todo el mar fuera una gota
y esa gota en reflejo en las arenas.

Ah,
soledad,
tan mía,
qué a punto llegas,
cuando se van cayendo los esmaltes
de estas asas
que ato en el asombro
de la melancolía
con que a veces,
yendo de barlovento a sotavento
descubro en el ojal de mi chaqueta.

No es de dios ni con dios
sino conmigo,
con quien la emprendo en serio cada día.
No es con nadie sino con mi silueta
que sustituye lanzas por palabras,
estampidas por hálitos y alumbres:
manos como las mías,
fuertes y alertas,
que no entran al fuego ni se queman.

Vivir, a tiempo en el destiempo,
cuando se desajustan las miradas,
y las palabras caen como pregones
en medio del bullicio de la plaza.

Ser el último ser,
no tener casa,
no
nada en fin,
donde el dislate
se agota hasta unos límites posibles,
en la fiebre que a veces
nos engulle
como un hombre de trapo que se lanza
a la hoguera del los tiempos;
y,
para qué querer darse de héroe,
cuando nadie te aplaude
y tú te incendias
fraternalmente en tu propia sombra;
como un pez que metido bajo el agua
muere de sed,
por no tener sentido.

Ni dios ni el ser;
qué hacer,
para decirles,
que el tiempo es tan movible como el agua
y que la luz está bajo tu manga,
queriendo iluminarte y no la dejas.

SIN SEÑALES DE ÉL.

Se me ocurrió escribir
en un muro que había frente a mi casa
dos palabritas tiernas:
amor y libertad.
Pero los que limpian las paredes
vinieron a borrarlas.
Cuando se fueron,
regresé de nuevo,
las escribí,
ahora en letras grandes,
para que vieran
que tras ellas, habían plantado un pueblo,
y que el que las escribía
era un suicida amigo de los hombres,
que vigilaba a los que las borraban
y las volvía a escribir con más ternura.

Todos los días era el mismo ritual:
uno escribía
y otros las borran,
hasta que los limpiadores dieron parte
al gobierno
y éste mandó a sus ejércitos,
para indagar
quién era aquel sujeto,
que ponía palabrotas
detrás de la comisaría,
donde dejaron detenido,
por culpa de los limpiadores,
al escriba y sus sueños.
Desde ese día,
nadie más ha pintado la pared.

LAS PALABRAS PROHIBIDAS.

Hay tantos que se callan,
entonces nos parece que el silencio gobierna.
Tantos pasan callados
a la altura de un sueño,
a nivel de la calle
o en cualquier dirección,
en un silencio sin fondo o sin fronteras,
hasta que te percatas,
que alguien te está observando
por si intentas hablar,
frente a esos que callan.

Yo iba indiferente por las calles de antes.
Por allí habían pasado mis abuelos
y mis tatarabuelos
hablando y canturreando sus canciones.
Yo quería hacer lo mismos
y puse por delante mi apellido
y algunas credenciales de mi infancia
o aquel viejo laúd,
con el que había aprendido
a entonar mis verdades.

Silenciado por tierra y por el aire,
silencio por los codos,
por las intercepciones de las calles,
en tres letras sin sílabas
y por la fe de erratas,
en un código roto sin dominios.

Alguien pasó callado por mi puerta.
Yo salí a saludarle cortésmente;
un guiño fue bastante,
para no aproximarme a donde estaba.
Un guiño frío y tierno como un sueño
que después despertó y se hizo relámpago;
cayó a mi lado sin decirme nada,
sin anunciar que ayer
como hoy estamos solos.
Solos;
terriblemente solos,
Como una herida que mana de la tierra.

Miramos sin mirarnos.
Hablamos sin hablarnos;
nos hicimos incondicionales
y empezamos a pedir,
a pecho abierto,
un sitio con derecho a la palabra.

Nos lo negaron en el primer instante;
después nos mutilaron despacito
no fuera ser que alguien despertara
y se quitara el bozal que le pusieron.

No hay más,
me dije yo,
pobres palabras,
que entran impronunciadas al silencio
y las van degradando poco a poco
hasta hundirlas de bruces en el cieno.

Pobre de mí,
me respondió el silencio,
confuso entre verdades y mentiras
al no tener un sitio donde oírse,
o donde ir a jugar con las palabras,
que los censores acallan por decretos.

sábado, 3 de abril de 2010

Fotos y Texto de Ogsmande Lescayllers.


ÁGAPE.
Para Borja Capote.

Esta hora indómita, de relojes pétreos,
de cáscaras fuertes
y calcomanías,
tejidos de un verso,
ideal de un sueño;
despertar del tiempo,
cálida sonrisa.

Las sombras se alargan
sobre las montañas
y en la horquilla verde de las marejadas.
Mis sueños cabalgan hacia el horizonte
y mis pasos vuelven de nuevo a la casa.

Desde un arco iris, descubro mi infancia
y amanezco dentro sobre mi guitarra,
destejiendo el mundo en leves compases;
buscando de nuevo las voces del alba.

Me encincho el recuerdo,
afeito mis ansias,
cabalgo en las grupas de la madrugada,
escarbo la tierra y le doy un beso;
la tierra me besa y me da las gracias.

Esos días de antes,
son estos de ahora;
aquellos y estos nos dan su fragancia.
Sin embargo, el hombre,
aunque es otro hombre;
sigue acurrucado tras de la ignorancia.

Esta hora indómita
de indómito aliento
cabalga conmigo;
se desnuda el pecho,
columpia su nombre,
se cuelga en los ecos,
clarifica el agua
y deja un relámpago pegado en mi aliento.

Sólo en el silencio
con mi soliloquio,
silbo y disimulo.
Si me solicitan,
me hago sol y salto,
solícitamente
como un celentéreo.

Esta hora indómita;
me sirve de sueño.
Me sirve de casa;
pero mis amores están allá lejos,
sobre el Mar Caribe,
donde las mareas tejen una danza
y el pie de la luna nos rasca los sueños.
El eco del viento nos trae serenatas.

Indómito yo,
fulgores del alma;
ella me hace un ágape,
tejido en palabras.




Foto y texto del libro de Ogsmande Lescayllers, "Cada semilla es un deseo".

C IN EXTREMIS.

Estiro el brazo para alcanzar el índice
y llenarme de aquello que habita la otra orilla.
Apuro, como es lógico,
todas mis añoranzas.
Con gran impulso
vengo, me levanto,
construyo puentes
sobre gigantes planos
y configuro espacios en la tierra.

Hay poco verde aquí;
todo está muerto.
Veo que pasan insectos voladores,
hombres armados,
que de pronto han dejado de ser hombres;
animales de guerra con fusiles al hombro.

No digo adiós,
para que nadie sepa si marcho o si regreso.
Y si es posible,
me aparto del concierto
donde premian a los bufones de la feria;
tal como son,
seres vacíos,
injertos de estos tiempos.

Sólo sé que estas son mis luminarias:
un pedazo de luna en cada brazo,
una estrella adyacente en cada mano,
un pecho que nos guarda de los truhanes,
una estación que asume todo el humo
de esas calaveras ambulantes.

Hay que esperar.
Después pasará el tiempo
cuando el olvido llegue y tome el reino
y esas voces que fueron elegidas,
sigan sin levantarse o sin hacerse,
sin una esquela, en los estercoleros.

Sentir como te agotas viendo al muerto,
oyendo a los premiados
y a los jueces,
en un panel de súbita ignorancia
al margen de las voces,
que la vida,
pone a crecer a lo ancho del camino
sin que nadie le ofrezca una limosna.

De ofrendas y ofendidos los galantes,
pájaros a la altura de los buitres,
fiebres de la pleamar a media noche,
cuando se conjuraron las raíces
para forjar un nuevo plenilunio.

No habrá más ni será;
sólo el comienzo
del que aspira nacer fotografiado,
fotostáticamente revestido
de ideas intemporales
bajo el yugo,
de su misión de esclavo ante los hombres,
que van sin laminar sus días de alientos.

Mal el detrás,
que pisotea al de adelante,
el que viene lanzando sus corcovos
sobre esa línea donde el sol no llega
y pasa deslizándose por dentro.

Del taco al tenedor,
la lengua inserta,
como un guiñapo
que sube a los estrados,
a salmodiar su última conquista
como todo bufón caído en suerte,
confiado de sus dotes acrobáticas.

Nada hay de más,
cuando salen los menos
a refrescar el sitio de partida,
donde todos debían grabar sus nombres,
o despejar, antes que sea la vida,
quien le traiga la cuenta y los impuestos.

Todo reino en el fondo es algo irreal.
Se vive muy de prisa
y es por eso,
que se premian a necios y tarados,
que otros necios,
más necios
que esos necios,
van de jurados sin juramentarse.

A veces sin saber se oye un disparo,
después, queda un silencio manifiesto;
tras el silencio, suele ladrar un perro
y luego,
cuando la tierra queda en vilo,
salta un relámpago detrás de la frontera
para decir que aún hay esperanzas.
A partir de ese instante;
el hombre árbol
cansado de ser árbol,
sale volando o se lanza al mar,
allí, sin más,
se hace una semilla,
porque anhela saber que es mundo.






Poema tomado del libro de Ogsmande Lescayllers, El ritmo del silencio. foto: Catle-romeo

MAREA ATÓMICA.

Todos quieren ser fuertes;
todos quieren.
Descuelgan las marañas de este mundo.
Hacen de un parpadeo la vida eterna.
Llegan y te convierten en objeto,
sujeto a ellos y a sus pretensiones.

Alarmas por las armas
van de muerte.
Alarmas por un paso hacia la cumbre
del arsenal atómico que guardan,
los poderosos debajo de la cama.

Tres,
con todo el poder
y algunos cuantos,
que guardan unas cuantas pesadillas.

Ellos sí pueden
los demás,
tienen prohibidos
tener refugios debajo de la almohada.

Ellos,
los poderosos,
quieren seguir guardando los poderes
y amenazan con asfixiar a otros,
que intentan potenciar sus arsenales.

Nadie, jamás,
ha prohibido las guerras.
Sin embargo, prohíben cruzar una frontera.
prohíben que proteste y que te exhibas,
en contra de la guerra y los poderes.

Las armas destructoras de los grandes
son para aniquilar a los pequeños.

Cada veinte mil niños desnutrido,
tiene una bomba atómica guardada,
en los arsenales del pentágono.
Cada niño asfixiado por el hambre
tiene un misil guardado en los Urales,
en la China, otro tanto
o en la India.
En Inglaterra o Pakistán, presentan armas.

En Israel,
el gran mutilador de palestinos,
las ojivas nucleares se almacenan
bajo las arenales del desierto.
Cada sionista, lleva un misil
pintado en la sonrisa.
Cada sonrisa es una marca de Caín que salta.

La Casa Blanca, como un ala de muerte,
Protege a sus incondicionales.
La casa menos blanca,
más oscura,
entre un hangar y otro se relame,
apostillando y descalificando
como un señor francés, que aspira al mando,
bacteriológicamente enamorado.

Por qué lanzarse encima del que busca
entrar al reino atómico y alzarse
como un dios, enriqueciendo uranio.

Por qué no desistir grandes y chicos,
de alimentar la industria de la guerra.
Con tanto mar por medio
y tanta tierra.
Con tanto cielo y tantos horizontes,
con tanta desvergüenza por persona
que ejercen el poder en este mundo,
tener que estar aquí,
desvencijado,
viéndoles levantarse en las tribunas,
para exigirles contención a un desgraciado,
que, como ellos,
quiere hacer de este mundo un basurero.

¿Con qué moral, un buitre carroñero,
puede pedirle a la carroña que no se arme?

sábado, 13 de marzo de 2010

TEXTO Ogsmande Lescayllers.


CONCORDANCIAS.

Cuando hago el amor,
La tierra se echa boca arriba;
El mar se pone irreverente
Y el cielo nos cobija.

Estas tres cosas grandes,
Se alegran de que yo cohabite y sienta.

Cuando hago el amor,
Amada mía,
El mundo es una fiesta
Entre mis piernas.




domingo, 21 de febrero de 2010

POEMAS DE AMOR. TEXTOS DE OGSMANDE LESCAYLLERS.












ALEJANDRA.
para Alejandra Esguerra.
Todo ángel es terreble.
Rainier María Rilke.
Alejandra, no es ella.
Es un susto arrancado de las sombras;
Omnipresente a veces,
Y otras espiritual como la lluvia.

No es fácil encontrarla.
Ella viene saliendo de la tierra,
Trae de sandalias el viento
Y por risa las piedras de Santiago.

Si le pedimos fuego,
Del recuerdo que trae de la montaña,
Saca un par de fogatas,
De madera maciza y luz verde
Y enciende la ciudad con un latido.

Si le pedimos agua,
Abre sus ojos claros
Y empieza a lloviznar sobre Santiago.

Y si el tiempo es de música
Y buscamos un romance en la yerba;
Alejandra, abre la boca, canta,
Y llena el universo con su canto.

Alejandra, no es ella.
Es un susto arrancado de las sombras;
Irritan los relámpagos de mayo
Y Alejandra amanece sobre el mar,
Tejiendo el mundo.

Hay un rito en las hojas,
Que Alejandra desteje con sus manos
Y el viento enfurecido,
Le declara la guerra a las hormigas,
Y Alejandra se va,
Y vuelve por la noche con la brisa.

En la playa, el coral
Espero su regreso
Para hacerle una fábula en su pelo.
¿Una fábula dije?
Porque Santiago duerme
Y Alejandra se ha ido con los duendes.

TERNAS LÍRICAS.

Luz, sierva de mis antojos,
Ajuar de mis sentimientos.
Hacia el naciente transitas,
Tierna luz, de mis deseos.

Aguas incontaminadas
Que remansan mis recuerdos,
Fiesta de mis pensamientos,
Senda que forma mis sueños.

La fina estela del río
Moja de luz mis recuerdos
Y hace canciones del soplo;
Hojas nuevas, frutos secos.
¿En qué punto de este dársena
He dejado mis arreos?
¿En qué región de la cábala
Se hace el aguado convexo?

Son tejidos mis amores.
Por que si tejiendo vengo,
Amores como estos lances,
En las crestas de los cerros,
No hay espina en esta casa,
Y entre silencios y arpegios,
De aguamanil y kiriales
De runas, rumbos y acechos.

Enrumbo los colorines,
El panal y los destellos
Y con la orquesta del viento
Encomparso mis deseos.

Y me quedo salmodiando
Mis versos de amor al viento.

YOHAIRA.
“ El que no ha visto la tristeza,
Nunca conocerá la alegría”.


Por ahí va Yohaira,
Anunciando el día con sus ojos.
Yo la estuve esperando
Frente a la puerta azul del colegio moravo,
Pero el torrente derramó su candor
Y se bebió mi calma.

Por las calles sin nombres
De la ciudad de Bluefields,
La gente va mascando sus manías.
Hablan en varias lenguas,
Pero sólo se entienden cuando piden pan.

En aquel campo azul,
Del que vine cargado de recuerdos,
Yo conocí a Yohaira
Y el origen más cruel,
De la miseria.
Bluefields, Nicaragua, julio de 1987.

HISTORIA DE UNA MUJER SIN NOMBRE.

Toda luna es atroz y todo sol amargo.
Arthur Rimbaud.

Como un pez, como un arco, como la muerte
En la escala de un sueño, ella, sin preguntarlo,
Giró hacia adentro, porque sabía que allí,
Entre restos de alfombras y recortes de prensa,
Estaba la respuesta que buscaba.

Nadie sabía su nombre, ni conocía su origen.
Quizás, por esas cosas difíciles de creer,
Fue por lo que llegamos a fabricarle un don imaginario.
En tanto, tropezamos con nuestras propias trampas,
Y el hallazgo jamás se hizo posible.

Hoy la veo, cubierta por los años,
Pero con el semblante
Y la mirada de una quinceañera.
Y no hago más que levantar las sombras,
Alborotar el fuego, o sacudir las redes
Con las que pretendían desterrarla.

Y me imagino el mundo y las tarántulas,
Corriendo bajo tierra,
O por la superficie de las aguas,
Conforme a los confines, donde saltan mareas,
Mangas de viento,
Hechas para arrancar las celosías;
O una partida ganada a contraluz,
Teniendo por delante un almacén de candelabros,
O mil antorchas,
Capaces de incendiar el firmamento.

Osiris no, esta vez,
Él ignoraba el dictamen de los dioses.
La profecía estaba en manos de la esfinge,
Y de un anciano,
Médico de faraones y hechicero del reino,
Durante más de cinco dinastías.

Ella sabía que todo era posible;
Que con la pluma de una garza real,
Dos varitas de mimbre,
Tres palmos de ceniza y un papiro,
Podía mover el mundo a sus antojos.

Esa fue la razón por la que vino,
Y aunque los cocodrilos tenían hambre,
Ninguno se movió,
La noche que se metió en el río,
Envuelta en una bata blanca,
Profundamente perfumada,
Con perfumes de Arabia,
Perlas de Doha
Y sobre los cabellos le crecían palmeras,
Cedros del Líbano, yerbas de los oasis.
Y hasta un nido de halcones le florecía en las cejas.

Era ella, lo sé, porque la vi desnuda.
Tenía su cuerpo metido en la aljofaina,
Como una espiga recién aparecida en el trigal
Y sus ojos de luz, tenían la expresión
De un mar de brasas, ribeteado de negro,
Donde de vez en vez,
Se descorría una sombra apocalíptica.

La flama y los augurios, el recuerdo vencido,
Y las palabras que repetían los muertos.
Esas eran las armas con las que contaban los profetas.
Los hechiceros y los duendes,
Remarcaban, sobre una gran pared recién pintada,
Los nombres más ilustres del lugar.

Pero cayó la noche
Y todo el firmamento quedó a oscuras.
Sólo se oía, en alguna ocasión,
Un trueno en la distancia.
Todos enmudecieron,
Las estrellas del cielo se apagaron
Y apareció la muerte en pañales.
Iba hacia donde ella la esperaba sentada,
Pintando una sonrisa para el anochecer;
Como si dibujara una aurora boreal,
O un amanecer de corazones.

Esa es la razón,
Por la que los nombres de los dioses
Quedaron grabados en una estela,
Bajo la sombra de una gran pirámide,
Que no ha sido descubierta todavía.

Pero hay otras razones que no digo.
Y no las digo, porque fueron cosas del amor,
Que es mejor no tocarlas,
Por si algún día despiertan,
Sigan vírgenes,
Como cuando fueron sepultadas.

La veo todos los días;
Algunas noches va y se acuesta conmigo.
Hacemos el amor bajo las sábanas,
Subiendo y bajando
Por entre los rescoldos de la tierra,
Por las quillas del viento,
O por la inmensidad del paraíso,
Donde toda sospecha es anulada.

Una noche me dijo que había quedado encinta.
Que tenía nueve meses naturales;
Los suficientes, para que una flor diera su fruto.
Palpé, indagué, busqué el fruto que anunciaba,
Pero no encontré nada,
Y nunca supe si lo que me decía era cierto.

Después salió volando
En una nube de espumas y hojarascas.
Se elevó, sobre el cielo, como un gran torbellino,
Y desapareció bajo la luz del sol un mediodía.

Cualquiera puede imaginar que esto es una fábula:
O que son invenciones de mi mente,
Que en medio de las noches solitarias,
Me da por fabular y hacer estas historias misteriosas,
Hasta que me descubran los psicólogos
Y me echen por vida a un manicomio.

Pero quiero que sepan los que lean esta historia,
Que pueden revisar mi testamento,
Donde dejo mis vienes, a una mujer sin nombre,
Para que lo reparta entre los suyos,
El día que el gallo del amor, cante tres veces.

HAZLO.

Hazlo verde en la copa.
Hazlo verde en el agua.
Hazlo azul en el viento.
Hazlo rojo en la tierra.
Hazlo negro en los sueños,
Entre sábanas blancas.
Hazlo que como te nazca;
Pero hazlo que vuele, que camine y que arda,
Con pies, manos y alas,
Con hélices, tendones y luces de bengalas.
Vigila, estate alerta;
Ensarta y desensarta,
La estación de los vientos,
Las crecidas del agua,
El vaivén de las olas que en la brisa se ensancha,
O el humo que se inserta en una nube lánguida,
Hasta que se deshace sin que sepamos nada.

Hazlo de coco y mango;
De limón y guayaba;
De azúcar y guanábana,
Con melismas y acentos,
Con voces y palabras,
Hasta que el higo verde, de la tierra madura,
Se nos haga rocío y moje tus pestañas.
Hasta que los ejércitos abandonen las armas,
Y hagan con los gatillos y los disparadores,
Un himno y una danza.

Espérame en la puerta,
Espérame en el río
Espérame en la calle
Espérame en la plaza.

Hazlo, no te arrepientas.
Hazlo como te hicieron,
Con dos pétalos blancos
Cuando despunte el alba
Y la luna menguante termine su jornada
Bajo el arco del cielo o encima de tu cama.

Hazlo por los nacidos
Hazlo para los muertos
Hazlo, para que sepan, que las cosas se hacen,
Aunque nadie comprenda ni una sola palabra.
ERÓTICA.

He construido mi casa en mitad de tu cuerpo.
El ombligo es el reino y más abajo,
Comienzan los enigmas.
Allí bajo a bañarme a esa región lacustre;
Allí saldo mis cuentas con mis ansias,
Con mis deseos y mi tormenta erótica.
Allí, como un reloj, marco las horas;
Largas horas sin tiempo que no terminan nunca,
O que jamás comienzan,
Porque nunca hay final en el deseo.

Vivo inserto en tu ombligo, donde tengo mi casa.
Navego como un pez sobre tu vientre
Y penetro en tu boca para acallar las voces
Y muerdo, tiernamente, tu cuello de gacela,
Y tus labios de pan queman mi boca.

Entro en tu pelo convertido en tormenta.
Me bebo el río de luz que hay en tus ojos
Y entro a la luz, para soñar contigo,
Entre las espirales y las cábalas.
Yo regreso a tu ombligo, es decir, a mi casa.
Donde tengo mi reino y mis demonios.

EPIGRAMA.

Qué lindo suena la palabra
DEMOCRACIA…
Es como si dijeras:
Demos, gracias.

DULCE Y TIERNA MUJER DE HIERRO Y MELODÍAS.
A Doralina, mi madre.

Dulce y tierna mujer, de hierro y melodías.
Tú que siempre has estado a la vanguardia,
Alzando tus retoños como la savia fértil de la tierra.
Desbrozando el sendero,
Para que no se quiebren tus deseos.

Hoy, bajo el mudo dictamen del silencio
Quiero cruzar los cielos y los mares,
Acuñarte en mis brazos
Como tú me acunaste en los tuyos.
Pero los hombres, madre, los falsos hombres,
Que habitan este mundo,
No dejan que tus manos y las mías
Entren en comunión como en los sueños.

Todos son imposibles.
Aquí y allá, los hombres te miran como a perros,
Te secuestran de facto, e intentan convencerte,
Que hay normas en la vida que no deben saltarse,
Aunque una madre enferma
Te esté diciendo adiós en la distancia.

Me gustaría poner en mi lugar
A esos hijos de madres…
Que cuando vas a ellos mostrando tus razones,
Te miran como a perros, ignorando tal vez,
Que a lo mejor mañana
Sean ellos lo que toquen a tu puerta,
Para relatarte su infortunio.

Madre, que lejos estás ahora,
En este instante minúsculo del día.
He abierto las ventanas y las puertas;
He levantado un poco las paredes,
He achicado también el horizonte,
La niebla del camino,
Los párpados del día y de la noche.
Y he comenzado a hilar con mis agujas
Las ternas frías de este exilio de sombras.

Pero a los hombres, madre,
No les importa el dolor ajeno.
Viven en la mentira y en el lodo,
Del miedo que provoca la verdadera libertad;
La que tú me enseñaste el día que me dijiste:
“Respeta y ama a tus semejantes,
No entres en política.
Sal de la algarabía
De los que buscan a Dios en las iglesias,
Y se olvidan del hambre y la pobreza
O del dolor, que hoy bien puede ser mío,
Mañana tuyo.
No culpes ni perdones que eso es cosa de Dios.
Záfate los miedos que haya en ti,
Sé fiel a tus ideas y, sobre todas las cosas,
Hijo mío, no te quedes dormido frente al mundo.
Que una vez te despiertes comprenderás,
Que tú y el Universo son una misma cosa;
Como un soplo de mar, como una idea”.

Bueno, ya te conozco y me conoces,
Tu hechura es la mía.
Quizás, por eso, es por lo que me duele tanto tu dolor.
Porque siento esta ausencia como una pesadilla,
De la que quiero despertar, pero no puedo.

Ahora madre,
Dulce y tierna mujer de hierro y melodías,
Quiero invocar a Dios, si tú me lo permites,
Para que una tus sueños y los míos.

CASIDA PARA ELLA.

Podo el viento y me quedo con su siembra.
Con esta miel fabrico la colmena.
Me desnudo en tu alcoba, te desnudas;
La danza del océano es la marea.

Vuelvo donde quedamos; te acaricio.
Hago hilos de aromas y cordeles.
Duplico los deseos sobre las hojas,
Y me quedo con ella bajo el agua.

Busco la perfección en lo imperfecto.
Rompo todas las piedras del camino;
Escarbo en los sonidos y en las sombras.

Reinvento al hombre, con huesos de la tierra.
Recorto aquí y allá, me quedo y vuelvo;
Como un ajiaco, en la sartén del viento.

ANTONOMASIA.

Me culpo de ser palabra.
Me culpo de ser silencio.
Me culpo de todo aquello,
Que amordaza mis deseos.

Me alargo y me quedo corto.
Me acorto y me quedo largo.
Me amargo y me vuelvo dulce.
Me endulzo y me vuelvo amargo.

Me columpio y me detienen.
Me detengo y me columpian.
Soy un objeto del tiempo.

Soy silencio y me hago bulla
Y cuando me vuelvo bulla;
Entonces es cuando callo.

AMODIO.

Te imaginas que ahora
No sean posibles las calles ni los parques.
Que el día se comporte como...
Y salgan de imprevisto de una región a otra
El dictamen y los sucesos,
Que van a través del aire y de los cables subterráneos.

Te imaginas que ahora
Te llamen con un pitazo desde la esquina.
Y se confundan el pitazo del amolador de tijeras,
Con el del vendedor de rosas
Y el muchacho travieso,
Con el pitazo imperativo y sugestivo del policía.

Te imaginas que ya no puedas soñar a piernas sueltas.
Que las parejas acarameladas,
Al filo de la noche,
Tengan que quedarse en el deseo
Y dejen todo a un lado para irse a otra parte.

Te imaginas que todos los colmillos
Se te claven de pronto en la garganta.
Que tengas que zafarte los caminos.
Que andes lejos en ti mismo.
Que flotes, a la intemperie,
Como un bosque de cedros.
Que se te cierre el puño
En una pesadilla repentina,
Como un canal que pasa despacito por tus venas.

Te imaginas que el tiempo se permute como un objeto.
Que no haya luz ni oscuridad;
Días, ni noches.
Que repentinamente te hagas estático
Y no seas una estatua.
Que las estatuas pasen frente a ti,
Y se rían de ti,
Y tú las mires indefenso;
Insensible a lo que está pasando a tu alrededor.

Te imaginas que dejes de comer y de dormir.
Que únicamente sepas amar,
Pero que nadie te haga caso.
Que viajes a lugares desconocidos.
Que veas las cosas en su ritmo, en su tiempo,
Y únicamente puedas captar, sutilmente,
El sonido de las guitarras.

Te imaginas que las personas hablen de ti,
Se rían de ti...
Que celebren incluso,
Tu desaparición y tu caída,
El olvido al que todos estamos condenados.

Te imaginas que el mundo de pronto deje de serlo
Y haya que empezar por el comienzo
Y tú seas, el único indicado,
para decir como se hace...

JUDIT.
Judit,
hoy el mar está triste.
Está deforme y hondo
frente al abismo cruel de la distancia.
La noche está vacía;
en el muro se hicieron pedazos los diafragmas
Y el mar,
ha estado gris,
toda esta tarde.

Judit,
seguramente las aves no han volado
en torno a tu cabeza como ayer.
No has sentido el aliento de la lluvia,
el rumor de las olas,
que atraviesan el golfo enternecidas:
no hemos sabido nada
y la noche ulula en los cristales de mi puerta
como un perro furioso de angustias soterradas.

El mar,
Judit;
tiene un rostro de tímido ermitaño
y aquella luz,
con la que jugamos tantas veces,
se marchado de pronto
sin nosotros saberlo.

Hoy el mar está triste.
Quizás estemos por debajo
del susto de sus aguas
y los ojos no queden sumergidos
y no sepamos el motivo de sus penas.
Hoy el mar está triste.
Tú no lo puedes ver;
Ni yo tampoco.

EPIGRAMA.

La noche tiene cuerpo de mujer
Mientras tú duermes;
Después,
Cuando despiertas,
Tú eres la mujer
Y la noche es el sueño.