lunes, 25 de febrero de 2013

Texto Ogsmande Lescayllers.

LOS CUBANOS SÍ TENEMOS VOZ PROPIA, SEÑOR OBAMA.

Por Ogsmande Lescayllers.

Soy cubano y tengo voz propia, señor Obama, Cumpla su palabra, tienda su mano prometida a Cuba y déjese de demagogias.

Son los cubanos, ellos y no otros, los que tienen que decidir cómo y quienes les gobiernan, sin la intromisión de segundos países, como hacen los norteamericanos.

En sus manos está quitar de una vez y por toda el criminal e inhumanos Bloqueo Económico, Comercial, Financiero y Mercantil que los Estados Unidos, país del cual usted es presidente, ha impuesto unilateralmente, sin consultar al pueblo cubano y contra la opinión mundial, violando todas las normas del Derecho Internacional, ajenos a las más elementales normas de la ética y a la dignidad humana.

Usted, señor Obama, Premio Nobel de la paz, es responsable de los campos de torturas en la base naval de la Bahía de Guantánamo, de usted depende eliminar esas prácticas vejatorias y entregarle ese territorio a sus verdaderos dueños, el pueblo cubano.

Si usted en vez de elogiar a blogueros incultos y “periodistas” que solapadamente le sirven de mercenarios a los funcionarios de la Oficina de Intereses de los EE.UU en La Habana, que venden sus conciencias al convertirse en instrumentos de la propaganda, sin ir a la raíz de las cosas, y a espaldas de la ciudadanía dicen quizás, una verdad entre miles de mentiras, y mirara con ojos de futuro y sentido de estadista los logros en sanidad, educación, cultura, deporte y otras áreas en la que trabajan y construyen los cubanos que luchan por su patria, sin entrar al trapo sucio de la politiquería, quizás entonces, señor Obama, su corazón de hombre se haría más grande y generoso, no sólo por lo que significa el Nobel, sino por su visión de estadista universal.

¿Se da cuenta de cómo los cubanos hablamos con voz propia? Haga usted lo mismo y quítese las trabas impuestas por los cubanos-americanos que les obligan a mantener sobre sus hermanos cubanos en la isla, medidas tan criminales como el bloqueo y otras más emanadas de su errática política hacia la isla.

Indigna la torpeza y el monitoreo de un estado contra otra. Indigna que estando un pueblo por medio los gobernantes de uno y otro lado anden como comadrejas sacándose sus vergüenzas a plena luz del día o que en vez de preparar un escenario para la paz, armen sus cuadriláteros como si fueran boxeadores para medirse a puñetazos. Nada más saludable ni mejor escenario para la paz que la paz misma.

Basta ya, Estados Unidos y Cuba están condenados a entenderse, porque la naturaleza los ha puesto uno al lado del otro para convivir en paz y armonía, no para permanecer sempiternamente en una guerra que no nos lleva a ninguna parte y que deja mucho que decir de nuestra condición de hombres civilizados y estadistas.

Cuba jamás ha agredido a Estado Unidos. Cuba nunca ha soñado anexarse ni una pulgada de tierra de su país, señor Obama, sin embargo, desde siempre, los Estados Unidos de Norteamérica ha buscado algún pretexto para apoderarse de nuestro sin igual archipiélago, ya sea por una razón u otra. Piense en eso ilustrísimo presidente.

Siéntese y hable con los gobernantes de Cuba demuestre su condición de Premio Nobel de la Paz y que usted y su gobierno tienen voluntad, no sólo de dejar que los cubanos tenga voz propia, sino que usted y el pueblo americano como seres civilizados que son, gozan de humanidad y en cualquier parte de la tierra respetan el derecho ajeno, la convivencia pacífica de otras naciones, sin importarles qué tiempo de gobierno han elegido ni qué creencias religiosas profesan.

Por favor, haga suyo, o al menos déjenos a nosotros hacerlo nuestro, aquel pensamiento del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez, cuando dijo, “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Sabemos que a usted no le es fácil lograrla en su país, pero permítanos que nosotros con nuestras estrecheces y limitaciones intentemos construirla.

Voz propia no tienen aquellos que haciéndose pasar por periodistas o disidentes, a cambio de unos cuantos dólares les hacen el juego a los enemigos de la patria y otros que, creyéndose en posesión de la verdad, dicen defender la revolución y se erigen contra sus principios.

¿No cree usted señor Obama que un minuto de diálogo abierto y franco vale más que un siglo de guerra? ¿No cree usted que es más hermosa y fructífera la amistad que la discordia? ¿No cree usted que Estados Unidos y Cuba unidas, como naciones libres e independientes, aportan más al mundo que en esta zozobra en la que viven? ¿A qué puede temer señor Obama, la mayor potencia económica y militar del mundo a una islita a la que ustedes y no otros, como a veces se piensa, han condenado a vivir en la pobreza y sobrevivir a todo tipo de calamidades, aferrada sólo a su orgullo de nación y a su cultura?

Antes de ofrecerse a extender su mano a las autoridades cubanas, presidente Obama, abra sus ojos y despeje su entendimiento, libere su corazón de todas las pesadillas que les opriman y ponga manos a la obra, con la mirada puesta en el futuro. El pueblo norteamericano lo desea y los cubanos se lo agradeceremos, porque no existe mejor señuelo para unir y hermanar a los pueblos que el diálogo y la paz.