sábado, 2 de marzo de 2013

Texto de Ogsmande Lescayllers, Analista Político.

    




 LOS CAMBIOS EN CUBA.
Por Ogsmande Lescayllers.
      Analista político.

En política los tiempos tienen su valor y su peso específico. Los cambios no se dan simplemente por cambiar, sino cuando corresponde hacerlos. No olvidemos que la política parte de un entramado de ideas y acciones todas ellas encaminadas a un fin o a un proyecto de partido. En Cuba, donde los políticos tienen menos desgastes, al no estar expuestos a la mecánica individual, sino el colectivo, los cambios suelen hacerse en tiempos verdaderamente largos, ese desgaste se produce fundamentalmente por la edad biológica de los dirigentes y no por el vacío de las ideas, que no están en mano de una persona, sino en la base de la organización.
Los cambios realizados por el presidente Raúl Castro de momento parecen eficaces, aunque no lo veo así con respecto al nuevo presidente del Parlamento Cubano Esteban Lazo Hernández. En mi modesta opinión ese puesto debía estar representado por un legislador joven, de los tantos que hay en la isla, que esté en sintonía con el Vicepresidente Primero, Miguel Días-Canel y el actual canciller Bruno Rodríguez Parrilla. Ese trío sería de gran apoyo para el presidente, en cuanto al fluir de las nuevas ideas y las líneas de actuaciones que han de llevarse adelante en el país. Lazo puede que sea un buen político y excelente militante, pero en estos tiempos de cambios serios, serenos y profundos, en los que está enfrascado el país, lo que se necesita para el bien de la Nación, es la presencia de un buen legislador a la cabeza de la Asamblea del Pueblo. No olvidemos que es ahí, y no en otra parte, donde radica el Poder Popular, el alma de la Nación Cubana.
Los cambios que se están operando a nivel mundial, tanto en lo ideológico, como en la esfera económica, mercantil, financiera y, sobre todo, en el orden social, requieren de los gobiernos y parlamentos nacionales la presencia de hombres serios, cultos y capaces, que solucionen las ingentes demandas de la población mundial. Los gobiernos debían seleccionar a personas, no ya solo a fin a su ideología, sino a tecnócratas capaces de solucionar problemas estratégicos, porque la crisis de valores que estamos viviendo no se resuelve con discursos ni con recetas mágicas, sino con trabajo. Y ha de ser, la relación trabajador-empresa, uno de los valores donde más y mayor empeño se ponga.
Si algo tiene Cuba por encima de cualquier otro país del mundo es mano de obra calificada. Si algo tienen los cubanos, por encima de otras naciones del mundo, es deseo de hacer y progresar. Esta es, y no otra, en ara de medir los tiempos políticos y las condiciones históricas materiales, la hora de Cuba. Sería una pena dejar pasar este momento, porque como nos a anunció nuestro José Martí: “Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz”.
Quienes quieran seguir en la oscuridad o viviendo en las penumbras que se hagan a un lado. El sol que pasa sobre la isla jamás ha desviado su trayecto. Es el momento de convertir nuestros sueños en soles y que sea la luz quien nos presida.
También es la hora y creo que el momento idóneo, para que los cubanos de uno y otro lado, de una y otra ideología, nos pongamos de acuerdo por el bien de la Nación, porque si queremos patria tendremos que construirla todos juntos, sin mediación interesada de segundas o terceras naciones. Porque el triunfo de Cuba es para los cubanos, por encima de credos religiosos, ideologías, filiación política, raza o cualquier otro tipo de interés.
No es llorando nuestras feas miserias por países ajenos, ni denigrando a nuestros dirigentes en escenarios fueras de los nuestros, como vamos a resolver los problemas que nos aquejan. La acción, por más dolorosa e incómoda que esta sea, ha de hacerse desde la tierra, con ánimos de construir y unir, no de rivalizar.
Para los ideólogos y críticos que piensan que los cambios en Cuba no pasan de ser un mero maquillaje, les preguntaría si ellos han sido capaces, al menos de hacer ese tipo de acción, porque hasta donde sé, jamás dan su brazo a torcer y un necio, esté donde esté, nunca dejará de serlo por más adornos que le pongan.
“Los pinos nuevos”, son los llamados a construir la patria nueva, sin desechar el tronco viejo que extendió sus ramas para cobijarlos.