sábado, 13 de marzo de 2010

TEXTO Ogsmande Lescayllers.


CONCORDANCIAS.

Cuando hago el amor,
La tierra se echa boca arriba;
El mar se pone irreverente
Y el cielo nos cobija.

Estas tres cosas grandes,
Se alegran de que yo cohabite y sienta.

Cuando hago el amor,
Amada mía,
El mundo es una fiesta
Entre mis piernas.




domingo, 21 de febrero de 2010

POEMAS DE AMOR. TEXTOS DE OGSMANDE LESCAYLLERS.












ALEJANDRA.
para Alejandra Esguerra.
Todo ángel es terreble.
Rainier María Rilke.
Alejandra, no es ella.
Es un susto arrancado de las sombras;
Omnipresente a veces,
Y otras espiritual como la lluvia.

No es fácil encontrarla.
Ella viene saliendo de la tierra,
Trae de sandalias el viento
Y por risa las piedras de Santiago.

Si le pedimos fuego,
Del recuerdo que trae de la montaña,
Saca un par de fogatas,
De madera maciza y luz verde
Y enciende la ciudad con un latido.

Si le pedimos agua,
Abre sus ojos claros
Y empieza a lloviznar sobre Santiago.

Y si el tiempo es de música
Y buscamos un romance en la yerba;
Alejandra, abre la boca, canta,
Y llena el universo con su canto.

Alejandra, no es ella.
Es un susto arrancado de las sombras;
Irritan los relámpagos de mayo
Y Alejandra amanece sobre el mar,
Tejiendo el mundo.

Hay un rito en las hojas,
Que Alejandra desteje con sus manos
Y el viento enfurecido,
Le declara la guerra a las hormigas,
Y Alejandra se va,
Y vuelve por la noche con la brisa.

En la playa, el coral
Espero su regreso
Para hacerle una fábula en su pelo.
¿Una fábula dije?
Porque Santiago duerme
Y Alejandra se ha ido con los duendes.

TERNAS LÍRICAS.

Luz, sierva de mis antojos,
Ajuar de mis sentimientos.
Hacia el naciente transitas,
Tierna luz, de mis deseos.

Aguas incontaminadas
Que remansan mis recuerdos,
Fiesta de mis pensamientos,
Senda que forma mis sueños.

La fina estela del río
Moja de luz mis recuerdos
Y hace canciones del soplo;
Hojas nuevas, frutos secos.
¿En qué punto de este dársena
He dejado mis arreos?
¿En qué región de la cábala
Se hace el aguado convexo?

Son tejidos mis amores.
Por que si tejiendo vengo,
Amores como estos lances,
En las crestas de los cerros,
No hay espina en esta casa,
Y entre silencios y arpegios,
De aguamanil y kiriales
De runas, rumbos y acechos.

Enrumbo los colorines,
El panal y los destellos
Y con la orquesta del viento
Encomparso mis deseos.

Y me quedo salmodiando
Mis versos de amor al viento.

YOHAIRA.
“ El que no ha visto la tristeza,
Nunca conocerá la alegría”.


Por ahí va Yohaira,
Anunciando el día con sus ojos.
Yo la estuve esperando
Frente a la puerta azul del colegio moravo,
Pero el torrente derramó su candor
Y se bebió mi calma.

Por las calles sin nombres
De la ciudad de Bluefields,
La gente va mascando sus manías.
Hablan en varias lenguas,
Pero sólo se entienden cuando piden pan.

En aquel campo azul,
Del que vine cargado de recuerdos,
Yo conocí a Yohaira
Y el origen más cruel,
De la miseria.
Bluefields, Nicaragua, julio de 1987.

HISTORIA DE UNA MUJER SIN NOMBRE.

Toda luna es atroz y todo sol amargo.
Arthur Rimbaud.

Como un pez, como un arco, como la muerte
En la escala de un sueño, ella, sin preguntarlo,
Giró hacia adentro, porque sabía que allí,
Entre restos de alfombras y recortes de prensa,
Estaba la respuesta que buscaba.

Nadie sabía su nombre, ni conocía su origen.
Quizás, por esas cosas difíciles de creer,
Fue por lo que llegamos a fabricarle un don imaginario.
En tanto, tropezamos con nuestras propias trampas,
Y el hallazgo jamás se hizo posible.

Hoy la veo, cubierta por los años,
Pero con el semblante
Y la mirada de una quinceañera.
Y no hago más que levantar las sombras,
Alborotar el fuego, o sacudir las redes
Con las que pretendían desterrarla.

Y me imagino el mundo y las tarántulas,
Corriendo bajo tierra,
O por la superficie de las aguas,
Conforme a los confines, donde saltan mareas,
Mangas de viento,
Hechas para arrancar las celosías;
O una partida ganada a contraluz,
Teniendo por delante un almacén de candelabros,
O mil antorchas,
Capaces de incendiar el firmamento.

Osiris no, esta vez,
Él ignoraba el dictamen de los dioses.
La profecía estaba en manos de la esfinge,
Y de un anciano,
Médico de faraones y hechicero del reino,
Durante más de cinco dinastías.

Ella sabía que todo era posible;
Que con la pluma de una garza real,
Dos varitas de mimbre,
Tres palmos de ceniza y un papiro,
Podía mover el mundo a sus antojos.

Esa fue la razón por la que vino,
Y aunque los cocodrilos tenían hambre,
Ninguno se movió,
La noche que se metió en el río,
Envuelta en una bata blanca,
Profundamente perfumada,
Con perfumes de Arabia,
Perlas de Doha
Y sobre los cabellos le crecían palmeras,
Cedros del Líbano, yerbas de los oasis.
Y hasta un nido de halcones le florecía en las cejas.

Era ella, lo sé, porque la vi desnuda.
Tenía su cuerpo metido en la aljofaina,
Como una espiga recién aparecida en el trigal
Y sus ojos de luz, tenían la expresión
De un mar de brasas, ribeteado de negro,
Donde de vez en vez,
Se descorría una sombra apocalíptica.

La flama y los augurios, el recuerdo vencido,
Y las palabras que repetían los muertos.
Esas eran las armas con las que contaban los profetas.
Los hechiceros y los duendes,
Remarcaban, sobre una gran pared recién pintada,
Los nombres más ilustres del lugar.

Pero cayó la noche
Y todo el firmamento quedó a oscuras.
Sólo se oía, en alguna ocasión,
Un trueno en la distancia.
Todos enmudecieron,
Las estrellas del cielo se apagaron
Y apareció la muerte en pañales.
Iba hacia donde ella la esperaba sentada,
Pintando una sonrisa para el anochecer;
Como si dibujara una aurora boreal,
O un amanecer de corazones.

Esa es la razón,
Por la que los nombres de los dioses
Quedaron grabados en una estela,
Bajo la sombra de una gran pirámide,
Que no ha sido descubierta todavía.

Pero hay otras razones que no digo.
Y no las digo, porque fueron cosas del amor,
Que es mejor no tocarlas,
Por si algún día despiertan,
Sigan vírgenes,
Como cuando fueron sepultadas.

La veo todos los días;
Algunas noches va y se acuesta conmigo.
Hacemos el amor bajo las sábanas,
Subiendo y bajando
Por entre los rescoldos de la tierra,
Por las quillas del viento,
O por la inmensidad del paraíso,
Donde toda sospecha es anulada.

Una noche me dijo que había quedado encinta.
Que tenía nueve meses naturales;
Los suficientes, para que una flor diera su fruto.
Palpé, indagué, busqué el fruto que anunciaba,
Pero no encontré nada,
Y nunca supe si lo que me decía era cierto.

Después salió volando
En una nube de espumas y hojarascas.
Se elevó, sobre el cielo, como un gran torbellino,
Y desapareció bajo la luz del sol un mediodía.

Cualquiera puede imaginar que esto es una fábula:
O que son invenciones de mi mente,
Que en medio de las noches solitarias,
Me da por fabular y hacer estas historias misteriosas,
Hasta que me descubran los psicólogos
Y me echen por vida a un manicomio.

Pero quiero que sepan los que lean esta historia,
Que pueden revisar mi testamento,
Donde dejo mis vienes, a una mujer sin nombre,
Para que lo reparta entre los suyos,
El día que el gallo del amor, cante tres veces.

HAZLO.

Hazlo verde en la copa.
Hazlo verde en el agua.
Hazlo azul en el viento.
Hazlo rojo en la tierra.
Hazlo negro en los sueños,
Entre sábanas blancas.
Hazlo que como te nazca;
Pero hazlo que vuele, que camine y que arda,
Con pies, manos y alas,
Con hélices, tendones y luces de bengalas.
Vigila, estate alerta;
Ensarta y desensarta,
La estación de los vientos,
Las crecidas del agua,
El vaivén de las olas que en la brisa se ensancha,
O el humo que se inserta en una nube lánguida,
Hasta que se deshace sin que sepamos nada.

Hazlo de coco y mango;
De limón y guayaba;
De azúcar y guanábana,
Con melismas y acentos,
Con voces y palabras,
Hasta que el higo verde, de la tierra madura,
Se nos haga rocío y moje tus pestañas.
Hasta que los ejércitos abandonen las armas,
Y hagan con los gatillos y los disparadores,
Un himno y una danza.

Espérame en la puerta,
Espérame en el río
Espérame en la calle
Espérame en la plaza.

Hazlo, no te arrepientas.
Hazlo como te hicieron,
Con dos pétalos blancos
Cuando despunte el alba
Y la luna menguante termine su jornada
Bajo el arco del cielo o encima de tu cama.

Hazlo por los nacidos
Hazlo para los muertos
Hazlo, para que sepan, que las cosas se hacen,
Aunque nadie comprenda ni una sola palabra.
ERÓTICA.

He construido mi casa en mitad de tu cuerpo.
El ombligo es el reino y más abajo,
Comienzan los enigmas.
Allí bajo a bañarme a esa región lacustre;
Allí saldo mis cuentas con mis ansias,
Con mis deseos y mi tormenta erótica.
Allí, como un reloj, marco las horas;
Largas horas sin tiempo que no terminan nunca,
O que jamás comienzan,
Porque nunca hay final en el deseo.

Vivo inserto en tu ombligo, donde tengo mi casa.
Navego como un pez sobre tu vientre
Y penetro en tu boca para acallar las voces
Y muerdo, tiernamente, tu cuello de gacela,
Y tus labios de pan queman mi boca.

Entro en tu pelo convertido en tormenta.
Me bebo el río de luz que hay en tus ojos
Y entro a la luz, para soñar contigo,
Entre las espirales y las cábalas.
Yo regreso a tu ombligo, es decir, a mi casa.
Donde tengo mi reino y mis demonios.

EPIGRAMA.

Qué lindo suena la palabra
DEMOCRACIA…
Es como si dijeras:
Demos, gracias.

DULCE Y TIERNA MUJER DE HIERRO Y MELODÍAS.
A Doralina, mi madre.

Dulce y tierna mujer, de hierro y melodías.
Tú que siempre has estado a la vanguardia,
Alzando tus retoños como la savia fértil de la tierra.
Desbrozando el sendero,
Para que no se quiebren tus deseos.

Hoy, bajo el mudo dictamen del silencio
Quiero cruzar los cielos y los mares,
Acuñarte en mis brazos
Como tú me acunaste en los tuyos.
Pero los hombres, madre, los falsos hombres,
Que habitan este mundo,
No dejan que tus manos y las mías
Entren en comunión como en los sueños.

Todos son imposibles.
Aquí y allá, los hombres te miran como a perros,
Te secuestran de facto, e intentan convencerte,
Que hay normas en la vida que no deben saltarse,
Aunque una madre enferma
Te esté diciendo adiós en la distancia.

Me gustaría poner en mi lugar
A esos hijos de madres…
Que cuando vas a ellos mostrando tus razones,
Te miran como a perros, ignorando tal vez,
Que a lo mejor mañana
Sean ellos lo que toquen a tu puerta,
Para relatarte su infortunio.

Madre, que lejos estás ahora,
En este instante minúsculo del día.
He abierto las ventanas y las puertas;
He levantado un poco las paredes,
He achicado también el horizonte,
La niebla del camino,
Los párpados del día y de la noche.
Y he comenzado a hilar con mis agujas
Las ternas frías de este exilio de sombras.

Pero a los hombres, madre,
No les importa el dolor ajeno.
Viven en la mentira y en el lodo,
Del miedo que provoca la verdadera libertad;
La que tú me enseñaste el día que me dijiste:
“Respeta y ama a tus semejantes,
No entres en política.
Sal de la algarabía
De los que buscan a Dios en las iglesias,
Y se olvidan del hambre y la pobreza
O del dolor, que hoy bien puede ser mío,
Mañana tuyo.
No culpes ni perdones que eso es cosa de Dios.
Záfate los miedos que haya en ti,
Sé fiel a tus ideas y, sobre todas las cosas,
Hijo mío, no te quedes dormido frente al mundo.
Que una vez te despiertes comprenderás,
Que tú y el Universo son una misma cosa;
Como un soplo de mar, como una idea”.

Bueno, ya te conozco y me conoces,
Tu hechura es la mía.
Quizás, por eso, es por lo que me duele tanto tu dolor.
Porque siento esta ausencia como una pesadilla,
De la que quiero despertar, pero no puedo.

Ahora madre,
Dulce y tierna mujer de hierro y melodías,
Quiero invocar a Dios, si tú me lo permites,
Para que una tus sueños y los míos.

CASIDA PARA ELLA.

Podo el viento y me quedo con su siembra.
Con esta miel fabrico la colmena.
Me desnudo en tu alcoba, te desnudas;
La danza del océano es la marea.

Vuelvo donde quedamos; te acaricio.
Hago hilos de aromas y cordeles.
Duplico los deseos sobre las hojas,
Y me quedo con ella bajo el agua.

Busco la perfección en lo imperfecto.
Rompo todas las piedras del camino;
Escarbo en los sonidos y en las sombras.

Reinvento al hombre, con huesos de la tierra.
Recorto aquí y allá, me quedo y vuelvo;
Como un ajiaco, en la sartén del viento.

ANTONOMASIA.

Me culpo de ser palabra.
Me culpo de ser silencio.
Me culpo de todo aquello,
Que amordaza mis deseos.

Me alargo y me quedo corto.
Me acorto y me quedo largo.
Me amargo y me vuelvo dulce.
Me endulzo y me vuelvo amargo.

Me columpio y me detienen.
Me detengo y me columpian.
Soy un objeto del tiempo.

Soy silencio y me hago bulla
Y cuando me vuelvo bulla;
Entonces es cuando callo.

AMODIO.

Te imaginas que ahora
No sean posibles las calles ni los parques.
Que el día se comporte como...
Y salgan de imprevisto de una región a otra
El dictamen y los sucesos,
Que van a través del aire y de los cables subterráneos.

Te imaginas que ahora
Te llamen con un pitazo desde la esquina.
Y se confundan el pitazo del amolador de tijeras,
Con el del vendedor de rosas
Y el muchacho travieso,
Con el pitazo imperativo y sugestivo del policía.

Te imaginas que ya no puedas soñar a piernas sueltas.
Que las parejas acarameladas,
Al filo de la noche,
Tengan que quedarse en el deseo
Y dejen todo a un lado para irse a otra parte.

Te imaginas que todos los colmillos
Se te claven de pronto en la garganta.
Que tengas que zafarte los caminos.
Que andes lejos en ti mismo.
Que flotes, a la intemperie,
Como un bosque de cedros.
Que se te cierre el puño
En una pesadilla repentina,
Como un canal que pasa despacito por tus venas.

Te imaginas que el tiempo se permute como un objeto.
Que no haya luz ni oscuridad;
Días, ni noches.
Que repentinamente te hagas estático
Y no seas una estatua.
Que las estatuas pasen frente a ti,
Y se rían de ti,
Y tú las mires indefenso;
Insensible a lo que está pasando a tu alrededor.

Te imaginas que dejes de comer y de dormir.
Que únicamente sepas amar,
Pero que nadie te haga caso.
Que viajes a lugares desconocidos.
Que veas las cosas en su ritmo, en su tiempo,
Y únicamente puedas captar, sutilmente,
El sonido de las guitarras.

Te imaginas que las personas hablen de ti,
Se rían de ti...
Que celebren incluso,
Tu desaparición y tu caída,
El olvido al que todos estamos condenados.

Te imaginas que el mundo de pronto deje de serlo
Y haya que empezar por el comienzo
Y tú seas, el único indicado,
para decir como se hace...

JUDIT.
Judit,
hoy el mar está triste.
Está deforme y hondo
frente al abismo cruel de la distancia.
La noche está vacía;
en el muro se hicieron pedazos los diafragmas
Y el mar,
ha estado gris,
toda esta tarde.

Judit,
seguramente las aves no han volado
en torno a tu cabeza como ayer.
No has sentido el aliento de la lluvia,
el rumor de las olas,
que atraviesan el golfo enternecidas:
no hemos sabido nada
y la noche ulula en los cristales de mi puerta
como un perro furioso de angustias soterradas.

El mar,
Judit;
tiene un rostro de tímido ermitaño
y aquella luz,
con la que jugamos tantas veces,
se marchado de pronto
sin nosotros saberlo.

Hoy el mar está triste.
Quizás estemos por debajo
del susto de sus aguas
y los ojos no queden sumergidos
y no sepamos el motivo de sus penas.
Hoy el mar está triste.
Tú no lo puedes ver;
Ni yo tampoco.

EPIGRAMA.

La noche tiene cuerpo de mujer
Mientras tú duermes;
Después,
Cuando despiertas,
Tú eres la mujer
Y la noche es el sueño.







lunes, 4 de enero de 2010

Poema La Parábola, de Ogsmande Lescayllers.
























LA PARÁBOLA.
Omnes una manet nox.
HORACIO.
I
Desatasco el tiempo y sus plomadas
en hondos pormenores derretidos
en la huella que el tiempo pone al fuego;
en la hendidura donde anidan cuervos,
para volver después, como volando,
a las profundas retinas del naciente.
Así es la ley, y nadie la detiene.
II
Ceñida al sol la cúpula se abre.
Retorna al paso ciego de la vida,
donde se erigen torres de cristales
que surgen de la tierra como hongos:
y sin embargo, sus huellas representan
la subida del hombre a los altares,
hasta que el tiempo equilibre la balanza.
III
Por dentro el fuego, y detrás las sombras.
Una colonia de ángeles clonados
enfilan en oleadas sucesivas,
del eco a la expresión y, como siempre,
cuando empieza a dolernos la existencia,
ya es tarde para todos; todo acaba,
como un gran cataclismo programado.
IV
La ingesta vida se instala en el entorno
como la ausencia que apenas se nomina
al no tener espacio ni argumento,
para entrar en la escala sucesoria
y ahí se queda, sentada en el vacío,
lívida, como una luz de invierno,
que anida en las escamas de los vientos.
V
Todo lo imaginado se hace real.
Toda intuición aumenta su tamaño
cuando entra al festín de las ideas,
para hacerse animal de carne y huesos,
en esta estancia de signos numerarios
donde pierden alturas los conceptos,
la sal se vuelve espuma, sombra y agua.
VI
Manías del ser, insípidas palabras,
que engordan el sentido y la apariencia
de las bestias, los hombres y los dioses.
Del delirio feroz que entrampa el aire,
en la deriva que envuelve los espectros
que te llevan a ciegas por el mundo,
bogando sobre un mar de arena y piedras.
VII
Difícil es entrar, si la espada es el cuerpo del delito.
En una misma trampa dos cabestros,
indemne frente al sol, suben al cielo
y mueven las estrellas y los astros
y las constelaciones se emancipan,
en un cielo sin fondo; donde todo parece que palpita,
mas, nadie sabe, que ocurre al otro lado de la fronda.
VIII
Caín delira y nadie se lamenta.
¡Pobre Caín, pastor abandonado!
Porque su sed lo hizo ser culpable,
en tanto Abel, que caminaba en puntas;
quedó sin culpas, cumplido e inocente.
Mientras tú, por no saber guardarte,
arrastras las cadenas del martirio.
IX
De tarde en tarde, debían todos los hombres,
mirarse los instintos y apagarse,
para incubar, fulgores de ternura,
selvas de amores, nidos de paciencia;
para poner allí, donde el dolor se agolpa,
la luz fundacional del pensamiento,
sin que nada se quiebre en nuestras almas.
X
Pero el camino en tanto se te rompe,
deja de ser camino y se hace abismo.
De puerta adentro, las cosas van a oscuras
y cuando avanzas en pos de las tinieblas,
oyes ladrar los perros y, la confianza,
se quiebra como un plato acristalado,
que ya cumplió su hora en las hornillas.
XI
El mundo, tan hermoso y nos espanta.
La vida, tan doblemente bella,
nos dura un soplo y jamás la entendemos.
La dicha, tan así, se nos escapa,
y nunca la sostienes en tus brazos.
Sin embargo, estas cosas nos persiguen,
desde el nacimiento hasta la muerte.
XII
Sé que el aire desfila detrás de mi sombrero.
Que mi sombra me sigue a todos lados.
Que mi nombre es parte de mi esencia.
que yo no sé quien soy, pero que existo;
en tanto, vivo, pienso, siento y sueño,
como todos los seres, de este mundo,
que un día partiremos a otra estancia.
XIII
El fin de todo, siempre es el comienzo,
de otro instante que inicia su carrera,
sin percatarse, que comenzó muriendo,
bajo los arcos y las emanaciones,
en la indefinición de lo finito,
que al reflectarse vuelve y se hace otro,
en las aguas del mar de la existencia.
XIV
Y después del final, nos desterramos:
mudos, ciegos, vacíos, inconfesos,
hasta cruzar como las telarañas,
de una rama a otra sin mostrarnos,
a los ojos del hombres, ni a las luces,
sino a la oscuridad, donde se duermen,
el olvido, la muerte y el silencio.
XV
Fuga frontal, ofrece la parábola,
cuando los fundamentos se fermentan,
como si la fisura que los une,
se fugara de todo lo esperado,
en ese día impar, cuando te quedas,
convertido en panal, en las palabras,
que se hacen parábolas de vientos.
























martes, 22 de diciembre de 2009

Fotos y texto Ogmande Lescayllers.( tarja Plaza del Himno Nacional, Bayamo, Cuba, Venecia, Italia)




































SECUENCIAS.

En lunes llega el día y todos al trabajo.
En lunes, como siempre, una vez por semana
se mueven los objetos,
caminamos en líneas
para entrar donde el tiempo nos precede.
Retornamos a casa,
pasadas las seis de la tarde.
La vida retrocede,
bajo el concubinato de las sombras.

En lunes, todo es movimiento,
todo va en apariencias,
aunque a veces,
nos concuerden los pasos.

En martes,
el brusco salto de un día sobre otro;
hace saltar todas las estadísticas;
sube el precio del pan y de la leche,
el jornal codiciado termina siendo nada
y nadie se percata que dejó de ser lunes.

Hoy duele más el día,
a penas, los que pasan,
ratifican de nuevo sus memorias,
hay un vacío de hojas y cartones
mientras se va borrando otra jornada,
sin que llegue la tarde,
donde los sueños comienzan a romperse.

Los martes, como siempre,
los hombres labran sangre.
Sobre fichas,
el lunes ha marcado su silueta,
y el martes sin saber, se tambalea,
con temor a caer,
en las rendijas de un día laminado.

Miércoles, día de sombras
en oídos, ojos y gargantas.
Día típico del viaje que no llega
después de tres jornadas,
bogando en el vacío de los fogones.

Miércoles, meridiano de cenizas.
Tapiz de un almanaque
que se inclina detrás de la semana,
sin augurio, sin alas,
sin anuncios de muerte o nacimiento;
cuando todos sospechan,
que detrás de ese sol va la caída.

Miércoles memorable de mercurio.
Día difuminado en su esqueleto,
que en el próximo impulso
dará lugar al jueves.

Desde el comienzo, o desde el fin,
donde todo absoluto
se desprende del tedio y de la calma;
se ven pasar las horas,
hasta quedar a oscuras y en silencio.

Jueves, despiertan las antorchas:
el cielo se puebla de colores,
la vida reverbera, crece al centro,
para dar nacimiento a nuevos soles,
en la cresta del mar, cuando las olas,
rompen la estela azul en pos del viento.

Jueves cuadriculado en el espejo;
rama verde al fondo de la noche,
bajo la sombra de las constelaciones,
para llenar de luz del horizonte.

Jueves de laterales, telarañas;
cuatro puntas,
danzando hacia la puerta,
para un día de amores que te dejan,
en una paz menuda y nobiliaria,
que al viernes queda inserta,
antes que den comienzos las auroras.

Apelmazado viernes, día de combas,
vaticinio final que ya no cabe
donde van a soñar, esos desamparados,
desprotegidos de todo cuanto existe.

Viernes, día venal de espumas blondas:
tocas fin en la barba del mendigo,
en las cejas del ciego,
en el belfo del buey,
en la cachimba asmática,
de un anciano que tose sin aliento.

Viernes ferial, de bancos y tambores,
donde empieza a romperse la semana,
para dejarnos un sábado sin nortes,
ahogado en los sudores de la bruma,
que cae desde lo alto entre dos sábanas,
cansado al descubrir, que ya está en sábado.

Fin y comienzo es un mismo dilema.
Se mide el paso que sale hacia la calle.
Se vuelve donde ayer,
las sombras eran,
tarjas oscuras, como en los cementerios.

En sábado de nuevo, medio abierto,
el broche que la luz dejó en la puerta
y el mismo transcurrir hace de escolta;
de llama mi dolor,
mi colofón de asiento.
Y de tanto esperar el tiempo ladra.
Las misses levantan sus catálogos;
entra el viento, en forma de soplido,
y se queda en domingo, merodeando,
inserto en los cristales del paisaje.

Domingo:
hasta te duele el alma, las amígdalas,
de paso te visitan pesadillas,
sombras que vuelan del cigarrillo al viento;
nubes brocadas, que se dispersan olas.

Entre días, no es fácil detenerse.
De pronto y sin saber,
termina la semana,
y hay que empezar de nuevo haciendo cuentas.

Poema y foto de Ogsmande Lescayllers. (Foto, Ciudad de Bayamo, Cuba.

ESO Y UN POCO MÁS.

Yo, nacido en el caribe,
en la isla de Cuba;
de origen o ascendencia franco-siro,
además, tuve una abuela catalana.
He vivido en más de cien ciudades
y aprendí, después de tantas vueltas,
que la libertad es lo primero.

Aprendí que para amar hay que ser libre,
y que si no eres libre,
no puedes amarte ni a ti mismo.

Mi religión y mi filosofía es el amor.
Para mí, un poeta es alguien que se entrega
y convierte sus sueños en poemas.
Alguien que va seriando las ráfagas del viento
y convierte las nubes en terciopelos blancos,
para dárselas hechas un pañuelo,
a la mujer amada.

En La Habana,
en Bayamo o en Calcuta,
en Damasco, en Doha,
en Porto o en Coimbra,
en Managua o en Delhi,
en París o en Bordeo,
en New York o en Ohio,
en Petra o Capadocia,
en Quito, en Fez o en Cádiz,
en Lesotho o en Roma;
un mismo aire me soplaba el alma,
un canto incidental me acariciaba:
la mano era la misma,
también la comisura de sus labios
y el mismo tacto,
queriendo tocar mi corazón,
me anunciaba en la noche la próxima partida.

De idas y vueltas está repleto mi equipaje.
Al hombre le conozco por sus actos
y no por sus palabras.
Para mí, el presente es lo que importa.
Lo que hagan los demás, no es mi problema.
Intento caminar sin dar tropiezos;
ir a mi aire,
tan sereno y feliz como la brisa
reverdeciendo en cada amanecer,
o hecho trino en el pico de los pájaros.

Yo, poeta y penalista,
ciudadano del mundo y desterrado,
periodista de grandes rotativos,
editor trasnochado,
filósofo a destajo seis días a la semana,
hombre de paz,
a veces sueño con la guerra.

Mis sueños van conmigo a todas partes
y no quiero soñar,
porque las guerras, sólo traen destrucción
y yo deseo regenerar el mundo.

Soy un híbrido de azúcar y mostaza.
Toda la sangre de la tierra es mía.
Soy descendiente del eje de la tierra;
nunca su dueño.

La tierra no es de nadie,
sin embargo,
hay quien quiere apropiársela.
Nadie es de nadie,
y la tierra tampoco.

Pero yo soy Ogsmande Lescayllers,
hijo de Armando y Doralina;
sin otra identidad,
que la que a veces,
me conceden las sombras y el silencio.

viernes, 18 de diciembre de 2009

TEXTO DE LA CONFERENCIA DEL DR. OGSMANDE LESCAYLLERS PARA EL CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE JERUSALÉN CAPITAL CULTURAL DE LA HUMANIDAD.



VISIÓN POÉTICA DE JERUSALÉN, AL-QUDS, LA
CAPITAL PALESTINA,


El dolor, mi dolor, mis sensaciones y emociones por esta ciudad y por su gente, emerge en mi poesía, porque mis versos, como las aguas de los manantiales que bajan por las laderas del Ofel hasta Guijón, son también un himno de vida y esperanza.

Jerusalén no es sólo una ciudad, sino un símbolo. Un símbolo que por su polisemia, por sus implicaciones semánticas y ortológicas está más allá de algo que es, para convertirse en un algo intemporal que se ubica entre la realidad, la ficción, la mística y el mito. Semiológicamente Jerusalén, ya no sólo por la acción sígnica que representa escapa a todo compromiso material concreto, para integrarse en el mundo de lo sueños, de ahí que, sólo con mencionarla, ya estamos envueltos en una infinita red de intencionalidad a la que sólo se puede llegar a través de la poesía.

Cuna de profetas, reyes, poetas y patriarcas, Jerusalén ha sido siempre y lo seguirá siendo, a pesar de los dioses, cuna y casa del hombre. Una ciudad de ciudadanos, donde se han mezclados infinidad de razas, credos religiosos, filosóficos, exégesis históricas, usureros y banqueros, luces y sombras, como ha ocurrido, ocurre y ocurrirá en todo sitio de renombre, habitado por seres humanos.

La grandeza de la ciudad de Jerusalén estriba en Jerusalén misma. No importa ya quiénes hayan sido el grupo o colectividad humana que haya vivido en ella. Unos la han magnificado, enriquecido, ilustrado y fortalecido; otros la han hundido en el más terrible de los fracasos y en el más oscuro de los oprobios: crímenes y bajezas humanas. Pero ante todo, el nombre de Jerusalén sigue enhiesto, levantando pasiones por todos los rincones de la tierra.

Cuando aún el sol de Oriente no calentaba tanto, ni las arenas del desierto se movían tan ágilmente sobre los valles y montañas de esa región del mundo, por allí iban los beduinos con sus sueños acuestas. Cuando hizo falta descansar para reponer las fuerzas, a los pies de la montaña de Sión, se encendieron las primeras antorchas para festejar alguna Saturnalia, candelaria u otro evento de la naturaleza, en las que los antiguos veían y sentía la mano y la inteligencia de los dioses.

Unos antes y otros después, en fin, entonces no existían las fronteras y los caminos y los campos eran de todos: el hombre era hermano del hombre. El hijo era hijo del padre y los lobos, que merodeaban por allí, ante semejante fuerza, no se atrevían atacar a los humanos.

Las eras, como todos sabemos, no son tiempos muertos, son espacios de vida que nos ilustran los períodos, entre uno y otro ciclo de la existencia, donde de algún modo, el hombre va dejando su impronta.

Creo que es oportuno señalar, que no todas las religiones son de inspiración divina. Y que por esa misma razón se han cometido y se comenten tantos crímenes e injusticias evocando el nombre de Dios. La fe que es el alambre que une o ata los credos más hermosos alimentados por la imaginación humana, nace de los más profundo, humilde y amoroso que puede originar el ser. Este ser imbuido en su fe, jamás hará daños a nadie y, por lo contrario intentará, lejos de toda conquista o espíritu de pertenencia, dar paz y cobijo al hombre, tenga o no una religión, porque el primer deber es el hombre.

En este espacio cierto, pero de nadie, brotó Jerusalén, para las sucesivas oleadas de pueblos, comunidades y naciones que la fueron habitando a lo largo de la historia.

Por la general, cuando consultamos los múltiples y disímiles libros u otros textos de historia o leyendas sobre Jerusalén, nos encontramos con el mismo dilema, la falta de imparcialidad y de objetividad con la que los historiadores, salmistas, o fabuladores han tratado este asunto. De ahí que, yo, que no soy historiador, ni fabulador, sino un poeta gobernado, hasta cierto punto por el libre albedrío, me uniré a los profetas, en el mejor sentido de la palabra, para exponer, con y, desde la poesía mi basa de amor y de ternura hacia ese pedacito de tierra del planeta, que algunos consideran la casa de Dios, Tierra Santa, Puerta del cielo o Ciudad Eterna.

Les voy a trasmitir mis emociones, mis sensaciones y mi dolor, porque como ser humano, vivo y actuante, que hoy se enfrenta libremente a las miserias humanas que nos envuelven, a mí también “me duele el mundo”.

A veces me pregunto: que por qué habiendo en los salmos, en las canciones, en los cantares, en la leyenda y en la historia, tonto bíblicas, prebíblicas, talmúdicas, coránicas, torácicas y en una diversidad de textos de los más variopintos, tan extraordinarias enseñanzas, sobre el amor, la paz y la justicia etc. Cómo es posible que a estas alturas del siglo XXI, todavía hayan hombres que se hagan la guerra, que maten y destruyan, que destierren y exterminen a un pueblo o a un hombre, porque tenga otro modo de pensar y ver la vida, o de actuar ante la vida sin hacerle daño a nadie. El primer compromiso del hombre es la vida. Y vida es amor y, antes los ojos de Dios, todos somos iguales, y del mismo modo que todos tenemos la muerte, también de todos es la vida, y nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho de mancillar al otro.

¿Poesía, verdad? Pueden pensar algunos, sobre todo, esos que sólo les importa el dinero y ejercer el poder sobre los demás a todas costas, sin importarles sin van al cielo o al infierno. Piensan y creen que han sido el pueblo elegido y que ese legado, quizás un poco materialista y egoísta de la leyenda, es parte de eso que hay que conquistar sin importarles a quien ni a cuantos haya que llevarse por delante.

Los símbolos de la zarza ardiendo, o las tablas de la ley que fueron dadas a Moisés, el tabernáculo y la Tierra Prometida, no hacían a nadie propietario de nada. Y si algo hubiera que buscar, para refrescarnos la memoria, debíamos irnos hasta la Península del Sinaí, donde posiblemente esté el origen del pueblo israelí, fungiendo siempre como colonos y nunca como dueños de nada; porque prometer no es dar. Pero dado el caso que así fuera, a qué viene ahora ese reclamo, si como nos dice el novelita peruano, Ciro Alegría, “el mundo es ancho y ajeno”. ¿Acaso es tan supina la ignorancia de los colonos judíos que ahora vienen tomando territorios a sangre y fuego, y piensan que su destino o el de Jerusalén está cifrado sempiternamente en las Santas Escritura?

A lo largo de la historia y de los tiempos los palestinos, hombres nobles y laboriosos, siempre han permanecido ahí. Allí han visto nacer y morir a los suyos. Han soportado la opresión y la tiranía de otros pueblos intrusos e invasores. Han sobrevivido al intento de cambiar sus costumbres y destruir su cultura. Como están poseídos por esa tierra, Palestina, allí nacen y mueren y no emigran ni organizan un éxodo más que les que imponen los mercenarios que toman sus tierras y usurpan sus derechos.

Palestina es la madre de Jerusalén. En un estado natural, la hija no puede ser más poderosa ni más importante que la madre, pues, sólo la hija reinará cuando la madre deje de hacerlo. Y, si una madre siempre ha sido fiel al mandato o a la demanda de los suyos, la hija debe guardar respeto por la madre que la amamantó y le dio cuerpo, para que el mundo sepa que nos es bueno ni de hombre honrado, romper los pactos con la naturaleza.

Cuando los israelitas llegaron a Jerusalén ya existía el nombre, si como ellos piensan dios los había guiado hasta allí para instaurar su reino, en nombre de ese díos debían crear un hogar de paz para todos los seres humanos, pero nunca ha sido así. Los cortos períodos de paz que se han vivido en esa tierra ha sido cuando los judíos han estado en minorías y el resto ha permanecido errante en el exilio.

Como todos sabemos, en Palestina han convivido en paz, civilizadamente, árabes, judíos, jebuseos, sirios, macabeos, coptos, cananeos, cristianos, ortodoxos etc. Y, para bien o para mal, jamás dios se ha lamentado por ello.

Los que han querido conservar la Ley mosaica, la religión judía y las costumbres que según las escrituras son propias del pueblo de Israel, donde quiera que han ido, en lo social, por lo general han fracasado, sencillamente porque se han aislado ellos mismos, sobre todo, cuando han querido imponer su voluntad a otros.

Hoy el mundo ha cambiado. Los israelíes lo saben. Pero parece que no les ha servido de nada las lecciones de la historia y las duras experiencias que les ha tocado vivir en épocas sucesivas. Nada de eso los hace desistir de su arrogancia y de unos ideales que no se sostienen a la luz de la verdad y de la ciencia.

No se entiende cómo es posible que los israelíes odien a los árabes, cuando posiblemente los árabes, los palestinos, ese pueblo al que intentan borrar de la faz de la tierra por medio del genocidio, hayan siendo sus verdaderos salvadores, su defensores más inmediatos.

Tres religiones monoteístas allí se dan la mano. Desde el dios Baal de Ugarit, hasta los profetas, reyes y patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David, Salomón, etc., durante los tiempos bíblicos, o Jesucristo y Mahoma, las luces del cielo vinieron para poner sus rayos de amor y paz sobre el cielo de Jerusalén, que no en el suelo, porque allí nunca ha dejado de correr la sangre. Quizás algunos iluminados quieran interpretar que ese es el tributo o la ofrenda que reclama Yahveh a su pueblo elegido.

Hoy es el Sionismo, que no es una religión ni una filosofía, sino una ideología racista, de corte neofascista y de origen occidental, que ha sido aderezada con lo peores ingredientes del colonialismo, el fascismo, el imperialismo y el neocolonialismo, ideado e instrumentalizado para apropiarse de la “Casa de Dios, de la Ciudad Santa o de la Puerta del cielo y todo lo que encuentren en su alredor.

De todos modos, fuere como fuere, la humanidad no puede permitir, bajo ningún concepto, semejante afrenta contra los verdaderos ciudadanos de la ciudad de Jerusalén: el pueblo palestino. Ella es su capital y la de todos los hombres de buena voluntad que, vengan de donde vengan, siempre y cuando lo hagan en son de paz y de concordia, allí tendrán, como fue en el pasado, casa y cobijo, porque según las Sagradas Escrituras, Dios no desampara ni desamparará, bajo ningún concepto a ningunos de sus hijos que, por antonomasia, somos todos los hombres de la tierra.

Desde hace mucho tiempo lo vengo repitiendo: será hermoso que un día podamos construir y vivir en un mundo global; un mundo con todos y para todos. Lo que no es justo ni se justifica es vivir en un mundo globalizado, donde los poderosos de siempre elijan y dirijan tu modo de vivir, tu libertad de pensamiento, la eticidad de tu gente, ni las maneras y modos que cada pueblo tiene de construir, intuir y hacer sus cosas. De igual modo, digo y me reitero que no existe ni existirá jamás, una lucha de civilizaciones; los civilizados no pelan, no se agreden, no destierran ni separan a nadie, no masacran ni discriminan. El hombre civilizado se busca, dialoga, se educa, sale en pos de la igual y la libertad en defensa del otro sea o no hijo de su misma casa, pueblo o nación. El hombre civilizado es altruista, que como nos indica la expresión es un hombre civil con indiscutibles valores morales y humanos, alguien así jamás pelea, sencillamente ama, construye y lega todo lo mejor que haya en él en pos del triunfo de la humanidad toda.

Lo cierto es que hay una lucha encarnizada de incivilizados contra civilizados. De fuertes contra los débiles. De fanáticos irreligiosos contra los verdaderos religiosos. De ignorantes contra letrados; como siempre, los fantasmas del averno intentando destruir el sol. Como siempre, los apocalipsistas imaginando el día que aparezcan de nuevo los dioses Yam_Nahar, o Mot., para hundir a todos aquellos que claman por justicia en el Hades donde Baal fue hecho prisionero, para instaurar los dioses nuevos, de la nueva alianza, que apuran y disparan sus mortíferas armas, contra todos aquellos que constituyan paz, justicia, amor y libertad.

Sobre esos hervores de la vida y esos batientes de la realidades que vivimos salen ungidos mis versos para Jerusalén, animados por la intemporalidad de la palabra anhelosa de que todos construyamos puentes o partículas de unión capaces de sellar en un mismo haz, a judíos y palestinos, al templo, la sinagoga, la mezquita y la iglesia; a la verdad y la ficción, las luces y las sombras, la fe y la confianza, a sabiendas, que los dioses no pelean; si han venido al mundo es para darnos vida, curar enfermedades y salvarnos del miedo y de los odios, y para exigirnos a todos por igual, que nuestro deber y obligación antes de ir a la guerra para empujar a alguien hacia la muerte o el destierro, es “amar al prójimo como a uno mismo”; el verso no puede ser más exacto ni la demanda más justa, porque lo que nos proponen las leyes divinas y la de los hombres, es caminar juntos, por los siglos de los siglos hasta el fin de los días, cuando otras luces vengan a clarificar los cielos de nuestras memorias, en la Casa de Dios, en Jerusalén Capital de Palestina, o allí donde estemos cantando las alabanzas de los tiempos o el despertar sin tiempo de la humanidad.

AL-QUDS.

Ella en el aire:
hiberna,
flota,
vive.

Ella,
la sempiterna,
a pie juntillas.

Ella,
vida enjaulada,
pájaro del desierto,
piel del bosque.
corazón palestino desangrado;
Al-Quds, bailando al sol
la danza de los árabes.

Al-Quds
la desterrada,
la prohibida,
la niña celestial de Dios y el hombre.

Jerusalén,
aquí,
míranos bien.
Me llego ahora
porque ya estuve antes
cuando la luz aún era pequeña
y el camino una huella en las arenas.

Al-Quds,
motéanos la frente
que el viento del desierto nos golpea
y las aguas del bien caminan lentas.

Jerusalén,
Despégate.
No hagas de mí un cadáver.
Que nadie te convierta en una morgue.
No hagas de mí una lápida,
ni permitas,
que te conviertan en sepulturera.

Allí florece un sol;
aquí una estrella,
la luna está mirándote indecisa,
ella es, un poco de este sueño
que viene a alimentar tu sed de madre.

Al-Quds,
conciencia Palestina en el naciente:
Moisés,
David,
Abraham
bebieron de Guijón aguas benditas.
Contemplaron a Ofel
y levantaron puertas,
hasta hacer un enorme tabernáculo.
Antes habían llegado
los hijos de Canaán,
los yabusies,
y otros pueblos,
que trajeron sus dioses y costumbres.

Palestina, la madre,
te amamantó Al-Quds,
te puso los pañales de la infancia
hasta que vino el Ángel,
a protegerte del frío de la noche
y la maldición de los judíos.

Cristo pasó llorando por aquí.
Subió llorando al monte
y bajó maniatado.
Y luego con la cruz,
subió hasta el Gólgota,
donde sin más, fue crucificado.
Los judíos hasta hoy,
según Josefo,
jamás reconocieron sus milagros.
Según la vida,
el Mesías sigue vivo
y los judíos calados por la muerte.

Al-Quds
tú no eres el ojo de Israel.
Eres la espiga de los labradores,
la voz del campesino y la sonrisa
de los niños de Gaza y de Ramalah
las palabras de Omar,
el son del viento.
La mujer hecha miel,
la rosa eterna;
las enseñanzas que nos legó el Profeta,
con las que juega la brisa del desierto.

Al-Quds
novia de Dios y de los dioses.
No te quedes ahí,
sigue tejiendo, amada,
para los esponsales con tu pueblo.

Si los sionistas vienen y disparan,
dispárales con dátiles, desde los minaretes,
con las cenizas de tus hijos muertos,
con el tejido de tus sentimientos,
o con los aquelarres de tus sueños.

Jerusalén,
Al-Quds;
capital Palestina;
Casa de Dios,
del hombre,
y de todos los pueblos del planeta.





















TEXTO DE OGSMANDE LESCAYLLERS SOBRE JERUSALÉN.









JERUSALÉN, JERUSALÉN.

Qué fue, qué es y qué será Jerusalén. La ciudad santa, por antonomasia está insertada en la leyenda, la historia, el mito, la mística y en la realidad. Lo cierto es que allí, hasta hoy, jamás ha dejado de correr la sangre, algo que es profundamente contradictorio. Pero todo tiene su explicación y, Jerusalén, una ciudad de vida, está signada por la muerte. Una ciudad de fe, está marcada por el fanatismo. Una ciudad plural de encuentros y alianzas, es prisionera de las bajas pasiones y el segregacionismo. Una ciudad de amor, está lastrada por el odio.

A veces estos contrastes para el común de los mortales se hacen incomprensibles, pero si entramos al fondo de las cosas inmediatamente nos percataremos de por qué, en Jerusalén, la ciudad de Dios, es un sitio tan complejo y de tan difícil solución para convertirla en un lugar de paz.

La disputa no es de Dios, sino de los hombres: fanáticos, viciosos, incrédulos, carentes de fe, de cultura y, sobre todo, movidos por sus ambiciones y faltos de voluntad para alcanzar un acuerdo que satisfaga a todos.

Jerusalén, si nos ceñimos a las leyendas: bíblica, talmúdica o coránica, no debía ser de nadie y, a la vez, sería de todos los hombres de la tierra, porque todos, sin excepción, de acuerdo a lo que dicen las Escrituras, somos hijos de Dios, hechos a imagen y semejanza de Él, por lo tanto, todos los seres que habitan el universo somos herederos o dueños de ese territorio. De no ser así, o Dios no es mi padre o, de lo contrario; ¿quien sin mi autorización se adueñó de la parte que me corresponde de mi casa?

Naturalmente los hombres no actúan con arreglo a la razón y mucho menos de acuerdo a los preceptos de fe que a veces, cuando les conviene, quieren inculcarnos.

Jerusalén es un gran negocio y, los poderosos, tanto religiosos, como políticos y mercaderes influyentes, quieren instaurar allí, una especie de mercado, sin recordar que ya una vez el “Hijo de Dios” los echó a todos del templo.

La verdadera historia de Jerusalén se pierde en la noche de los tiempos. Centenares de grupos humanos la han habitado y dejado allí sus huellas. Los profetas, por voluntad y deseos de los hombres la eligieron como la “Casa de Dios” y cuna de tres religiones y alguna que otra secta, que aprovechando las características naturales del enclave, su relevancia histórica y mística, también se disputan su heredad.

En todo eso hay muchas verdades, medias verdades y un catálogo infinito de mentiras, extorsiones, imposiciones, actos de fuerza y violencia y contubernios políticos. Ahí está el meollo del asunto y, hasta tanto éste no se resuelva civilizadamente, Jerusalén seguirá siendo para los creyentes la “Casa de Dios”, para los ignorantes, egoístas y oportunistas, la “Tierra prometida” y también, seguirá siendo, para el común de los mortales, hasta tanto no se aclaren bien las cosas en la región, la antesala del infierno.

La leyenda nos cuenta cosas extraordinarias ocurridas en ese lugar. La mística nos narra una serie casi infinitas de milagros realizados aquí en pos de la felicidad del hombre. Las religiones entronizan a sus dioses y profetas ahí, sobre la tierra de Jerusalén, construyendo sus mejores obras, dictando leyes y alentándonos hacia la búsqueda de la vida eterna; tan es así, que incluso el mismo Dios eligió el sitio como su casa.

La verdad es otra muy distinta y dicta mucho de lo que se nos dice, nos cuentan o narran al respecto.

Por lo visto, mientras los hombres se pelean, se agreden o se matan, Dios vive ajeno a todo lo que dicen y hacen en su propia tierra y dentro de su residencia o morada. Pero repito, el conflicto que allí se vive no es de Dios, sino entre los hombres contra Dios; entre los hombres contra los hombres, entre incivilizados contra civilizados, violentos contra pacíficos, poderosos contra débiles, fanáticos religiosos contra laicos, es decir, la estupidez humana campeando a sus anchas. La realidad es esa. Intentar dar otra explicación sobre el asunto o pretender buscar otros atajos para mostrarnos esa aseveración, es sencillamente pretender dilatar las cosas en el tiempo, pero el tiempo, en cosas como estas, también tiene su sello de caducidad.

Lo cierto es que, árabes, drusos, judíos, hebreos, arameos, macabeos, beduinos, cananeos, celotes, camitas y semitas, cristianos, musulmanes, ortodoxos, egipcios, griegos, romanos, otomanos, ingleses y sionistas, maronita, laicos y ateos han visto las aguas del mar muerto, han contemplado el lago Tiberiades, han sembrado y pastoreado sus ganados, alimentado y creado a sus descendientes sobre esa tierra. Por allí han florecido tres grandes religiones, se han escrito obras imperecederas que les han servido y sirven de guía y estandarte a la humanidad.

Jerusalén de un sitio de peregrinación se convirtió, por voluntad del sionismo y sus halcones, en un lugar de confrontación.

En las iglesias, las mezquitas, el templo o la sinagoga se ha pasado, de la mirada compasiva a la mirada vigilada, del clamor de la oración al estampido de las armas; del recorrido paciente y reposado, a la marcha forzada, de la cruz en alto, al fusil en ristre; todo eso pasa en Jerusalén, “Ciudad Santa”. Mientras, la humanidad sigue sin despertar bajo el tableteo de los fusiles y los arsenales nucleares del ejército judío, alimentados, permanentemente, desde el Pentágono, con la anuencia de los Estados Unidos que niega el derecho a los palestinos a residir pacíficamente en sus tierras y, de acuerdo a las Escrituras, en la de todos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Texto Ogsmande Lescayllers. En la foto con el poeta sirio, Alí Ahmad Said Esber (Adonis) en su casa de Al Qassabin, Latakia, Siria.






HAY QUE SER.

Yo no puedo quedarme aquí
de espaldas al mundo,
mientras este se hunde
y los que están en él se despedazan:
se despiden soplados como el viento.


Los que están;
esos llamado hombres,
seres de media talla
que caminan despacio bocabajo.
Señores pueden ser,
dicen algunos.
Yo prefiero esperar para nombrarlos
porque de pronto,
esta aguas pudridas donde habitan
se emponzoñan al filo de la muerte.


El mundo allí
y aquí,
todo en mi hombro,
coleando a pasos de un ciclo de partidas,
yendo hacia atrás,
calmado en el remanso
de mi piel custodiada por las sombras.


No podemos seguir mirando en sepia,
pregonando mutantes de pasiones,
fisgoneando el andar de la vecina
bajo los impermeables de la noche.


Hay que ser
entender,
saltar al ruedo
y sin disimular tus credos,
si los tienes,
hablarle al hombre en serio
de esta realidad que nos avienta,
nos zurce tentadora los instintos
hasta dejarnos mudos frente al mundo.


Hay que tener humanidad
y alzar la voz en medio de las plazas.
Lanzar flechas de luces al vacío,
y conformar los llenos con aliento.


No se puede escribir textos al miedo,
con miedos y aderezos de mentiras,
por temor a que vengan los matones
y te corten de un tajo la existencia.


Hoy el poema entraña someterte
al juicio original de la política,
a la jauría de locos que hacen versos
contemplativos,
sin contemplar las injusticias de este mundo.


Entraña dar la vida;
ser ella si es preciso en el combate
y no un cantor de espárragos y trufas
o un niñato indeciso,
Bukowskiano,
con un puñado de versos sicalípticos.


Por lo visto
es lo que hay,
nos dan,
y se publica
por editores tránsfugas y arietes,
cálamo verde en papel lumínico.


De mil modos y formas,
el mundo se sostiene a pie jutillas.
Al que desea hablar se le hace tarde.
Los que se callan nunca dicen nada.
Cuando llega la hora de la siembra,
todo el campo se llena de rastrojos.


Aquí yo no me quedo;
Apesta el mundo.
Los que se callan pecan de silencio.
A los que hablan los echan al exilio.
Los que mienten,
asfixian,
destruyen,
contaminan,
son los representantes del poder;
los intocables que nadie fiscaliza.


Yo no me quedo aquí,
apesta el mundo.
Si me juego la vida,
es porque llevo mis versos de estandartes.






Texto y fotos de Ogsmande Lescayllers, Ciudad de Bayamo, Cuba.



ESTE ES MI MODO DE PENSAR.

Soy el dueño de esto
que yo,
como si nada
te regalo.

Y esta nada
que está hecha de nada
no nos sirve de nada,
porque ya no es lo que era antes;
ahora está vacía de contenido
y el continente,
que a pocos les importa
si es adentro o afuera,
ha perdido su peso y no se ve.


Simplemente me he quedado pensando,
porque escuché a unos hombres
discutiendo acaloradamente
acerca de la historia;
las verdades históricas
que hay en las religiones,
en la filosofía y en la historia
y sentí mucho miedo
al oír tantas obscenidades;
formulaciones sin ninguna
base demostrable
que cada día son modificadas
por los que se aventuran
a decir exactamente
dónde están
y el tamaño que tienen las verdades,
que se han de sopesar,
y poner sobre la balanza
para que todos quedemos tan felices.


Hombres que van y vienen
buscando fundamentos
para fundamentar una mentira
que a través de los tiempos
se ha ido repitiendo
sorbo a sorbo,
como un buche de agua
que nos calma la sed.


Algunos creen tener la última palabra
sobre esto o aquello
se alzan en sus cátedras
para magnificar
y echarse al ruedo
catedraliciamente enamorados
del áncora y el ágora,
al filo de un dictamen que no existe.

Por suerte para todos
el tiempo pone las cosas en su sitio
y aquel de mente abierta
que no se tira al ruedo
y va calmosamente
sopesando las cosas de este mundo,
al doblar de la esquina se percata
que no en todo momento
hay que ir a la historia,
a la filosofía
ni a los tratados bíblicos,
porque la urgencia requiere
de resolver las cosas,
aunque haya que nombrarlas de otro modo.


Tener sed de saber
a veces te puede llevar a la ignorancia
porque saber es conocer,
tener conciencia;
pero, si sabes mucho y no te sabes,
es ser como un reloj que da la hora,
pero él, como tal,
jamás se percata qué hora es;
o como el pez que pasa sed
estando bajo el agua.


También, algunos saben tanto
que no saben:
freírse un huevo
zurcir los calcetines,
tener buenos modales
o simplemente ser una persona.


Yo opto por callar,
desaprender y aprender;
estar alerta,
porque,
para algo existen los instantes.

lunes, 26 de octubre de 2009

TEXTO DE OGSMANDE LESCAYLLERS TOMADO DEL LIBRO "LOS VIENTOS DE LA MEMORIA".








IN EXTREMIS.

Estiro el brazo para alcanzar el índice
y llenarme de aquello que habita la otra orilla.
Apuro, como es lógico,
todas mis añoranzas.
Con gran impulso
vengo, me levanto,
construyo puentes
sobre gigantes planos
y configuro espacios en la tierra.

Hay poco verde aquí;
todo está muerto.
Veo que pasan insectos voladores,
hombres armados,
que de pronto han dejado de ser hombres;
animales de guerra con fusiles al hombro.

No digo adiós,
para que nadie sepa si marcho o si regreso.
Y si es posible,
me aparto del concierto
donde premian a los bufones de la feria;
tal como son:
seres vacíos,
injertos de estos tiempos.

Sólo sé que estas son mis luminarias:
un pedazo de luna en cada brazo,
una estrella adyacente en cada mano,
un pecho que me guarda de los truhanes,
una estación que asume todo el humo
de esas calaveras ambulantes.

Hay que esperar.
Después pasará el tiempo
cuando el olvido llegue y tome el reino
y esas voces que fueron elegidas,
sigan sin levantarse o sin hacerse,
sin una esquela, en los estercoleros.

Sentir como te agotas viendo al muerto,
oyendo a los premiados
y a los jueces,
en un panel de súbita ignorancia
al margen de las voces,
que la vida,
pone a crecer a lo ancho del camino
sin que nadie le ofrezca una limosna.

De ofrendas y ofendidos los galantes,
pájaros a la altura de los buitres,
fiebres de la pleamar a media noche,
cuando se conjuraron las raíces
para forjar un nuevo plenilunio.

No habrá más ni será;
sólo el comienzo
del que aspira nacer fotografiado,
fotostáticamente revestido
de ideas intemporales
bajo el yugo,
de su misión de esclavo ante los hombres,
que van sin laminar sus días de alientos.

Mal el detrás,
que pisotea al de adelante,
el que viene lanzando sus corcovos
sobre esa línea donde el sol no llega
y pasa deslizándose por dentro.

Del taco al tenedor,
la lengua inserta,
como un guiñapo
que sube a los estrados,
a salmodiar su última conquista
como todo bufón caído en suerte,
confiado de sus dotes acrobáticas.

Nada hay de más,
cuando los menos salen
a refrescar el sitio de partida,
donde todos debían grabar sus nombres,
o despejar, antes que sea la vida,
quien le traiga la cuenta y los impuestos.

Todo reino en el fondo es algo irreal.
Se vive muy de prisa
y es por eso,
que se premian a necios y tarados,
que otros necios,
más necios
que esos necios,
van de jurados sin juramentarse.

A veces sin saber se oye un disparo,
después, queda un silencio manifiesto;
tras el silencio suele ladrar un perro
y luego,
cuando la tierra queda en vilo,
salta un relámpago detrás de la frontera
para decir que aún hay esperanzas.
A partir de ese instante;
el hombre árbol
cansado de ser árbol,
sale volando o se lanza al mar,
allí, sin más,
se hace una semilla,
porque anhela saber qué es el mundo.




Foto y texto de Ogsmande Lescayllers, tomado del libro "Los vientos de la memoria".


CÓMO ARMAR UN MAR SIN QUE TE VEAN.

Una línea por encima de otra.
Una línea encima de otra línea.
Una cabeza debajo de un sombrero.
Un sombrero que no encuentra cabeza.
Una cabeza que no encuentra sombrero.
Todo es posible.
Hay cosas como estas
que parecen un juego,
pero en verdad,
cuando vamos cargados por la vida,
cuando nos van rodeando los fantasmas,
no está de más, echarte a un lado,
y seguir el camino en solitario.

Mis primeras lecturas las hice sin maestros.
Las segundas, las hice por mi cuenta.
Las terceras las hago con la naturaleza.
Las cuartas, la comparto con mis libros.
Estas últimas son las más difíciles,
pues, no me llevo bien con los autores.
Descreo de los que escriben libros voluminosos,
o los que siguen dictados académicos;
los lees y, te percatas, que no nos dicen nada.

Ya está bien de:
“hacía un día bonito y salimos a encontrarnos”.
o “mis experiencias amorosos se iniciaron con ella”,
y también, “había una vez…”;
claro, que siempre hay una vez.
Al diablo, con tantas tonterías,
estando en un mundo como este
donde apenas te dejan respirar.
Hay que decir verdades como puños,
subvertir el orden de las cosas,
hacer de nuestra voz la lengua de este siglo.
Entrar al fundamento
de nuestras realidades inmediatas;
ser más que estos que somos,
para que dejen de mirarnos como a locos,
para que dejen de creer que estamos locos.
Para que no nos vean como fantasmas
y nos tomen en serio.

Hay quien insiste,
tal vez, por falta de talento,
en seguir enamorando las estrellas,
cantándole a la luna,
husmeando entre la yerba,
contemplado y soñando con la mar,
haciéndoles poemas,
a la pintura de algún aficionado
y leyendo después, emocionado,
la melopea de sus versos de agua.

Aquí estoy,
mirando en solitario
con este espejo y estos catalejos,
con mis uñas desérticas y mis tijeras líticas,
y dos cábalas menos que hace un año;
cribando, cada noche los esmaltes,
de este mundo de infartos
donde el hombre,
sueña con meteoritos
y arrayanes
sin invitar al pueblo,
a hacerse con las luces y los sueños.
Sin invitar al hombre,
a que asuma de cierto la palabra
y haga para todos las verdades:
la libertad, si puede,
si le dejan,
sin entrar al convite de los necios.

Cuesta hacer eso en medio de las nubes,
pero en la tierra,
donde las cosas cada vez
son menos claras,
se pueden levantar las espirales
y cambiar los manejos de estos tiempos,
de disparos al blanco
y tiros en la nuca,
donde se prevarica con un beso
y de paso te llenas los bolsillos,
con el dinero de los contribuyentes.

Aquí,
aunque no lo creas,
se pueden hacer cosas disímiles,
pero antes, hay que desistir:
de los amigos que no son tus amigos,
de las amantes, que no son tus amantes,
de los higos, que te traen de la huerta del vecino,
bien envasados al vacío,
con la tecnología de estos tiempos.

Aquí se puede,
pero ojo con los que van a tus espaldas;
con los que están al frente merodeando,
con los del blogs, que ensalzan tus poemas;
con los comisionados que van sin comisiones,
y los Analfa-letras de corrillos.

Prevaricar se puede,
engordarte también,
hacerte un número;
rogarle a dios, y hacer como los curas
que se masturban detrás de la sotana.

Todo se puede,
mientras hoy se haga ayer,
y mañana no tengas más remedio,
que mirar hacia atrás
arrepentido,
de que el futuro es algo tan incierto,
que por más que lo buscas no lo encuentras.

Por eso es preferible ser ahora;
o estar en hoy,
con los pies en la tierra, sin complejos.



Foto y texto: Ogsmande Lescayllers, tomados de libro "Los vientos de la memoria"

SIN NOTICIAS DEL MÁS ALLÁ.

Anoche desperté mientras soñaba
con los recuerdos de otro sueño inverso.
Bajé la luz que entraba por la puerta
y proseguí soñando de otro modo.

De lejos me llegaron las ideas
entre brumas, suspiros y relámpagos.
Detrás de los esmaltes se rompían
los caminos que el tiempo nos marcaba.

De soledad en soledades iban,
grimosas las ideas no soñadas,
los despertares a punta de pistolas,
las tardes diluviando sin descanso.

Desde la oscuridad nos distanciamos
para entrar a las arcas y los campos
donde el silencio ahogaba las palabras
y el eco repetía las mismas frases.

Lenta la amanecida y, en la puerta
del reino sideral de mis antepasados,
brotó un ramo de incienso a medio hacerse
que salía de la tierra canturriando.

Busqué en lo alto y busqué a lo lejos;
escarbé entre preguntas singulares,
la idea de otros tiempos ya vencidos,
pero nadie ha venido a responderme.

Fui donde las imágenes votivas
entre las voces de pueblos olvidados.
Partí rumbo a la noche y en el centro,
bajo dos piedras, hallé lo que buscaba.

Padre me había indicado cuando niño
que dos flores no son nunca iguales,
aunque broten de una misma rama.
Pues, dos piedras, tampoco son idénticas.

Subí al cielo de un salto y, en el cielo,
desperté nuevamente trasnochado,
intentando dormir el mismo sueño,
un sueño que jamás había soñado.

Madre vino después a hablar conmigo
para tranquilarme y darme ánimos.
Que todo no termina con la muerte;
dormido, ni despierto, ni soñando.

Llegué al final, aunque el final no existe,
ni hay límites, vacíos ni fronteras;
todo está lleno de un extremo a otro,
aunque a veces pensemos lo contrario.

Allá arriba no hay nada, se lo juro.
Es mejor dar aquí lo que tenemos,
compartir lo que somos y deseamos;
la escasa humanidad que nos asiste.

De ti, para contigo y con los otros:
el cielo, el mar, la tierra, el horizonte.
Eres el resultado de ti mismo;
del más allá, jamás llegan noticias.








domingo, 18 de octubre de 2009

PRESENTACIÓN DEL LIBRO LA MEMORIA CIFRADA DE OGMANDE LESCAYLLERS.

LA MEMORIA CIFRADA, OBRA DEL POETA Y ESCRITOR, OGSMANDE LESCAYLLERS, SERÁ PRESENTANDA ESTE MIÉRCOLES, 21 DE OCTUBRE, EN EL CENTRO ÁRABE SIDIO DE MADDRID, C/ ZURBANO 82 A LAS 20:00hs. POR EL DR. MUSHIN AL-RAMLÍ, ESCRITOR Y POETA IRAKÍ, PROF. DE SAN LUIS UNIVERSITY. TE ESPERAMOS.

sábado, 17 de octubre de 2009

TEXTO DE OGSMANDE LESCAYLLERS.







PREMIOS Y PREMIADOS.
Por Ogsmande Lescayllers.
Escritor e xornalita.
Poco a poco han ido cayendo las páginas del almanaque. 2009 va tocando su fin. Los dueños de las grandes editoriales del mundo empiezan a engrasar la máquina publicitaria. Pues, un buen libro, siempre es un regalo apetecible.

Los concursos empiezan a dar sus veredictos. Los concursantes, unos “sorprendidos”, otros sin sorpresas, aparecen en las portadas de todos los periódicos y telediarios. Los lectores, los buenos lectores y amantes de la literatura, hacen mutis, vuelven a los clásicos, con la esperanza que el próximo año algún jurado decente y con suficiente autoridad premie algo que valga la pena.

Desde luego, siempre está el lector ingenuo o los amigos cómplices que por solidaridad e ingenuidad irán a comprar el librejo. Eso es una cosa y otra muy distinta es leérselo.

La temporada de este año la abrió el Nóbel de Literatura, otorgado a la rumana Herta Müller, una escritora prácticamente desconocida, tanto como novelita, donde logra algunos aciertos, o como poeta, donde sencillamente puede calificarse como algo frustrante y desafortunado. Por lo general en estos casos pesa más lo extraliterario que lo literario, porque algunos piensan que es muy importante tener en cuenta la politización del asunto a la hora de vendernos al personaje premiado.

Pensamos que la obra de un Nóbel debe de tener, calidad, receptividad y multiplicidad, la de la señora Müller, casi en su totalidad, adolece de estos tres elementos.

Por lo general el público es quien hace al escritor, pero hoy son las grandes editoriales, el marketing y los concursos, donde se premia a los “socios” quienes los fabrican y, para ellos, por lo general escogen a algunos que van sobrados en todo, menos de talento, vocación y conocimientos literarios y, hasta cierto punto de cultura general.

El Nóbel también, como Richard, “tocó la flauta y otros instrumentos”, cuando distinguió al presidente de Estados Unidos Barack Obama con tan alta distinción, el Premio Nóbel de la Paz.

No es que Obama no se merezca ese galardón, quizás ese y muchos más, pero todavía tiene que demostrarlo, porque de momento, por la paz no ha hecho nada, más allá de las buenas palabras y algunos gestos que luego quedan ocultos tras el manto de las guerras y los diversos frentes que los Estados Unidos tienen abiertos en el mundo: Irak, el conflicto palestino-israelí, Afganistán, Irán, Cuba, Guantánamo, Corea del Norte, toda Latinoamérica, las cárceles secretas de la CIA donde han torturado a cientos de seres humanos, la pena de muerte en los Estado Unidos, la emigración, la sanidad y un sin números de cosas. Claro está, sabemos que Obama, no es dios y poco o nada podrá hacer, pero hay otros que sí han hecho, pueden y harán más cosas verdaderamente dignas de un Nóbel.

Por otra parte, si observamos la lista de todos los premios Nóbel de la paz que hay en el mundo y contemplamos como está este, estamos seguros que nos entran escalofríos en el cuerpo. No sé si es para reírse o para echarse a llorar, en Estados Unidos de Norteamérica, la potencia militar y guerrerista más grande del planeta a caído nada más y nada menos que 22 veces el Premio Nóbel. A la luz de los hechos, ¿acaso tiene alguna credibilidad este premio? Pero todavía más kafkiano es que en el Estado sionista de Israel les fue otorgado a Isaac Rabin y al actual presidente Simón Pere. Si alguien conoce más o menos la historia de estos personajes ya nos dirá si son dignos de algo, no digo ya de un Nóbel de la Paz.

Hace unos días se fallaba también el Premio Nacional de Poesía, pues, ídem, como diría el Quijote, “con la iglesia hemos topado Sancho”. Por lo visto un jurado esmirriado mueve un biombo y lo primero que cae, valga o no, ese es el premio, lo que importa no es la obra sino quien asoma primero la cabeza y por lo general, da la coincidencia, la muy terrible coincidencia, que el primero que se asoma es el libro de algún amiguete; o coleguilla de corrillos a quien los profetas de la Belle letras, ya le había pronosticado que este sería su año.

No digo que el flamante Premio Nacional de Poesía 2009 no se merece ese y muchos premios más, no, no digo eso, creo que la que no se merece exhibir y encumbrar a libros como los premiados es la literatura, ya no sólo en lengua española, sino en cualquier lengua o dialecto de los que hoy se hablan en el mundo. Porque en LITERATURA, aunque casi todo se venda, no todo vale.

Ahora acaba de destaparse a favor de Ángeles Caso el millonario Premio Planeta, una cosa que se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo, en algo así como una especie de desvergüenza para la Literatura en Lengua Española. Ya sabemos que lo de Caso es un caso; uno más digamos, pero que nos pone los vellos de puntas.

Lo que nos preocupa no es que le den un premio a una novelucha insulsa e intemporal, anémica y fría o pretendidamente progresista y canónica a la vez. Lo que nos preocupa es ¿qué pasará dentro de unos años, cuando se haga la Recepción Estética de la Literatura en Lengua Española y todos estos bodrios premiados vayan al cesto de la basura? ¿Qué van a pensar los lectores de entonces sobre esta generación de “ilustres” galardonados por el lucro? Ya lo dije, lo de Caso, es sólo un caso, uno más de tantos que a diarios se comenten, porque como piensan que todo vale, cualquier pelele se considera un escritor y, por esa misma regla de tres, a cualquier diletante ignorante lo convierten en jurado. Ya sabemos que sobre este se ha vertido mucha tinta, pero como me comentó un día en una entrevista el señor Miguel Delibes, “tinta queda, lo que falta es talento”.









viernes, 16 de octubre de 2009

"VILLA ALINA", AVE: FCO. V. AGUILERA, 240. BAYAMO GRANMA


















EN BAYAMO, CAPITAL DE LA PROVINCIA GRANMA, UNO DE LOS RESERVORIOS CULTURALES E HISTÓRICOS MÁS IMPORTANTES DE LOS PAÍSES DEL CARIBE, ESTÁ "VILLA ALINA", DONDE EL VISITANTE PODRÁ DISFRUTAR DE TODAS LAS MARAVILLAS QUE ATESORA LA CIUDAD MONUMENTO NACIONAL, CUNA DE LA PATRIA, DE LA CULTURA Y DE LA INDEPENDECIA NACIONAL CUBANA.
FUNDADA POR EL CONQUISTADOR DIEGO VELÁZQUEZ EN 1513 SOBRE EL POBLADO ABORIGEN DEL MISMO NOMBRE, FUE LA SEGUNDA VILLA DE LA ISLA. EN ELLA HAN NACIDO GRANDES HOMBRES: ESTADISTAS, POLÍTICOS, CIENTÍFICOS, PEDAGOGOS, MÚSICOS, POETAS Y UN GRAN NÚMERO DE PATRIOTAS. BAYAMO ES UNA CIUDAD RICA Y VITAL, "VILLA ALINA" ES UNO DE ESOS SITIOS A LOS QUE EL VISITANTE NO PUEDE FALTAR. DOÑA ALINA SANTISTEBAN, A TRAVÉS DEL TELÉF: 005323424861, SI LLAMA DESDE ESPAÑA, LE INFORMARÁ DE TODO LO QUE USTED NACESITA PARA TOCAR EL PARAISO CON SUS MANOS.