jueves, 22 de enero de 2009

TEXTO SOBRE LA INMIGRACION




ESPAÑA, ¿UN PAÍS SIN MEMORIA?


TENEMOS UNA DEUDA QUE SALDAR.

España ha sido y es un país de emigrantes. Gran parte de ese bienestar del que disfrutan hoy los españoles, le viene de aquellos hombres y mujeres que un día, asfixiados por la situación que vivían en esta tierra, se hicieron a la mar o a los caminos, para darles a sus hijos o a su familia, un futuro mejor. Iban sin nada, sólo cargados de ilusiones y necesidades, con la esperanza que les acogieran en cualquier rincón de la tierra, donde llegaran con sus miserias y sus deseos.

Una y otra vez, sin cejar en el intento, fueron haciendo realidad sus sueños.
América, Europa, África, Asia¼ a cualquier parte donde vayas, ahí hay un español. Los oriundos de las tierras a las que llegan, los acogen con amor y les dan abrigo y cobijo sin entrar en mayores detalles, más que los requeridos para esos casos.

El español tiene fama de ser buena persona, sobre todo cuando está necesitado de otros o cuando anda fuera de su tierra buscándose la vida. Qué pena que siempre no sea así, pues, por lo que se entrevé en estos tiempos que corren, parece que ha perdido la memoria. El inmigrante ha comenzado a temer del emigrante. Se asustan y se ponen nerviosos cuando ven que alguien penetra en sus fronteras.

Olvidan que ellos también un día, buscaban lo mismo que los que hoy buscan en ellos: comprensión, respeto, ayuda, solidaridad. Pero la memoria, como los suspiros es efímera.

POR QUÉ NOS CUESTA TANTO RECONOCERNOS.

¿Qué fuera de aquella y de esta España si no hubiera sido por la emigración? ¿Alguna vez se han preguntado esto los políticos y los xenófobos que hoy ven con ojerizas la llegada de otros, que a imitación de ellos, vienen de sus países caídos en desgracias, para que estos le paguen el tributo que en prendas aún le deben? Nadie viene a destruirle la cultura al otro, esa es una idea xenófoba y fascista, imprudente y retrógrada. Son emigrantes, hambrientos, ansiosos de un puesto de trabajo, aunque se le pague una miseria. No son transnacionales, ni conquistadores. Si se les permite se integraran; si no es así, desde sus guetos forjarán una cultura paralela para no morir de inanición, porque como reza el refrán, “no sólo de pan vive el hombre”.

El agradecimiento es un sentimiento fugaz. La memoria, si no se hace sustancia y sentimiento, se borra con las primeras lluvias de la abundancia. Y el respeto, la justicia y el amor, son atributos personales, que en las altas esferas del poder a penas si palpitan.

No comprendo que un español sienta miedo de un emigrante, es como si sintiese miedo de si mismo.

Los conflictos que hoy acarrean el mundo tienen nombres de culpables: los políticos, las transnacionales, la xenofobia, las imposiciones de la fe religiosa, las dictaduras y las guerras, con las que unos pocos se enriquecen y dejan morir de hambre a millones de seres en la tierra. Esta es la realidad y no otra.

OTROS AHORA NECESTAN DE VOSTROS.

España, por muy España y española que hoy sea, no debe cerrar los ojos y taparse los oídos frente a estos vaivenes de la historia. Nadie está a salvo del naufragio cuando se anda sobre la mar picada. Y las circunstancias, como las aspas de un molino, a veces están arriba, otras veces abajo.

“Cuídate España, de tu propia España”. Dijo César Vallejo, el gran peruano universal. Pero España olvida y declara ilegales a los indocumentados que se juegan la vida en una y otra esquina, intentando penetrar en sus fronteras.

Qué si es justo o injusto este hecho; desde luego que no. Yo diría que es complicadísimo. Pero sabemos que el fin no justifica los medios y viceversa. En los asuntos de contenido, como es este, necesariamente hay que entrar en el análisis y actuar con tiento, prudencia y serenidad, porque estas aguas, pueden traernos mucho lodo.

Los que vienen de Sudamérica, Filipinas o del África Española, llegan confiados que la “madre patria” les abrirá las puertas y saldará la deuda de gratitud que tiene con sus hijos. Pero al pisar suelo, de inmediato se dan cuenta, que lo que encuentran a su paso es una madrastra ofuscada y soberbia que les escupe el rostro y les cierra las puertas para no mezclarse. Porque como dicen algunos, “aquellos fueron otros tiempos”. Y es cierto, aquellos fueron otros tiempos.

VOSOTROS FUISTEIS COMO ELLOS.

Los tiempos de la España pobre e invertebrada, con una economía de hambre y un pueblo aherrojado por una dictadura y otros males feroces a los que había que poner tierra por medio y marcharse hasta allí donde alguien les tendiera la mano. Esa mano estaba y fue tendida, porque si algo ha recibido el español en el mundo, es solidaridad, amor y respeto, de ahí que pudo renacer de nuevo y levantarse. Y si hoy los nativos de esta tierra tienen el bienestar y la providencia que reciben, gran parte se lo debe a otros pueblos, que siempre les miran y les siguen mirando como a hermanos.

Cuando en una parte hay hambre, la gente sale a saciarla allí donde no la hay. Así ha sido y será por los siglos de los siglos.

Toda nación que se precie, debe tener presente lo que ha sido y lo que es. La emigración es un tema tan viejo como la sociedad misma, su génesis está en la naturaleza.

El efecto “llamada” de la que algunos ignorantes hablan, en el supuesto caso que se legalice a unos cuantos indocumentados, es una infamia abominable, alarmista y anti-ciudadana que roza el crisma del delirio.

Que nadie se llame a engaño, no es con más policías ni brindando las fronteras, ni formulando más leyes represivas, lo que va a detener este fenómeno. La emigración dejará de crecer, cuando haya un mundo más justo y equitativo. Cuando los fanatismos religiosos, las guerras imperialistas y los colonialismos de nuevo signos, desaparezcan de la faz de la tierra y el mundo viva en una verdadera democracia. De momento, los españoles deben irse acostumbrando al ritmo de los tambores y la rumba, al gemido de la quena y al compás de las claves y las maracas. Otros colores, olores y sabores habitarán el reino, el mestizaje hará más fuerte la raza y más firme y próspera la cultura, que ayer corría famélica, falta de condimentos, por las anchas llanuras castellanas.
Ogsmande Lescayllers

JÚPITER Y YO, UN TEXTO DE OGSMANDE LESCAYLLERS.

JÚPITER Y YO.

“Todo aquello que Tú de mí prefieras,
Eso sólo haré yo, tan sólo eso”.
IBN AL _ ARABÍ.


No me comparo a ti, porque soy hombre,
Y los hombres no deben compararse.
Te llamo por tu nombre como a un hermano
Que todos los días recorre el firmamento.
Tú estás, en lo alto de las frondas.
Vives como el jilguero
Anunciando el vuelo sideral de los astros.
El mundo gira en torno a tu ritual
Y te desgranas en las soleras de la tierra.
Desde tu estela se puede ver el mar y los caminos.
Ahí estás con tus soles,
Para fijar lejanas geometrías;
La pipa donde tuestan los dolores
O la nocturnidad de mis ojos de invierno.
II
Los hombres han de vivir en armonía
Para que tú no escapes de tu órbita.
Yo tengo dentro mi dolor y el dolor de otros hombres;
Precisamente, de ellos quiero hablarte:
No soy juez, ni soy Dios.
Desde mi puerta veo pasar las ánimas,
Los sueños malos de los hombres malos
Que intentan apagar la orografía de la palabra.
Hombres malos,
Que negaron a Dios negándose así mismos.
Hombres Judas.
Falsos hombres;
Como la tempestad que arrasa los sembrados.
III
Los hombres tuercen el curso de las eras.
Sus corazones pesan.
Se han vuelto fichas.
Se aferran a la muerte.
Se incineran en las mazmorras del silencio.
Los hombres se vigilan,
Se denuncian,
Se muerden.
Se adhieren a la svástica con la punta de la lengua
Y tú no los dispersas ni los rindes,
No les rompes los rumbos en la mañana de los cantos.
IV
Andas, entre nosotros,
Pensativo,
Callado.
Tu mirada precisa,
Muestra una danza en la solapa de la muerte.
Un reencuentro de números.
Un espacio donde caerá la lluvia
En la última edad de los perfiles.
Tú pasas, sin alumbrar mi tamaño ni mi sombra.
Yo permanezco aquí, frente a los hombres.
De pie, como un patriarca,
Frente a los muros de la nada.
Frente al Gólgota,
Áspero en mis dolores colectivos,
Sembrador de ansiedad,
Creador de lumbres;
Hechizo de la muerte,
Sin hechizos.
V
Y son tantas,
Tantas bravatas,
Paridoras de augurios en los hombres
Y a veces descreo hasta de mí,
De mi sombra infernal,
Y hundo mi corazón sin darme cuenta
Y me detengo aquí,
En los codos del tiempo
Para evadir esas coordenadas.
Las pencas de las dunas.
Las añoranzas que las aguas dejan
En la cola imprecisa de un relámpago.
Ya no,
Ya no será posible el ataúd
Para enterrar viejas alcancías.
La heredad de los nichos,
El tálamo que asusta,
Que detiene,
Los hilos recosidos del asombro.
VI
Compararte con otros no es posible.
Tus anillos y luminiscencia
Llenan los archipiélagos galácticos,
A contrapelo con la nocturnidad
En los desfiladeros y amazonas.
Llenas, desde la altura,
Los reductos de un orbe que se mueve a tus pies.
Y enredas, con tus mágicas manías,
Infinitas hileras de augurios y silencios.
Y esa vieja costumbre de humillar los de abajo,
Tal y como sucede entre los hombres.
¡OH, Júpiter!
Como se desencaja mi violín cuando pasas.
VII
Quién se bebió las asuras de los vientos y rompió los espejos.
Quién pulsó los pañuelos para lanzarlos a la hora del retrete.
Y se hundió en el desierto sin custodios,
Contra la voz de Ismael y Jeremías.
No me detengas nunca ni me dejes atrás.
Los caminos son tuyos y son míos,
Los enemigos de la luz nos persiguen.
VIII
Ya es tiempo de mirarnos por afuera y por dentro.
El convite anuncia un gran presagio.
Hay un declive en la lengua del zodiaco.
Un frío soliloquio y un ágape,
Para la fiesta de los caleidoscopios
Y voy rumbo al tejado de los hierros,
Allá donde te caes,
Donde caemos,
¿Dónde...?

IX
Qué escasos son los hombres con perfiles de héroes.
Qué diminuto el héroe sin perfil.
Esos dioses fabricados en certámenes y orgías,
Esas especies a veces proliferan.
Pero los héroes de tu altura, desaparecieron del planeta.
Al sol no es tan difícil taparle la sonrisa.
Toda su luz cabe en una mirada,
Cabe en el brillo equinoccial de un mediodía.
X
No hay súplica más linda que la sonrisa de mi madre.
Mi madre si conoce mis credos y mis cantos,
Hemos crecido juntos en la inocencia de las hojas.
Yo te convoco para que riegues su ternura de ángel.
Para que la ilumines con el sedal de tus palabras
Y ensortije su voz, junto a los corazones sin alientos.
Cuídala en su tamaño profético de mundos.
Cuida de sus guitarras, que ahora es mediodía
Y que ya es pájaro lento su palabra de sol y terciopelos.
XI
¿Quiénes son esos que tú ni yo identificamos?
¿Por qué han venido a empujarnos la puerta,
A romper cerrojos y cristales?
Los pies del mundo se mueven a mis pies,
Yo te acompaño.
Nuestro reino es pequeño,
En casa hay luz y amor
Y un espejo donde descansan los sueños de los hombres.
En la tuya el mar se transparenta,
Ahoga a los infieles,
Porque no quieren ser dulcificados.
Una persona infiel es un abismo.
Es un fantasma cruel, un imposible.
XII
Sólo nos sabe bien el vino que sacamos de la tierra.
El zumo perspicaz que se abreva en la copa del amor,
Los ríos.
Los caminos.
Y los ríos...
Hombres no,
Porque a los hombres les gustan apedrearse.
El dinero los hace irracionales,
Oscuras bestias que al igual que Caín,
Se comen a tajadas, el corazón sangrante del hermano.
No unas a los hombres mientras lleven por dentro
La llama tentadora de sus odios
Los hierros de sus miedos
Y sus penas inútiles.
No los reúnas nunca si en verdad no se aman.
XIII
No le abras la puerta a nadie que se ufane en apedrearte.
Cuida la luz,
Acércate a la luz.
Siempre la luz.
Estas irreverencias son los chopos del alba
Que alimentan mi cuerpo.
Son truenos y centellas abismales.
Nudos porfiados.
Porfiados nudos míos,
Que penetran en forma de arco iris,
En las perturbaciones de la mente.
¡Acalla, loco!
¡Acalla de una vez!
Si acalla el viento doblarán las campanas.
Si acallan las campanas repicarán los vientos.
No habrá resumen para los hombres ni para los dioses.
Para los mitos ni para la leyenda.
El silencio dirá la última fábula.
Se zafarán los vientos planetarios
Y en su corrida última hacia el mar,
Caerá partida en dos la bóveda celeste.
Caerán luminosos aguaceros de estrellas.
Los hombres de rodillas con las manos en cruz
Esperarán que se cumpla el milagro.
XIV
Te dolerán los ojos, María,
Te dolerán...
No lloverá jamás.
Vendrá el silencio eterno de las eras,
La radioactividad de los confines,
Las frías noches de los desfiladeros
Y los dioses dejarán de reinar
Y el reino será aquí, sobre la tierra,
Porque para entonces no habrá cielo.
¡OH, Karma!
¡Karma!
Estos peldaños no son hijos del miedo.
Escalofríos de los depredadores.
Pedúnculos del miedo;
Nunca jamás, el miedo...
XV
Ahora veo quemándose la cruz.
Se enreda mi cabeza con los vientos.
Se nos caen los párpados.
Empujo el horizonte y lo golpeo.
Se va desanillando mi sonrisa,
Pero me voy salvando en el amor.
XVI
Los agujeros negros descansan a mis pies.
Van las Enanas Blancas azules de tristeza.
Perros intergalácticos,
Archipiélagos muertos.
Galápagos volando.
Vuelan, vuelan galápagos.
Y yo te llamo:
Espérame Señor.
Detente,
Júpiter,
Detente...
Que aunque la tierra es un volcán tristísimo,
Queda una Isla flotando en el Caribe
Y en ella hay hombres buenos, todavía.
Ogmande Lescayllers.
Ciudad de La Habana, 5.07.1986.

martes, 20 de enero de 2009

ALGUNOS TEXTOS DEDICADOS A CUBA.

Todos estos textos, excepto, Alfa y Omega escrito en 1987, corresponden al libro La Noria del Exilio. Es la reflexión de un poeta que desea la paz, la felicidad y la libertad de su patria, sin iras, sin miedos, sin odios, sin violencia.
ALFA Y OMEGA.

“El hombre no estaba destinado a pertenecer,
Como el animal doméstico a un rebaño,
Sino como las abejas a una colmena”
I.KANT.

Las nubes se enredan en mi frente
Como pedazos de papel mojados.
Reverencian los pares,
Los conjuntos
Y yo me lanzo a caminar cargado de preguntas.

Cruzo el túnel.
Me ubico al centro de La Quinta Avenida
Y observo como pasan veloces junto a mí,
Los autos cargados de turistas.
Veo los supermercados como se llenan de ánimas.
Veo los comercios, que no son supermercados,
Abarrotados de tristeza;
Sin nada por dentro ni por fuera.
Siento dolor por el destino de las cosas
Y la asonada de los números:
Los autos que ruedan junto a mí,
Rumbo al supermercado
II
Yo soy un hombre solitario.
Desafié a los mercenarios y me quedé sin nada.
Me rebelé contra los dólares
Y los objetos de consumo.
Me volví intolerante con los que iban del país.
En contra, de mis costumbres y hábitos,
Buenamente me hice comunista:
Borré a Dios,
A los santos,
A los ángeles todos,
Menos a la mujer que tanto amo.
Inquirí y requerí,
Boyante como estaba,
Atacaba a todos los demonios.
Sólo eran posibles mis doctrinas.
Mi odio contra el dólar y los capitalistas.
Mi enfermedad, de pueblos e igualdad.

¿Quién me lo iba a decir,
Hermano de la Cruz,
Padre el hombre?
III
Voy despacito.
A lo largo de La Quinta Avenida.
La arteria citadina de los turistas y diplomáticos.
Por donde van volando
Los últimos autos llegados al país;
Los donados y abonados,
Que salen a pescar las “jineteras”.
Las del big bang,
Que tienen un puesto en el Estado.

Limpio mi frente sudorosa.
Me abro la camisa,
Con discreción,
Casi con pena.
Porque voy por el centro de La Quinta Avenida,
Mirando de un lado para otro
El ir y venir de los autos modernos
Y a los turistas extranjeros.
Voy tragándome el mundo,
Odiándome a mí mismo
Y hasta quisiera desprender el cielo.
IV
He perdido los mapas que traía en el bolsillo.
No sé hacia donde voy
Ni en qué país me encuentro.
Perdí mis credos y doctrinas,
Mis presupuestos filosóficos.

¿Yo también tendré que amar al dólar?
¿Me convertiré en un objeto de consumo
O en un consumidor de baratijas?
¿Dónde irán mi carné y mis “principios”?
La intolerancia contra los que se fueron del país.
Mi odio contra el dólar y los capitalistas.
Mi enfermedad, de pueblos e igualdad.
¡OH, Dios!
¡OH, Cristo mío!
Apóstoles y santos.
Pues todavía no sé,
¡Cómo sobrevivimos a la hecatombe..!
V
Voy lerdo,
A paso lento.
No tengo preguntas ni respuestas.
No pienso ni quiero negociar con mis principios.
Tolerar tiene un límite y un fin,
Que no acaban en mí,
También es cierto:
Me enseñaron que el mundo estaba dividido.
Que el Norte es un fantasma.
Que él y el capital son enemigos de los hombres.
A mí me excomulgaron,
Me sindicalizaron.
Me llenaron de gritos y consignas.
Y ahora,
¿A quién voy a pedirle una limosna?
¿Debo aprender inglés,
Para tutearme amablemente con los Yankees?
¿Debo hablar una jerga incomprensible para mí,
Como cuando quisieron que aprendiera ruso?
¿Debo mentir y desmentir como un payaso?

Yo no voy a perder mi identidad,
Compañero “ministro”
“Presidente”.
Si no quepo en este rinconcito
Me uniré a otras visiones;
Las que yo entienda mías.
No iré al supermercado,
Ni a las corporaciones de magnates
Llegados de otros rumbos.

Yo pido solamente que me dejen en paz.
Mi interés es el hombre únicamente.
No hago diferencias,
Porque tengan o no dónde sentarse.
¡Todos los hombres de la tierra,
Todos son mis hermanos!
VI
Conozco las filosofías,
Las religiones,
Los credos, vicios y costumbres
Que necesita el hombre para alcanzar su paz.
Nada es bueno ni malo,
Mentira ni verdad.
El absoluto es tan irreal
Y tan indefinido que no existe.

¿Quién nos iba a decir,
Que los sueños nos hicieran tanto daño?
¿Quién me iba a decir que el dólar es mi luz?
¿Cómo es posible,
Que yo siga viajando
Por el centro de La Quinta Avenida,
Cansado,
Sudoroso,
Asfixiado por el sol del trópico
Y las prostitutas, y “prostitutos”,
Que están de un lado y otro de la acera,
Piensen que soy turista
Y me hablen fonéticamente revesado
Para pedirme dólares, cigarrillos;
O simplemente para hablar conmigo?

¿En qué país estoy, mensajero del alba?
¿Estoy vivo, o he muerto?
¿Mis dioses tutelares me querrán recibir
Si voy al reino que ellos me ofrecieron?
¿Qué hago con mis doctrinas?
¿Las cambio por Marlboro,
Por chicles o gaseosa,
O me rindo también a la evidencia?

No es que sea un hombre puro,
Pero lavaron demasiado mi cerebro.

Yo dictaminaré, en comunión con todos.
Alfa y Omega.
Mi corazón, debe seguir latiendo.


UNA HISTORIA QUE PUDO SER FELIZ.

Todos estaban muy felices. Eran días felices.
La gente se abrazaba y reía y cantaba.
Yo también festejaba la alegría de los otros
Y era feliz, por ellos;
Aunque no comprendía ni entendía,
Que estaba sucediendo en torno a mí.

Parecía que la fiesta jamás tendría final.
Las gentes entraban y salían de sus casas,
Iban de guayaberas,
Algunos con, y otros sin sombreros.
Pareciera que todos eran hermanos;
Que la ciudad era una sola casa,
Que celebraba los esponsales de alguien.

Yo aún no había nacido,
Pero pienso que todo fue muy bello,
Porque se celebraba, según se había pensado,
El día de la libertad.
El día primero, del primer mes del año,
De mil novecientos cincuenta y nueve.

Los muertos quedaron en los campos de batallas.
El odio y las desidias andaban todavía por los caminos.
Todos querían cerrar viejas heridas, pero no ocurrió así,
Porque no hubo perdón de un lado ni de otro.
Si el hombre, no olvida, ni perdona,
La historia se puede repetir inevitablemente.

La tierra estaba enferma, con tantos cadáveres sobre ella.
La tierra, fue pasando de una mano a otra,
De un propietario a otro.
Las fábricas, las casas, los bancos, el ganado, los sueños;
Todo iba pasando de una mano a otra,
Con la anuencia de los nuevos poderes,
Que eran, quienes más cogían y confiscaban.

Es justo que cada cual tenga lo suyo y, que la tierra,
Sobre todo la tierra, sea del que la trabaja.
Pero el Estado no puede convertirse
En propietario de la vida de nadie,
Ni decidir por nadie, si éste no le autoriza.

El sueño poco a poco se iba disolviendo.
El pueblo poco a poco comenzó a despertar;
A darse cuenta, que les habían mentido,
Y que lo utilizaban demagógicamente.
El pueblo se dio cuenta que todo era mentira.
Que un dictador se fue para imponernos otro,
Con sus ganglios inflados, de repetir consignas
Y discursos que nunca terminaban.

Cuba volvía a morir y a padecer.
Los cubanos volvían a separarse,
Por culpa de los comandantes,
Los generales y los doctores.
Le mataron los sueños a la isla;
Los deseos de vivir y la ternura.
La inocencia de tantos y tantos adjetivos.

“La Revolución” fue fusilada
Por los comandantes de la Sierra.
Los que supuestamente eran sus dueños:
Desfalcadores, libertinos, gángsteres.
Y el sátrapa saltando,
Dándonos lecciones de ideología y justicia,
Cuando él era el peor de la manada.

Todo pasó al Estado, hasta los sueños.
Soñar en singular era pecado;
Alta traición, si lo hacías en plural y con mayúscula.

Muertos, muertes, cárcel, destierro, fusilados;
Hasta llenar las nóminas del odio.
Hasta hacer de los sueños pesadillas.
Y todos dejamos de dormir
Y comenzamos a padecer insomnios;
A morirnos de veras.
A morirnos de hambre.

Íbamos como locos, con la libreta de racionamiento:
Nos racionalizaron, el pan, el agua;
La forma de mirar y comprender,
El aliento, también el apetito, el vocabulario,
Y como es natural, intentaron quitarnos la palabra.
Podías usarla, para endiosar al comandante,
Para denunciar a tus vecinos, a tus padres y hermanos,
Porque el imperialismo puede estar debajo de tu almohada
Y allí, donde se encuentre, hay que hacerle la guerra.

A todos nos mataron un poquito.
De una manera u otra, nos mataron:
La consigna era, patria o muerte.
Pero a la patria también nos la mataron
Y nos dejaron con la boca abierta;
Con los deseos contenidos,
Con la consigna,
Clavada como un dardo en la garganta.
Y nos dejaron huérfanos,
Corriendo de un lado para el otro,
Saltando la malla del exilio,
Dilapido amor, paz y justicia.
Pero la humanidad no quiso pronunciarse.
Nos abandonaron los políticos,
Los amigos de adentro y de afuera,
Las instituciones,
Nos llamaron inmigrantes económicos,
Se negaban a reconocer nuestros derechos.
No querían escuchar nuestras demandas,
Cuando empezamos a entrar por las fronteras.
La satrapía gozaba, al conocer nuestros sufrimientos.
Nos llamaban escorias, apestados, apátridas, gusanos,
Hasta llenar un plano escatológico.
Hasta que un día, la satrapía empezó a disfrutar
Con nuestros dólares, y nos fuimos convirtiendo,
Sin querer, en la mejor empresa del Estado.
Los “bichos” de la diáspora,
Mandaban sus remesas familiares.
Y la prostitución, que ya era enorme,
Se hizo más grande todavía.

Los intelectuales de la isla no tenían qué decir;
Pero decían, que aquello era el paraíso.
Que dios había bajado en forma de caballo,
Con un acompañante que era mula
Y un montón de sicarios y serpientes,
Formaban la yeguada.
El zoo tenía de todo:
Perras enfermas, lagartijas, guacaicas
Y en el Ministerio de Cultura, una pájara pinta.
Eso decía algún intelectual arrepentido,
Que comió algunas veces, en la sartén de las heteras.

Aquella historia pudo ser muy feliz,
Si las cosas se hubieran realizado,
Como el pueblo pensaba.
Otra vez nos mataron,
Y rompieron la isla como a un coco.


LOS QUE NO FUERON Y AHORA SON.

Me hice disidente,
Cuando esta palabra no existía en mi país.
Al que estaba en contra del sistema,
Le llamaban escoria, apátrida o gusano.

Me echaron a la cárcel con un montón de ellos,
De los cuales, ninguno, era disidente.
Muchos, los que estaban allí,
Fueron representantes del gobierno.
Miembros todos, del llamado Partido Comunista.

Habían prevaricado, desfalcado los fondos del Estado.
Habían arruinado aquel país,
Y ahora eran reos de sus ruinas.

Yo tenía mi culpa
Y por ella había sido condenado:
Acusé al presidente y a todos sus acólitos
De hundir a la nación en la miseria,
De encarcelar a hombres indefensos,
Por exigir justicia y libertad.
Me querían fusilar,
Tan solo por decir estas palabras.

Sentí pena del mundo y de los hombres,
Por no darles respuesta a mis demandas.
Sentí la muerte rondando mi cabeza,
El día que leyeron mi sentencia.

Estaba solo,
Nadie se pronunció a mi favor;
Porque ser disidente en mi país,
Es un crimen de lesa humanidad
Y salvo algunos casos,
Nos dejaron con vida,
Sabrás Dios,
Con qué intensión lo hicieron.

Unos años después, de mi condena,
Me echaron al exilio;
No era yo quien venía; sino mi sombra.

Cuando llegué al país que me asignaron,
Mi amigo, Enrique Trueba,
Un hombre cabal y solidario,
Me acogió como a un hijo y me mostró el camino,
Por el que él, como yo, iba de paso.

Aquí también, entre los míos,
Me encontraba muy solo.
Era gente de alcurnia:
Banqueros, empresarios,
Dueños de restaurantes,
O simplemente resentidos
De la dictadura,
Que algunos de ellos llevaron al poder,
El primero de enero de mil novecientos cincuenta y nueve.
A estos señores,
También les llamaban escorias, apátridas, gusanos;
Ahora, en la distancia, querían comerse el mundo.

Los carabineros de Castro, el dictador,
Que entonces había muchos en Madrid y en toda España,
No sé por qué razón, alguna vez,
Quisieron secuestrarme.
Quizás, sabían que yo, conocía muchas cosas,
Que aunque ya no eran secretos para nadie,
En mi boca,
Podían causarles daño.

Yo nunca fui chivato, ni lo seré jamás.
Siempre perdono, aunque jamás olvido.
Tengo una gran memoria,
Eso se sabe,
Pero en asuntos como estos,
A veces prefiero hacer silencio.

Como la espuma, que el sol golpea sobre la arena,
Yo desaparecí del hemiciclo.
Vi, como otros, armaban sus cotarros:
Se autoproclaman disidentes
Y acusaban, a los que de verdad dieron la cara,
Al no ir por Madrid, cargados de pancartas,
Junto al Partido Popular
Y los americanos de George Bush.

Los malos pecadores buscan aguas revueltas.
Los verdaderos, pescamos con las manos,
Para que el pez se entere,
De una vez y por todas,
Que no tenemos miedo.


LOS DÍAS DE MI EXILIO.

Quería volver a casa a finales de año.
Me fui hasta el consulado,
En busca del Cónsul General.
Cuando llegué a la puerta, le di mis credenciales
Y el hombre de la puerta me miró desconfiado.
Hurgó entre sus papeles y, sin alzar la vista,
Me devolvió mi documento de Asilado Político
Y me dijo entre dientes:
-“Váyase, por favor, no me busque problemas”.

Yo le miré sereno, fijamente a los ojos.
Él bajó la cabeza, llamó al siguiente de la fila.
Me quedé silencioso,
Con ganas de pegarle tres tortazas;
En ese mismo instante, anunciaba la radio,
El final de la guerra en los Balcanes.

Volví a la calle, con deseos de hacerme terrorista,
De convertirme yo también en dictador;
De incinerar todo lo que encontrara por delante…

Me dirigí hacia un parque,
Me senté debajo de unos árboles,
Leí la última carta de mi madre,
En la me contaba su delicado estado de salud
Y la situación en la que se encontraba mi país.

Lloré,
Porque la impotencia a veces se hace lágrimas,
Añoranza o metralla,
De acuerdo en la mente donde esté.

El tiempo ha ido volando,
Mis lágrimas creciendo,
Mi añoranza engordando como un toro cebú;
Imaginando, a veces, que algún día en mi país,
“Se abrirán las grandes alamedas”.


LAS HIJAS DE MI ISLA.
Para mi amiga la Dr. Valia Benítez. Bayamesa, como yo.

A ti te duele el aire;
El asma de los aires y los abrevaderos.
Mi isla sueña y duerme en mi costado.
Gravita entre las nubes
Su cintura caliente de pomarrosa y mango,
De monte y huracán.
Tambores y maracas.

Sueña, duele y se duele,
Y le muerden el pubis,
Borrachos de marismas y aguardiente.
Y giran las giraldas,
Que el europeo llama jineteras.
Y giran en el viento tornasol,
Como los remolinos
Y las hojas que caen sobre la tierra.

A ti y a mí nos duele el corazón.
Nos glamurea la sangre,
De los fetiches, y las imprecaciones.
Nos goznea el paladar al reclamar justicia,
Al pingonear deseos y más deseos,
Por ver la luz sobre los cafetales.
Por ver mis palmas libres de codicia.
Por sentar a mi isla junto a la libertad,
Para que mis hermanas,
No sigan siendo ofertas de turistas;
De nimbados caínes de las carnes,
Hurones europeos y canadienses,
Que ignoran el elixir de una hembra,
Nacida del amor y de los sueños,
Como los arco iris de mi isla.

Te llaman “jinetera”.
Qué maltrecha palabra esa con que te nombran.
Que hideputa han ido a grabar tu dolor,
Con dólares, vituallas, bisuterías y cosméticos.

Nada sabe del hombre quien no lo es.

Y de mujer, que a veces casi niñas,
Colgando en el regazo de la madre
El extranjero impúdico y cobarde,
Quiere hacer mercaderías de sexo,
Que en su país no encuentra.
Y muy cristianos ellos,
Viajan hasta la isla comunista,
A saciar sus instintos pederastas.

¡Ay, la vida, y las instituciones!
La civilización y los civilizados
Y este mundo global, globalizado,
Por las finanzas de las transnacionales.

Mientras tanto, mi isla sigue ardiendo
En las turgentes aguas del Caribe.
Bajo la luz del Trópico y la sombra agorera
De un gobierno de sátrapas, empresarios,
Turistas desalmados, que mercadean
Con la miseria de mis hermanas huérfanas;
Que vuelan, como ánimas, sobre el Golfo de México,
En el tortuoso camino hacia Miami,
O hacia cualquier lugar,
Donde no sean objetos de deseos.

Nos duele lo que a otros satisface.
Pero si el hombre nace de mujer.
¿Cómo es posible que llame “jinetera”,
A quien le da la luz,
O a quien le ofrece el mundo
Sobre un nido de sábanas y almohadas?
Yo no les llamo hombre a los rufianes.

Porque lo único,
Que hace distinto al hombre de otros animales;
Es el amor sin término y sin tiempo,
A esas mujeres que nos traen al mundo.

Pero hace falta luz;
Mucha luz en la tierra.
Y un enorme arco iris sideral,
Sobre mi isla de maracas y cañas,
Que reivindique en olas de algodón,
A mis hermanas, de ojos septentrionales,
Para que el pueblo dance,
Sin que entren al ruedo,
Los turistas misóginos.


LA NORIA DEL EXILIO.
“Dame una patria,
Que me haga olvidar todas las patrias”.
NIZAR KABBANI

Yo estoy aquí, pero allá están mis huellas.
Dicen que todavía se oyen mis palabras,
En las aulas de la Universidad
Y en todos los rincones de la isla,
Por donde iba diciendo mis poemas.

También se oyen las voces de mis persecutores,
Los interrogadores,
Los policías y los “cederistas”,
Que iban tras de mí,
Porque decía versos incendiarios.

Yo solamente hablaba del amor y la paz,
De la ilusión de un sueño,
Bajo la luz de un mundo compartido.
Por eso me echaron a la cárcel y más tarde al exilio,
Con un pasaporte de ida sin regreso.
Mis huellas no me duelen.
Me duelo de mis huellas,
Bajo el tronco de un árbol federado,
Tapiado y solitario,
En las oscuras mazmorras del silencio.

El exilio me enseñó nuevas palabras:
Soledad, desarraigo,
Nostalgia, hambre, tristeza.
Ensombreció mi fe y mi esperanza
Y me hizo desconfiado;
Yo que siempre esperaba
Ver brotar de la tierra,
Lo mejor de la vida y de los hombres.

Aquel amargo día,
Vi llorar a mis padres y a mis hijos,
A mis hermanos y todo el vecindario,
Que me decían adiós, ocultamente,
Para que nadie los imputara de traidores.

Yo callaba y miraba,
Entre las bambalinas del silencio.
Tenía prohibido alzar la mano,
Articular palabras,
Hacer un gesto para despedirme,
Sabedor que quizás, jamás volvía.

Qué larga y misteriosa la noche de mi exilio.
Aún duerme en mí constado,
Para que no me olvide,
Que la ausencia gobierna mi existencia.
Y que vivo en un país prestado,
En el que a casi nadie,
Le importa para nada mis problemas.

Llevo una malla enorme en la garganta.
Y un pétalo clavado,
En las cornisas de mi corazón.
Aquí, en estas calles,
No soy más que un extraño.
Y de nada me sirven mis años de academias,
Mis doctorados y mi filosofía.

Quiero decir mis cantos,
Mis poemas de fiestas,
Mis loas al progreso y a la paz.
Pero por todos partes se abren las anillas,
Las amenazas de los gobernadores,
El humo de la muerte y los clavos del viento,
Que siguen persiguiéndome en la ausencia.

Pesa mucho esta carga,
Esta terrible noria del exilio,
Este gancho de hierro incandescente,
Que te surca la piel y no te deja,
Que contemples las aguas.

Vengo de lejos.
Yo vengo de muy lejos,
De un poco más allá de lo remoto.

Allá en mi casa,
Al lado de la mesa mi silla está vacía.
Mi cama está vacía,
Un profundo silencio,
Recorre los pasillos,
Por donde transitaba, los fines de semana,
Junto a mis padres, que deseaban saber,
Por donde iban mis sueños de poeta.

Aquí, desde mi exilio,
Quizás, alguna vez descubra,
Las luces fulgurantes de la aurora.


LA ISLA AMORTAJADA (II)

Seriadas con voces ancestrales;
La brea que arde en los campos de la isla.
La isla asesinada,
Polinizada en la estación del puerto.

Ella, mujer de espuma,
Cielo de aguas,
Con el azul y el verde en la cintura,
Forestada por dentro por las sombras,
A punto de nacer en otra isla.

La noche en cintas le brota de los pechos,
Se tercia sobre el mar,
Trenza las nubes,
Va y viene entre los mangles,
Delineando el paisaje de la costa.

Todas las soledades le conocen.
Ella, hembra de sal,
Viste de palmas
Y se desnuda a contraluz,
Como la luz de un faro que muerde el horizonte.

Allí,
Sobre el Caribe mar, le nació al mundo,
Luego la laminaron,
La sesgaron,
Le mordieron el pubis y la lengua;
La incendiaron y la domesticaron,
Los dioses de la curia y de la gleba.
La isla no murió, ni sintió miedo,
Porque el sol es su rey y su gobierno.

Del corazón al viento, sus mareas,
Pródigas en venturas,
No hechas al azar,
No hechas ni vedada sin amparo,
Siempre vivió de sí,
Contra los vientos.

Aguas canijas le palpan la cintura.
Aguas preñadas de fuertes huracanes,
Sudan,
Suman,
Les restan geografías
Sobre un cardume de hojas amarillas.
Hojas de otoño, que se traga el invierno,
Cuando el verano le moja las espaldas.

Al Norte no.
Al Sur sus pies le crecen.
Se plisa en ella el ancho resplandor de las corrientes
Y los sargazos, que ahora enrumban otros sueños,
Asumen el vaivén de los insectos.

Al Norte no,
Al Sur,
Aguas vecinas atizan corazones.
Proas e inciensos;
Abortivas mareas de colores,
Les nacen a los acantilados,
En pergaminos verdes de caletas.

Al Sur el mar.
Al Norte,
Bayonetas y arcabuces;
Sangrantes peñas que auguran pesadillas,
Muertes al entresijo de mi hamaca,
O de mi cama, hecha polvo y cenizas,
Donde parieron mis hambres y mis muertos.

El camino borrado y, los espejos,
Con el índice puesto en las cumbreras.

Isla asolada,
Isla,
Frontispicio lunar,
Piedra de choque,
Encallada, tal vez,
Por mil razones:
Te sabes sol y luz,
Te sabes hembra;
Paraíso causal de las mareas,
Y de los mares, en los que me sumerjo,
Para fondear tu cuerpo junto al mío.


ISLA DORMIDA.

“Un hombre no es nunca pobre del todo
mientras tiene lengua en la boca”
AMIN MAALOUF

Llevo esta carga que no quiero quitarme
Ni dejársela a nadie.
La acomodé en mi hombro para hacerle un lugar,
Antes que los poderes la dejaran desnuda,
En el lago infernal de la codicia.

Mi isla va conmigo a todas partes.
Respira por mis poros y danza entre mis sueños.
Hace de corazón,
Cuando la azotan los vientos de la guerra.

Su resplandor es mío, multiplicado.
Nace del humo incierto de la vida,
O de los manantiales del deseo.
Y brotan, como pájaros,
Los días y las horas que dejamos atrás,
Los instantes sin tiempo, de un perfume inodoro,
O de la espuma,
Que la danza del mar deshoga en las arenas.

Veo como los habanos pasan de boca en boca:
Churchill, Roosevelt, Sadam Hussein,
Don Felipe González,
Y hasta el descafeinado de Rajoy;
Todos, como una gran encíclica de humo.

Y larga Hemingway, su ron de caña.
Jean Paul Sartre,
Su pipa de domingo, a la francesa.
Más adelante, o un poco más atrás,
Bajo el farol del tiempo,
Saltaban las pistolas y las navajas de Al Capone,
La calada inefable de Luciano,
Mientras Lansky,
Lanzaba un strike desde el montículo.

Aguas pasadas, dije.
Y apareció en sueños Capablanca.
Pero un Cadillac negro torció el tiempo,
Y entraron pitorreando por La Quinta Avenida,
Las huestes de Jruschov con sus misiles.
Y el paraíso ardiendo en La Florida,
Cuando Kennedy iba por dinero,
Para que los invasores,
Entraron sin problemas en Girón.

En tanto, yo dormía con mi isla al costado.
No la dejaba irse.
Me acurrucaba debajo de su saya.
Chupaba de sus senos infinitos
El aliento del mar y de la tierra.

La atmósfera sudaba y se dormía,
Se cargaba de polvo el calendario;
Nubes de inciensos iban y venían,
Por los ingenios y los casinos de la isla.

A punto estaba entonces la hermenéutica,
Cuando Yemayá sacó la mano
Y a la Ceiba del patio la rajó una centella.

Misterios, misteriosos misterios siderales,
Cayeron como ráfagas,
Sobre el cañaveral y los cafetos.
II
En mi país, hay un nombre que no nombro.
Un gobernante que jamás gobierna.
Una economía sumergida.
Un partido que manda en solitario.
Un río, cuyos afluentes, se detuvieron en el siglo XX,
Porque no comprendían la falocracia.

La piedra sigue ahí, sembrada en la boca de los muertos.
La gente de mi isla come piedra.
Les inyectan hormonas de lombrices,
Le amputan el cerebro a los que piensan
Y te echan al mar si te rebelas.

Me duele la epidermis; quedo manco.
Quedo mascando en seco mis dolores.
Me anudo en la botella y más tarde me anulo;
Porque la tarde llega en sus alisios
Y la noche pretende los terrales,
Como los elegidos que van en bicicletas.

¿De qué te sirve el pan, si la paz no prospera?
Y yo, más diminuto que un grano de mostaza.
Sin patria, sin sombrero, sin ego ni apetito;
Eso sí, a la espera, como la ONU y la Unión Europea,
Como Estados Unidos y los aventajados de Miami.
La creen de lacra,
La mediana redonda de los cráteres.
La Partagás, la Bacardí, la Súgar Company
Que observan,
Como entran y salen de la bahía los barcos.
Y después,
Después a divertirse a Tropicana.
Y tú,
Y yo,
Niños taimados,
Guardando en la mirada los escrúpulos,
La bandera y el himno de Bayamo.
Allá en el fondo, sí, al fondo de la plaza,
No la plaza gigante del desfile,
Si no esta otra, donde brilla la luz catedralicia,
Y los eunucos vestidos con sotanas.

Isla dormida al sol, crucificada.
Primero por la sed de la conquista:
El látigo y el fuego sanguinario;
Luego el mister ladrón, los generales,
Y los “libertadores marxistas-leninistas”.

De qué me sirven el verbo y la palabra,
Hermanos de mi patria;
Si me tienen prohibido hablar contigo,
Y ni siquiera puedo llamarte, compañero.


BALADA DE AMOR DE UN EXILIADO.

“Un inmigrante nunca llega con las manos vacías”.
ALBERT EINSTEIN

Estoy cansado de caminar a solas,
De mirarme las manos y contemplar el cielo.
Aquí y allá las puertas se te cierran.
Eres como una sombra en un país extraño,
Donde pasas sutil como la brisa.

Llevas un ancho mapa en la mente
Donde están señalados varios puntos:
Aeropuertos, ciudades, amigos de otros tiempos,
Que a lo mejor no están
Y hasta un puerto sin dique donde amarrar la nave.

Llevas acuesta la nada que puedes sacar de tu país.
Un pasaporte, ya sin curso legar.
Un visado caduco para ir a una tierra a la que no llegaste,
Porque al entrar en Schengen la poli te detuvo
Y te aplicaron el artículo 5 del Convenio.

De ahí te deportaron a una tierra de nadie,
En la que nadie quiere saber de ti
Y donde no puedes decir una palabra
Porque ignoras el idioma que se habla.

Como yo, hay en el mundo millones de argonautas,
Hombres que los estados han ido despojando de derechos,
Por no oír sus falacias,
Y sus filosofías incumplidas.

Nos exportan y luego nos deportan.
Nos fríen en la sartén de los poderes,
O nos hacen carbón y, si no huyes,
Te convierten en lápiz de grafito,
Y poco a poco te van sacando puntas.
Y poco a poco te van haciendo yescas.
Y poco a poco, si no apuras un poco,
Una fosa común, pasa a convertirse en tu morada.

Así pierdes las calles;
Las sandalias que llevas en tus pies.
El sombrero que cubre tu cabeza.
El corazón que aún sigue pulsando,
En busca de la meta que soñaste,
Unos días después del nacimiento.

Ya el cielo no es igual, ni los caminos.
Desde los calabozos no se ven las estrellas.
Los agentes van y vienen armados,
Por los caminos con los que ayer soñabas.
Y sólo hay sombras, y sombras y más sombras¼
Menos en tus deseos, que siguen imaginándose la luz.

¡Todo cambia, caramba, todo cambia!
El mar es un volcán frente a tus ojos.
La dicha y la desdicha son gemelas.
Y el brillo de los astros, una gran golondrina
Con las alas torcidas por el viento.

Todo ha cambiado, incluso hasta tus sueños.
Tú creías en los hombres, en los astros y el verbo,
En la naciente luz de la mirada,
En el fuego del alma y en las rosas.

Creías en la sonrisa y en el beso,
Hasta que un día te encontraste solo.
Luego te fuiste zafando las amarras.
Saliste huyendo del huerto y de la gente,
Por temor a los clavos y al martillo.
Supiste que el martillo y el martirio eran un mismo objeto,
Con los que el poder arma sus farsas.

Oh, sí, los clavos.
Ahí los tienes por miles y como complementos:
Cárceles, calaveras, hambre, destierro.
Y un poco más allá,
Una mochila llena de infortunios.
Una bolsa de sal, una orden de arresto o expulsión
Y mil carabineros tras de ti,
Por si acaso intentas camuflarte.

Bonito mundo el mío;
Yo que vine al exilio buscando la esperanza.
Imaginando sueños de otros tiempos,
Cuando otros venían a mi país
Y se hacían millonarios,
Y luego se quedaban con la tierra;
Las arcas de la tierra y el sudor de los hombres.
Yo pensaba que éstos me darían la mano,
Cuando el recuerdo les removiera el alma.

Pero el que sube, se olvida del de abajo.
Y si puede lo quema para que no importune.

Por eso miro el agua,
Las aguas de los ríos que mitigan mi sed,
No la de los océanos,
Por donde van mis sueños, apenas sin memorias,
Fundidos, en estas hambres que me impone el exilio,
Frente a la turbamulta que aplaude mi partida.


15 AÑOS DESPUÉS, CRUZO SOBRE MI ISLA.

A todos los que como yo, viven en el exilio.

Yo, el inesperado, y hasta pensé que un día,
Podía pasar de largo sin mirar hacia atrás;
Sin sentir como duelen las llagas del destierro,
Sin tenerme por muerto e insensible,
Al ver mi isla dormida en el ocaso.

A novecientos metros sobre ella,
Una tormenta eléctrica le dibujaba el rostro;
Intentaba animarle para que no muriera,
Arrinconada entre los farallones de la costa.

Y el animal metálico en el que iba sentado,
Rebotaba en el aire, mientras mi corazón
Y mi cerebro, se llenaban de vientos y huracanes.

Yo sé lo que es que morir de amor,
A novecientos metros de altitud.
Tenerla a ella, ahí, bajo tus pies,
Dormida en el silencio de la noche,
Mientras me desvelaba,
Al verla y saberla prisionera,
De los imperativos del destino.

Y fui pasando de Orienta hacia Occidente,
Por la región del sur,
Donde ladran y muerden los terrales,
Y los alisios te llevan y te traen,
Sobre el temible Paso de los vientos.

Nada me parecía, después de quince años
Atado a las cadenas del exilio.
No tenía palabras para ella,
Y mucho menos, a la altura que iba,
Con un cordón atado en la garganta
Y la mirada escasa, insondable y furtiva,
Sin saber si volver o si quedarme.

Era tarde en la noche
Y esa misma tardanza se hacia olvido.
Después me fui quedando en el deseo,
Envuelto en el silencio y la distancia,
Sin poder pronunciar ni una palabra.


Ogsmande Lescayllers.

lunes, 19 de enero de 2009

MARTI EN EL HORIZONTE.


MARTÍ EN EL HORIZONTE.
El primer deber es el amor.
ITALO VOLPI.

José Martí, fue un iluminado. Todo lo que hizo y pensó, iba marcado por ese designio. Vivió a plenitud su tiempo y, esa misma plenitud la proyectó hacia el futuro. Era un conocedor sagaz de la existencia y ese conocimiento le permitía hablar de todo a plenitud.

Si algún defecto tiene su obra, no fue de cálculo, sino logístico, porque como es sabido, la lógica infiere más en el terreno dialéctico que en el campo de lo pragmático. Y, cuando se andan haciendo cosas juntas a la vez y a la velocidad del viento, la lógica puede hacer aguas por alguna parte.

Iba haciendo y aprendiendo. Quizás de ahí le nace esta reflexión que es todo un programa. “La hora de acción no es momento de aprender, es preciso haber aprendido antes”. Pero “antes”, y, de hecho lo es, puede ser el instante anterior. Porque su tiempo, más que por el reloj que lo anunciaba, estaba marcado por los latidos de su corazón y por la marcha de su espíritu permanentemente en acción.

Martí fue un luchador, constante y sereno. Su liderazgo en todo lo que hizo, no tiene discusión. Y, los que les juzgan, o enmarcan cobardemente sus defectos, errados ellos mismos, por la miopía de sus vistas y estrechez de mente, no nos cabe otra idea más afortunada, que lamentarlo, porque de nada sirve entrar al juego de la ignorancia contra los que ignoran y se postulan sabios.

El buen agricultor, cuando la tierra pierde fuerzas y el surco queda débil, en vez de abandonarlo, lo abona o lo deja reposar un tiempo, hasta que gane fuerzas de nuevo, para que el plantón crezca robusto.

Nadie aprende manoseando obras. Hay que leerlas. Si no vas a la raíz, siempre andarás flotando, e ignorante de lo que hay en lo profundo dirás cualquier cosa, menos lo que es. Así no se aprende a construir.

Martí forma parte de la leyenda, pero no es eso, su razón y su postulado son ley. Van más allá de la leyenda, del mito y las especulaciones. Grande fue y es. En su patria natal, nadie le ha superado. En su América, que tanto amó, no ha habido otro igual. En el mundo, muchos se pueden equiparar a él y, aunque otros nombres suenen más, no es porque hayan sido mejores, sino porque él tuvo menos prensa y menos tiempo para dejar su impronta en el camino hacia lo definitivo.

Quien todo y nada fue, siempre anda envuelto en el misterio. Por esos rumbos andan los pasos de José Martí, un hombre de su tiempo y de todos los tiempos. Quien ni la muerte misma, que todo lo borra, pudo sepultarlo en el olvido, porque en la medida que los tiempos corren, su figura majestuosa y sencilla, se va ensanchando en el horizonte.

No hay fin en la naturaleza ni en la vida. La existencia corresponde a lo perpetuo. Martí se da cuenta muy pronto de esa verdad y se apodera de ella hasta llegar a definirla. Y la anuncia así, cuando nos dice:
“Y el vivo que a vivir no tuvo miedo
Se oye que un paso más sube a la sombra”.

La sombra siempre va en representación de algo, ninguna va sola. La sombra no deja huella porque representa el otro estado de la materia, pero existe y no se puede negar su realidad. Martí va más allá, oye su paso. Ya no es sólo un hecho visible, es, además, audible.

Quiero, sin que medien escalas, entrar en el reino del poeta, con el ánimo cierto de ir midiendo, paso a paso, la anchura de sus huellas, sus destellos de luces, el eco de su voz y el coro de imágenes que le acompañan en sus soledades.

MARTÍ POETA.

La palabra poeta, para mí, como en los tiempos antiguos, va más allá del hacedor de versos. Yo lo veo como el ser total. Porque sólo quien es iluminado puede iluminar. Y la poesía de José Martí, es iluminación iluminada, que nos llena y nos asombra como cualquier otro acto de su inteligencia y pensamiento creador.

Fue, quizás, el más moderno de los modernistas, y es, sin duda, el más creador de los creacionistas, aunque para entonces, no estaba en uso este último término. Pero las cosas no radican únicamente en las palabras que las asignan o nominan, sino en su esencia. Y antes que Huidobro y otros que más tarde acuñaron el término, “Creacionista”, ya Martí lo había hecho en un discurso sobre “Nuestra América”. “Crear es la palabra de orden”. Señaló Martí. No dijo en qué, es cierto, pero creador y poeta él, bien puede pensarse que por ahí les fueran los instintos y no hay por qué negárselo.

Gloso esta idea y, adrede, la dejo al desgaire. No de base, sino como cuña para sostener la base, que en su momento, necesita la urgencia de otros en el impulso hacia arriba.

Martí fue un poeta total y totalizador y dio al género, nuevos aires y nuevos rumbos, dentro y fuera de su contexto. Color, brillo, sonoridad, sabor, elegancia y soltura tiene su poesía. Todo cuanto hizo, iba precedido por la libertad y, al cantar, de su interior brotaban himnos a la vida. Por eso cada día hallamos en su obra, nuevos ecos que anuncian la marcha hacia el conocimiento; o hacia la luz.

Grandes poetas le presidieron, otros, grandes también, viviendo en su tiempo. Él venía agasajado por la naturaleza, al ver la luz en la “siempre fiel” isla de Cuba; “la tierra más fermosa que ojos humanos vieran”, al decir de Cristóbal Colón, el Gran Navegante Genovés.

Su maestro, protector y poeta, José María Mendive, ayudó a empinar aquel retoño que como un crío recién salido del la hueva, quiere abarcar de golpe toda la luz del mundo. Primero Homero, Virgilio después y, en, Nueva Gerona, Isla de Pinos, en casa del catalán, José María Sardá de Gironella, se empieza a interesar por el Cantar de los Cantares. En el Divino Libro, fue escalando y conformando su visión mística y terrena de la vida, hasta llegar al hombre, con sus defectos y sus virtudes, hasta conformar la unicidad del ser total, pensando que esto último era lo mejor para el progreso humano.

Al partir de la isla, rumba a España, aún sin tener cumplidos los 17 años, ya ardían en él las llamas de la hoguera terrible, que dejan en el hombre las torturas, la cárcel, el destierro y la muerte. Pero en su corazón ardía también el soplo vital de la existencia, que sostenía sin frenos dentro de él, las llamas del amor.

Sobre las aguas del ancho océano por donde iba el barco que lo conducía hacia España, traza las líneas de un libro manifiesto: El presidio político en Cuba, aunque está escrito en prosa, en cada línea rezuma la poesía, porque en él, el amor y el dolor marchan como hermanados.

En España encuentra lo que necesitaba, lo que le urgía saber, conocer desde adentro. La larga y rica historia de la península ibérica, desde los fenicios, griegos, romanos, godos y visigodos; la España árabe del Al__Andaluz, el Cid, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Meléndez, Góngora, Quevedo, Cervantes, los Krausistas; sobre esos horizontes del saber, va puesta su mirada alerta y vigilante. Ya lo tenía claro, “la hora de acción no es momento de aprender…” Como siempre y, cuando de justicia se habla, nada mejor, para hacer las bases, que el buen conocimiento de las cosas.

Algunos no lo entendieron en su momento, pongamos el caso de Unamuno o Menéndez Pelayo, pero fue porque no le conocieron. Le miraron, pero no lo observaron, de ahí lo endeble de sus juicios. Y es que a veces los grandes no suelen observarse, porque como van parejos, no buscan virtudes, sino defectos, para achicar al otro.

A Martí, como al universo, hay que contemplarlo desde el horizonte. Las cosas grandes se observan desde lejos. Desde dentro perdemos la perspectiva del radio de la circunferencia, porque, como dice el I Ching. “El ojo no se ve asimismo”.

Cuando leemos a Martí, le oímos, le seguimos; nos llenamos de él. Porque su modo de hacer y su arte se adueñan de nosotros.

Poeta en prosa y en verso, conocía sobradamente las reglas de ambos. Por tanto, intentaré usando sus propias valoraciones estéticas, ir descifrando el embrujo de su poesía.

Sabido es, que nadie puede ser crítico de su propia obra, pero en el caso que nos ocupa, podemos ir configurando, dada su recia personalidad, el perfil creador y personalísimo de este iluminador iluminado, que forjó las bases para una poesía nueva y revolucionaria. “Contra el verso retórico y ornado, / el verso natural”. Sentenció. Y seguidamente nos dio una obra libre de ripios y oropeles, ferviente y hervorosa como su sangre.

Martí elogiaba criticando. Señalaba la mancha, para dejar sentado que todos las tenemos, porque “el sol con la misma luz que alumbra quema”. Su poesía era también, sombra iluminada, instrumento de, y, para la lucha.

Sus dotes psicológicas no imitan pautas, porque él va siguiendo sus propios cauces y creando sus propios cánones, los cuales rompen los marcos estrechos de la psicología tradicional. Hoy, y de hecho, algunos así lo han visto, lo situarían en lo transpersonal o trascendentalitas, no por lo místico, sino por lo mistérico y mítico que hay en su hechura universal. Lo que sabía, lo que conocía, no le venía de la abundancia de sus lecturas, ni de las interminables horas dedicadas al estudio, sino de su natural humano.

Su universo cultural, como el de todo gran hombre, le nacía de su naturaleza observadora. Pues, tiempo libre, nunca lo tuvo, porque su escaso tiempo, todo o casi todo, se lo dedicó a la lucha por la conquista de la libertad de su patria: Cuba.
En toda su obra y, naturalmente, en la poesía se percibe ese acto.

Amor y libertad fueron sus dos caballos de batallas; de uno y otro lado, dejó perfectamente definido su más hondo sentir. “Yo sólo sé de amor. Tiemblo espantado cuando, las pasiones del hombre envuelven tercas, mi rodilla”. Así dejaba, manifiesto, su concepto sobre el amor y el desamor. Y, en un acto de pareja naturaleza, definía la libertad como “el derecho que todo hombre tiene de pensar y hablar sin hipocresía”. Creo que no dejó lugar para dudar, de cuales eran las líneas maestras de su proceder en todos los ámbitos.

Sabía tejer y destejer versos como pocos de su tiempo. Los hizo libres y en rimas, todos ellos exquisitos, elevados y novedosos, en registros que hoy nos parecen contemporáneos y, generación tras generación, vamos oyendo esos hervores formidables y anunciadores de su arte poética.

Su poesía, como las grandes cascadas, lleva el impulso, no del agua, sino de la luz. De ahí su majestad astral, su ímpetu profético, cosmogónico. Oigámoslos.

Mira esta dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Este es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Esta, OH misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña,
Esta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.

En este poema, cuyo título es, Yugo y Estrella, lo trascendental, lo cosmogónico, lo humano vivo, aflora y se hace ascender desde el interior al exterior, hasta forma una especie de correspondencia entre ambos polos o extremos. También afloran y se hacen visibles algunos datos biográficos del autor, que nos sirven de corolario para ahondar en su origen.

Alerta, Martí, que destino le toca al hombre sumiso, al que, “hace de manso buey”. Este no evoluciona porque su servilismo lo retrotrae de nuevo a su estado inicial. “Buey vuelve a ser”. Sin embargo, y en contraposición, el valiente, el que lucha y se sacrifica, es decir, el que “la estrella sin temor se ciñe/ como que crea crece”. Y nos dice también todos los riesgos y vicisitudes que le asisten al hombre que sale en busca de la luz. Incluso, huyen de él, como si fuera un “monstruo de crímenes cargados”. Y en un acto más que reflexivo, diría yo heroico, nos teje con sabia maestría, la escena del calvario y la crucifixión de Cristo, desde el Huerto hasta el Gólgota, cuando en estado contemplativo, evoca. “Todo el que lleva luz se queda sólo”. Pero esta soledad era también la suya, la que a duras penas iba arrastrando en su peregrinar por las calles de algunos pueblos de España, o Nueva York, entre los hombres de la emigración y los agentes de espionajes norteamericanos y españoles, los cuales, apenas le dejaban tiempo para ver la luz.

El poema sigue entretejiendo y denunciando los horrores y las miserias humanas; empujadas por esos a los que él llamaba, “sietemesinos”; pero que, como formaban parte de los suyos, él no les dejaría solos, perdidos en sus equivocaciones. Por eso hace esta magistral invocación que lo corona y lo convierte a un tiempo, en el genio que era. –“Dame el yugo, OH, mi madre, de manera/ Que puesto en él de pie, luzca en mi frente/ mejor la estrella que ilumina y mata”. Ante el desplante y las adversidades, el genio no se arredra, todo lo contrario, se crece.

Martí, que conocía profundamente el teatro y la distribución de los actos en la escena; actor él, en medio del drama, con las fuerzas quebradas, pero latentes y vivas, se asoma al proscenio y enfila hacia los espectadores. Luego, sin hacer mutis, se coloca entre las bambalinas. Tenía el mundo por telón y las circunstancias como espectadores. Sabía que la estrella del buen designio no hay que buscarla en el cielo, sino en el corazón de cada hombre, desde allí, siempre estará brillando para premiar el sacrificio cuando el precio es la libertad y la justicia.

Cambiaba de rumbo sin detenerse; no tenía tiempo que perder. Le buscaban aquí y allá, le perseguían. Su voz y sus cantos, livianos como el aire, se iban haciendo cargas. Y él, como en serio o jugando, dejaba en claro quien era y cuales eran sus modos.

Yo vengo de todas partes
Y a hacia todas partes voy.
Artes soy entre las artes,
En los montes, monte soy.

Su identidad está en una y otra parte, siempre actuando. Su hacer y su andar no tienen límites ni fronteras.

El análisis de su poética no debe hacerse entresacando palabras, o mirando éste o aquel símbolo. Para conocerlo y representarlo como es, hay que ir a la idea, en ella está la matriz de su obra y su pensamiento. Los que se empeñan en señalar palabras aisladas, a escala, más que dar luz, lo que hacen es echar sombras sobre la obra del maestro, esos nunca le comprenderán ni disfrutarán de su intenso quehacer.

Quizás, donde mejor esté representado Martí de cuerpo entero, es en sus versos libres. En ellos no sólo está el hombre de acción, sino el de la creación, que en cada acto viene como naciendo la voz nueva. El ritmo galopa bajo el torrente lingüístico que le arrastra, porque sus ecos no quieren ser sirvientes ni servidos, aspiran a algo más alto en la escala universal, o en el concierto, donde cada instrumento tiene que dar su nota sin equivocar el compás.

Martí desnudó la poesía de falsos y fútiles ornamentos. Pero también es bueno que se diga; adornó y enfatizó allí donde hacía falta hacerlo. Porque la expresión, cuando es verdadera, debe ser sublimada.

Fue un poeta universal. Aunque sentó su base en el tronco de América. Porque América tiene una historia hermosa, desde el despertar de la humanidad y había que mostrársela a los pueblos del mundo. Esa historia, la conocía al dedillo y dejó grandes testimonios en memorables páginas, que bien sirven para que, a la hora del juicio a cerca de qué fueron y son nuestros pueblos, se saquen a la luz.

Su poesía, quiere llevar el mensaje de esas tierras y de esos hombres, que de un salto se han sacudido el yugo que les oprimía y ahora quieren cantar en libertad, con versos, ideas y palabras nuevas. Porque ajenos fuimos y ahora es necesario hacer lo propio, para enseñarle al mundo, que no peleábamos por gusto, sino porque había llegado “La hora de los hornos”. “La hora de América”.

Del tiempo augusto un hombre libre asoma.
..............................................................
Y al sol del alba que en la tierra rompe
Echa arrogante por el orbe nuevo.

La América nueva, necesitaba, para su construcción definitiva, un arte nuevo, otras formas de hacer y de decir, acorde con los nuevos tiempos.

Y para que nadie cejara en ir contra el empeño y el ideal que se había trazado, pone en versos esta idea, sacada del Antiguo Testamento y que tiene una profunda huella apostólica.

¡Zarza es la memoria; más la mía
Es un cesto de llamas!

Él, también, como Abraham, había visto arder la zarza, pero su zarza y su fuego tenían otros destinatarios. Y, los culpables de su destierro y el éxodo de su pueblo, eran otros también muy diferentes. Quizás, sabedor de esas circunstancias, es por lo que en vez de predicar, forzó el ánimo e hizo pedagogía con sus versos, mostrando el lado claro-oscuro de la vida. También y, para que su magisterio se hiciera más actual, instó a los hombres a que den su lugar a las mujeres, porque, “hombre recogerá quien siembra escuela”. Y esta idea la traslada al verso para que se potencie en la mente y el corazón como un acto de fe.

No es hermosa la fruta en la mujer,
Sino la estrella.

Y si con aquello, aún el pensamiento persistía en su rudeza, pone más alto el tono, y en ejercicio verdaderamente elegante, lanza esta idea, para que los que todavía no habían despertado lo hicieran de inmediato, porque:

La tierra ha de ser luz, y todo vivo
Debe en torno de sí dar luz de astro.

En el mismo poema, Martí va haciendo visible su martirologio: la soledad, el destierro, el vacío que le envuelve y le quema las ansias. Todos los sufrimientos ya eran suyos, pero no obstante, nunca ceja en su lucha.

¡Y miro el sol tan bello y mi desierta alcoba!

Y más abajo dice.

¡Y echo a andar, como un muerto que camina
Loco de amor, de soledad, de espanto!
.............................................................
Y la prestada casa cual barco en tempestad:
¡En el destierro
Náufrago es todo hombre, y toda casa
Inseguro bajel, al mar vendido!
................................................
Grato es vivir, horrible vivir muerto.

Su poesía, como sus pasos, se va diseminando por los intrincados laberintos de la vida, como en la Comedia de Dante. Pero lo de él no es una comedia, sino una tragedia, cruenta y dolorosa. Además, él va en sentido opuesto; de la sombra hacia la luz. Aspira salir del infierno, no entrar en él. No está buscando a un amor perdido, busca la libertad y los derechos que le han arrebatado a él y a los suyos. No se atormenta, se disipa para servir mejor, para ser útil a su pueblo y a todos los que, como él, cultiven una rosa blanca.

¿Qué más se podía esperar en su tiempo, de un poeta? Martí no tuvo igual y aún hoy nos sigue emocionando. Su esplendor y su brillo no pueden ni deben enmarcarse. Su estatura creadora y humana, se escaparon de su tiempo y de sus 42 años. César Vallejo, el gran peruano, hubiera dicho, trilcemente vividos. Yo digo, que la fortuna de su infortunio, debe servirnos a todos como lección y acicate, con los cuales siempre, ante el dolor y la tragedia del mundo, luchar por la belleza, aunque en ese acto, se nos vaya toda la existencia.


Ogsmande Lescayllers.

PARA EL PUEBLO PALESTINO QUE DEBE VIVIR EN PAZ.

Mahmud Darwish.

HOMENAJE.
Para mi amigo poeta, Mahmud Darwish.In memoriam.

Con las aguas del Mar de Galilea
Y los escasos dátiles
Que dejó la metralla del sionismo,
Vamos a levantarles un monumento a los caídos.

Con mi sangre,
Haré que resuciten los niños cercenados
Y sacaré a los muertos de las sombras
Para encender la rosa de los vientos.

Con mis manos de hombre,
No apretaré el gatillo
Para tomar venganza:
Escarbaré en la tierra para sacar la luz,
E iniciar, un sueño de banderas,
Con las espigas y las flores del naranjo.

Haré surcos,
Para que el agua baje de los montes,
Perfumada con la resina
De los cedros del Líbano
Y las leyendas de los profetas,
Que aún están pastoreando sus rebaños.

Con las cenizas de la Franja de Gaza
Y la sal del Mar de Galilea,
Haré un país redondo como el sol;
Más ancho que los sueños y la tierra,
Para darle a los hombres un lugar
Donde puedan vivir sin que los maten.

Con el humo que dejó la metra
Y la pólvora seca que encegueció el camino,
Haremos carreteras y aeropuertos,
Campos, parques, ciudades
Y un asta que llegue hasta la luna,
Donde ondee libremente,
Para siempre,
La bandera del pueblo palestino.
Ogsmande Lescayllers.

domingo, 18 de enero de 2009

CON EL POETA AARON GARCÍA PEÑA.

Aarón García Peña, poeta y amigo entrañable de Lescayllers, juntos en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles de la que ambos son miembros. En esta ocasión Aarón lo presenta al público.
PRESENTACIÓN DEL ESCRITOR OGSMANDE LESCAYLLER en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles(Madrid, a 3 de junio de 2007)
Presentar un libro de Ogsmande Lescayllers y presentar a Ogsmande Lescayllers es hacer exactamente lo mismo. Esta dificultad para diferenciar la obra de su propio autor se da en muy pocas ocasiones, como si algo asustara o entumeciera a todo el que se pasa los días combinando adjetivos, inventando tildes, siempre de sitio en sitio con un manuscrito mejorable y atento a cualquier idea que poder desarrollar. Últimamente, el escritor en España, parece distanciarse de su propia obra, hasta llegarle incluso a ser ajena. Quizá sea porque el escritor está ahora más distraído que nunca: letreros luminosos, montones de propaganda hasta en el azucarillo, canales de televisión prepago; tonterías y pequeñeces por todos lados que se anuncian como verdaderas obras de arte. Hay tantos elementos que llaman la atención que muchos olvidamos, en plena calle, imposibilitando con ello estar a la altura de nuestras propias convicciones. Hoy sabemos que para poner en práctica las ideas no es suficiente con tener ideas, hay que descolgar el teléfono y apagarlo absolutamente todo. Pero quizá no sea sólo ese el problema. Quizá no vemos al escritor en su obra, porque no es del todo un escritor sino cualquier otra cosa que le ponga comida y le quiete la mesa, le vista al menos las partes bajas, y le permita de vez en cuando tomarse un vino y coger un taxi. Ya saben, los oficios normales: camarero, profesor de educación física, traficante de cocaína, portero en un colegio, publicista, político, acompañante ocasional de personas casadas...; cuanto haga falta para seguir bajo techo, y dejar para los ratos libres escribir, publicar y regalar el libro a todo el que se cruce por su vida y le ponga en un momento determinante una cara simpática. El escritor del S. XXI tiene su propio tejado apedreado por sí mismo. Pero Ogsmande Lescayllers es un escritor distinto, un escritor como los de antes: a tiempo completo. El Dr. Lescayllers es una frase muy larga que aumenta de tamaño cada veinte minutos; haga frío o manga corta, haya en los demás, sangre o gazpacho, esté en la más hermosa soledad o en la más terrible de las compañías. No concibe sus palabras como jugador en un momento determinado de cualquier partida, sino como el propio juego; no le cede tiempo a la literatura, sino que sale únicamente del trance literario para no mearse fuera de la taza o enamorar a una mujer durante la fase REM del sueño. Ogsmande Lescayllers está vivo casi todo el tiempo. Porque ser un escritor es, por encima de todo, estar vivo la mayor parte del día. Y estar vivo no es cualquier cosa. No basta con tener el cerebro encendido y mantener templado el ánimo. Para ser escritor hay varias posibilidades, a cada cual más tortuosa.La más extraña es juntar a una francesa con un sirio y nacer en Bayamo, Cuba. Recorrerse medio mundo con los ojos bien abiertos, y olvidarse una idea en América, perder una novia en árbol más alto de África; casarse a traición en Oriente Medio con la desembocadura de un río, y reescribir en la India el mismo verso diecisiete veces sobre la sombra de una vaca. Después sería imprescindible elegir a varios hombres y mujeres, y aprender de ellos mucho hasta que te llegue la muerte; y aún después de muerto leer y equivocarse, leer y equivocarse, y nunca estar satisfecho. Como decimos, hay varias posibilidades de ser un escritor, pero para ésta que hoy nos ocupa, se antoja imprescindible tocar todos los palos (poesía, narrativa, ensayo...), y pegarte cara a cara, durante varios asaltos, con el periodismo, el arte, el derecho penal, la economía, la diplomacia, el turismo, la gestión y dirección de empresas; docencia, ambiente, historia, semiótica, medios audiovisuales..., y una y otra vez repetir la operación como un perfecto estudiante. Llegar hasta aquí le cuesta a cualquier persona inteligente más de vida y media. Don Ogsmande comparte la opinión de Schopenhauer, cuando dijo: “la virtud original del ser humano es la rebeldía”. La frase es a primera vista sencilla, y seguro que la escribió mientras decidía una mañana ponerse una camisa u otra; pero ponerla en práctica es casi como una sentencia de muerte para alguien que nace en un país, lo tiene todo, está frecuentemente en los diarios culturales y tiene que abandonar la isla para seguir pensando en alto. Abandonar la patria para pensar en alto no debe ser precisamente cómodo, independientemente de que la comodidad y el pensar en alto sean ambas prácticas muy relativas según quién las ponga en práctica. Por ello, durante los 18 años que lleva en España, también ha tratado de practicar esa frase de las Madres del Dos de Mayo de Argentina, que dice: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”. A primera vista también parece fácil, como sacada de la mesilla de noche de cualquier optimista, pero ser un optimista no es perder inmediatamente la razón, sino ganársela. Dice José Martí por la boca de Ogsmande Lescayllers: “Un pensamiento justo desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”. Teniendo en cuenta que se trata de un disidente político condenado a pena de muerte y sacado de Cuba por los pelos, resulta inteligente comprobar que no pone reparos de ninguna clase en defender su afiliación intelectual al Martianismo y al Marxismo transigente. A muchos escritores esto nos dejó de piedra, acostumbrados a ver a tanto camicace cultural en las filas actuales de la ultraderecha cubana en España. Como diría Martí por la boca de Ogsmande, “Las grandes catástrofes no hay que vivirlas, basta con imaginárselas”.Este cubano, hace ya algunos años compatriota nuestro, es un político excelente. No un político como los que últimamente tenemos en España, no. Él no defiende una postura política más o menos enconada en este u otro nacionalismo, él defiende la política misma. Él no comprende la denominación “Guerra de civilizaciones” sino que te argumenta con absoluta eficiencia que lo que hoy en día existe es una lucha entre civilizados e incivilizados. Él habla y se le entiende sin demasiado mérito, y uno acaba dándole la razón en estos asuntos porque sencillamente la tiene. Deja huella por todas partes y hace negocio como el mejor de los mercaderes: En el Círculo de Bellas Artes se olvidó la dentadura pero se trajo a cambio los pomos de todas las puertas. En el Café Gijón quedaron sobre una de las mesas sus palabras más antiguas, pero a cambio puso el café a un precio razonable. En la Asociación de Escritores Colegiados de España se dejó la oreja izquierda encima de una silla, pero por descuido se llevó a su presidente y aún le están buscando. En la Asociación de Prensa Iberoamericana regaló toda la paciencia reservada para sus últimos años, pero a cambio pudo conversar con Dios sobre las cosas importantes. Con el Grupo Hispanoamericano de Escritores descubrió que toda la verdad cabe en una servilleta, pero se quedó la servilleta y compartió la verdad sin apropiársela. En el Centro Árabe Sirio más de una vez ha perdido la corbata, pero por cada una de ellas ha ganado un amigo más leal que una madre. Y en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles aún le llaman Os mando Callar pero a cambio se ha ganado el respeto y la admiración de sus firmas más prestigiosas. Hoy vuelve a ésta, su casa, para seguir alargando su frase. Para seguir acercándonos su reformulación constante de todo (palabra, poesía, sociedad...). Para seguir su búsqueda personal por lo telúrico, lo cósmico, de todo aquello que está por encima de las cosas que creemos importantes. Sigue adelante, como de él se esperaba, en el afianzamiento de su propia conciencia y la de todos los hombres. Nos recuerda “la necesidad de que el hombre se fragüe a sí mismo”, porque “no se trata del hombre en un lugar determinado, se trata sólo del hombre”. Por todo esto su verso es como ver el fuego durante toda la noche, o como quedarse frente al mar y comprenderlo todo, o como una nana para un niño al que no duerme sino tranquiliza. Su voz propia es claramente litúrgica. Una liturgia cargada de intención e intensidad como se hacen estas cosas. Un concepto tras otro hasta construir la idea tantas veces sea necesario. Este escritor es, como diría Federico García Lorca, “un poeta río”. Sus posibilidades sobre una hoja son ilimitadas, como él mismo piensa que debe ser la poesía. Cierto es que a veces se le escapan un poco los caballos, o se desemboca demasiado por el ala narrativa, pero los controla en seguida en cualquier escenario si cabe más sorprendente, y lo hace con una atosigante vitalidad. Sus versos son largos como su propio atrevimiento. Sus reflexiones capaces de hacerte perder el olfato o las ganas de volverte tenebroso. Él siempre está en la luz porque ésta es la única que no sabe ni puede mentirnos. No te estropea jamás el silencio, y las pausas parecen estar siempre de su parte.Sus libros “El otro lado de la nada” y “El shofar del viento”, forman parte de esa frase tan larga. Incluso, uno es complemento del otro y viceversa. Y asimismo son el cuestionamiento filosófico de lo que no pudo o no le dio tiempo a cuestionar en sus otros libros: “La estructura del deseo y “Las reglas de la intencionalidad”; ambos de una profundidad ideológica más que sobresalientes.Ogsmande Lescayllers está tan vivo que asusta. Se ha convertido en una influencia necesaria para muchos escritores españoles y cubanos de aquí y de Cuba. No le pierdan de vista, no sólo en esta breve lectura de ahora, sino durante los próximos 35 años.

Aarón García Peña.



CON SU AMIGA, LA DRA. MAHA ATFÉ.

Con su amiga la Dra. Maha Atfé, traductora y periodista del Canal Internacional de la Televisión Siria, en Damasco.

CON EL DR. ABDEL FATTAH AWAD.

Recital y conferecia en el Instituto Islámito de Egipto. Presentado por el Dr. Abdel Fattah Awad, Consejero Cultural de la Embajada de Egipto y Director del Instituto Egipcio, en España.

CON OLGA GUILLOT Y JOSÉ LÓPEZ RUEDA.

Recital poético acompañado por sus amigos, la legendaria cancionera cubana Olga Guillot y el poeta y profesor Dr. José López Rueda.

CON EL DR. PROF. LÓPEZ DE RUEDA.

Recital en la Asociación Prometeo, presentado por su amigo, el Prof. Dr. José López de Rueda.

CON DON LUIS PICASSO.

Con Don Luis Picasso, presidente de la Casa de Castilla la Mancha. Recibiendo el diploma en el Homenaje que le rindió esa institución.

CON SU AMIGA LA PROF. RUTH GALVÁN

Con la prof. Ruth Galván de la Universidad de Jerez, en la presentación de sus libros, la novela "El otro lado de la nada" y el poemario "El Shofar del viento". Jardines de González Bayss, Jerez de la frontera.

CON LOS POETAS, J.RAMÓN RIPOLL Y REMOS RUIZ.

Recital poético en la Fundación Hispano-Cubana, Madrid. Presentado por el poeta José Ramón Ripoll y el poeta y filólogo Dr. Ramos Ruiz.

CON EL FILÓLOGO DR. REMO RUIZ.

Con el poeta y filólogo, Dr. Remo Ruiz.
Recital poético.

Con su entrañable amigo el traductor, poeta y humanista Rifaat Atfé.

En la presentación del libro "Poemas de amor y esperanza" de Rifaat Atfé,Editado por Lescayllers.

MARTÍ Y DARÍO, LOS INICIADORES.


MARTÍ Y DARÍO, LOS INCIADORES.
Hay una frase de José Martí, que si los “críticos” y “entendidos” supieran aplicarse, se ahorrarían, las miles y una discusiones, que a ratos se forman, entorno a la huella que ha dejado el hombre sobre la tierra a lo largo de su existencia.

La frase en cuestión es esta: “La hora de acción, no momento de aprender, es preciso haber aprendido antes”. Pero, aprender, así a secas, pedagógicamente hablando, es una expresión que da para mucho, y sabemos, que el hombre por naturaleza es moroso. Pocos son los que se aventuran en profundizar e ir a la raíz de las cosas. Por otro lado, entre más oscuridad haya en el horizonte, mayor provecho para los miopes que se ufanan en ver pasar la luz de una luciérnaga sobre la empalizada, sin darse cuenta que el cielo todo, está lleno de millones de estrellas.

Ensalzarse hoy, en una discusión sobre el origen y paternidad del Modernismo Latinoamericano, me parece algo tan simplón y sin sentido, que sólo puede animar a aquellos que, en su ignorancia, sólo se empeñan en negar y descalificar, por el simple hecho de que en el fondo, ellos mismos son la expresión de esas negaciones y descalificaciones.

Parnasianos, románticos, naturalistas y hasta un que otro simbolistas, del siglo XIX, bien pudiera entrar en el escalafón de aquella contienda de hombres, animados por el amor a las bellas letras, las artes y la justicia, que quisieron sacudirse el lastre de los viejos tiempos y comenzaron a andar, con pasos y sentido particulares, para legarnos un arte, o una expresión de futuro, que llevaran sus improntas o que fuera capaz de despertarnos, para que descubriéramos, por experiencia propia, lo que nos echaba encima las férulas coloniales y las imposiciones cortesanas, que desde la lejanía, imponían modos y modas en una y otra orilla. Más tarde, en el 27, Ortega reelaboraría la médula de aquellas aspiraciones, en su definición del “Hombre y su circunstancias”. Esa idea que ya venía sonando desde lejos, ahora tomó cuerpo y formó escuela, bajo cuyo cobijo, crecieron otros árboles, hasta formar un gigantesco monte.

En la naturaleza nada es ajeno ni gratuito. Las cosas están ahí, nos gusten o no. Pero antes, y a veces hoy, subsiste esa aberración de que el hombre del sur, carece de imaginación y por ende, es incapaz de crear. Y no nos percatamos que gracias al Sur, también existe el Norte.

La cultura, que no es más que la huella que el hombre, en comunión con la naturaleza va dejando sobre la tierra, siempre tiene los colores y sabores del lugar donde es creada y en ella están, perennemente, el espíritu y las señas de identidad de sus creadores.

Cualquier cosa, en el universo, para que nazca, primero necesita un tiempo o período de gestación. Otros han pasado ya por el camino, donde los que vienen de atrás, van recogiendo y perfeccionando, para su tiempo, los valores hallados en el trayecto.

“Cada estado social trae su expresión a la literatura, de tal modo que, por las diversas fases de ella, pudiera contarse la historia de los pueblos con más verdad que por sus cronicones y sus décadas”. Estas palabras fueron dichas por un hombre que sabía lo que quería y, expresadas en aquella época, ¿qué son sino, el fermento o la semilla a punto de caer en tierra, para que germine la nueva escuela, que ha de enseñar al hombre, cuál es el nuevo derrotero por el que se aspira transitar en lo adelante? Esas palabras en homenaje a Walt Whitman, el gran poeta de Norteamérica, llevan, por otra parte, el mensaje y el credo más profundo e innovador, del más autorizado de todos los modernistas de entonces: José Martí.

Y fue más allá, donde ninguno de sus coetáneos y coterráneos había llegado jamás. Y postuló qué: “La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida”.

La prodigiosa mente de José Martí, recogió y atesoró para luego legárnosla, toda la sabiduría de los siglos y los hombres que les precedieron. Vivió y estuvo con ellos. Los estudió a profundidad y fue sacando, como los buenos catadores, lo mejor de cada cosecha, para después devolvérnosla, como testimonio de su paso por la tierra.

Rubén Darío es el poeta genial. José Martí, es el genio poético; que además de poeta y hombre cabal y natural, tenía el conocimiento casi absoluto de las cosas. Entraba donde nadie de su tiempo pudo y veía lo que otros no.

Darío, aunque la tenía, no sentía la urgencia política que agobiaba el espíritu del poeta mártir de Dos Ríos. Por eso pudo llevar y divulgar la nueva escuela poética, en una y otra orilla de los continentes. Adornó, enjoyó, pintó, no con mucha galanura modernista, cierta zona de su poesía. Pero el Modernismo también es eso. Porque no existe, sobre la tierra, obra de hombre, que haya sido perfecta.

Si la expresión de Víctor Hugo, “El arte es azul”, iluminó a Darío, ya Ismael, el héroe de los tiempos bíblicos, había sellado su doctrina apostólica en la mente y en la letra del insigne cubano. A Ismaelillo, (1882), le siguió Azul (1888). De ahí que Martí viera a Darío como a un hijo y este a Martí como a un padre. Pero en las buenas relaciones entre hijo y padre, como fue el caso entre estos dos hombres, siempre uno aprende del otro y, los hallazgos y conocimientos de ambos, son compartidos con agrado. El menor, encuentra en el mayor al padre, al maestro. El mayor encuentra en el menor al hijo, al discípulo.

Ismaelillo, y los que lo han leído si tienen un poquito de luces, lo saben, no es un libro dulzón, “de acento preciosista”. Ni “Martí es peor escritor que político”. Ni escribió algo llamado “Cartas de Nueva York”, sino Escenas de Norteamérica o Crónicas de los Estados Unidos. Ni escribió el Manifiesto de Montecristi, y el Programa y Bases del Partido Revolucionario Cubano, en compañía de Máximo Gómez Báez, aunque este último los firmara conjuntamente con él: todo eso lo había redactado solo. Ni lo último escrito por él, fue el 3 de mayo, sino el 19, unas horas antes de caer en combate. No dijo, la susodicha frase, “He vivido en el vientre del monstruo y conozco sus entrañas”, sino “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas…”.
Toda esta sarta de incongruencias, aparecen en unas pocas líneas, en una página del Diccionario de Literatura Española e Hispanoamérica, dirigido por Ricardo Gullón. El firmante, de tales disparates, es el “crítico” y “académico” Ignacio Zuleta. Además, hasta mi admirado y querido Fernando Lázaro Carreter, cae en el error, de dar por obra de bien, este “desinformario”, en vez de diccionario, publicado por Alianza Editorial, para conmemorar, nada más y nada menos, que el “Quinto Centenario del Encuentro de las dos Culturas”.

Quien haya estudiado, en profundidad, la obra de José Martí, no tendrá por qué negarle el derecho de ser el iniciador del Modernismo Latinoamericano, tampoco de ser un poeta de talla singular, futuro y presente y, además, ser uno de los despertadores de los nuevos tiempos, en la América Nuestra y en el mundo.

Toda la modernidad está viva y actuante en su obra: en sus versos, en sus escritos políticos, en su pedagogía; justicia y desarrollo social; ingredientes estos, que tanto necesitan los países de Nuestra América, para realzar y cumplir su segunda independencia.

La intensión de José Enrique Rodó, no era que Próspero se comiera a Calibán o viceversa, sino que se conocieran, se entendieran y caminaran juntos, charlando en una misma lengua, y, como es natural, compartiendo un destino común. Pero en el mundo, para desdicha nuestra, al hombre no le gusta compartir, sino repartir, y esta cuestión, por lo general, engendra conflictos.
Martí, no sólo fue reconocido por sus coetáneos, sino por muchos grandes que él honró y ellos les honraron; porque, “honrar honra”. Incluso hasta sus enemigos llegaron a admirarles. Dedicó gran parte de su energía a la libertad de su patria y trazó un sendero de modernidad e ideas esenciales, para una vez, llegada la hora, Cuba se convirtiera en una Nación próspera y civilizada de hombres libres.

De Martí, sin dudas, tomó Huidobro, (1893-1948), la referencia que daría lugar y sentido al Movimiento Creacionista. La expresión la había formulado José Martí en
1891: “Crear es la palabra de pase de esta generación”. Ahora el envoltorio era otro, pero la sustancia seguía siendo la misma: Crear, crear y crear…

La poética de Martí está colmada de esas esencialidades que para los nuevos tiempos necesitaban el verso, y los pueblos. Lo dijo: “No hay letras, que son expresión, hasta que no haya esencia que expresar”.

En otra parte acotó: “Hombre recogerá quien siembra escuelas”. Y definió en escasas líneas lo que sería el centro del Modernismo Poético Latinoamericano: “Contra el verso retórico y ornado el verso natural”. Su poesía, que además de serlo, va más allá del Modernismo, para anunciarse como cantos de futuro y presente, vive y vivirá, para bien suyo y nuestro, la plenitud y frescura de los tiempos.

Martí, como Darío, de uno y otro lado del Océano, también tuvo su detractores, pero fueron más los que les admiraron y amaron: Adriano Páez, Carlos Martínez Silva, Pablo Neruda, Federico de Onís, Enrique Anderson Imbert, Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Alfonso Reyes, Jorge Luis Borges, Ezequiel Martínez Estrada Herminio Almendro, José Lezama Lima entre otros: célebres poetas, pensadores y, sobre todo, los lectores, que compartieron con él, éxitos e infortunios.

Menéndez Pelayo, quien hiciera una crítica desafortunada sobre José María Heredia, el canto del Niágara, en su Antología de Poetas Hispanoamericanos, en 1923, no se dignó siquiera mencionar a Martí, cosa esta, desde mi punto de vista, que en vez de enaltecerle le denigra.

Los grandes hombres, como las grandes ideas, aunque a veces lo parezcan, no son hijos de partos espontáneos. Tampoco necesitan que nadie les defienda, ellos y sus obras, saben hacerlos solos.

Ogsmande Lescayllers.