martes, 10 de febrero de 2009

COMENTARIO CRÍTICO AL PROYECTO ESCULTÓRICO DE CARLOS NERI, TITULADO: LAGARTAS.


LAGARTAS.
Crítica a un proyecto escultórico de Carlos Neri.

La madera se convirtió en obra de arte, por obra y gracia de la naturaleza. Cuando la primera rama de árbol, comenzó a contorsionarse con los silbidos y el movimiento de la brisa, con este acto se inauguraba la primera acción lúdica de la madera.

El hombre primitivo la miró y se enamoró de ella. Pero el árbol primero fue cobijo y alimento, medicina también, y, desde luego, las ramas danzarinas junto a la piedra, aportarían y se convertirían en grandes eventos para la humanidad.

El hombre primitivo vio como las centellas incendiaban los árboles. Y, en su necesidad de conservar el fuego, buscó una rama, frotó fuerte una contra la otra y él también, como los dioses, hizo brotar la llama. A partir de ahí, quedó desnuda la madera y ese fue el instante que aprovechó el artista para crear su obra.

Lagartas, pasarán, en la adelante, a formar parte del aliño en el que se mezclan las sustancias para recrear el mito y la realidad. En ellas, y a través de ellas, surge el condominio de los actantes, es decir, de los elementos propiciatorios, que desde cualquier perspectiva que los mires, irán sedados por la luz, sin que esta, o aquella forma, o sentido de la expresión, escapen del círculo, o del ciclo que fue y es creado para ellas.

La madera, es quizás, el más moldeable de los objetos de la naturaleza y, cuando se moldea, es para dar vida y forma a otras formas. Incluso hasta cuando entra o pasa por el fuego encuentra la forma de germinar y alterar los sentidos. Es el fénix el que la hace reencarnar, vibrar, brotar, haciendo cuerpo y melodías que contenidos en ella, desnuda la imaginación para entrar nuevamente en el concierto o en el acierto de las voces. El último vestigio es la ceniza, el polvo. Y es de allí, desde donde nos miran los nuevos elementos o la otra realidad que sólo les es permitida a los artistas, que son quienes, en el plano terrenal, comparten y conocen la magia de los dioses.

Carlos Neri dispone, con acierto de maestro, el artesanado de su obra. La crea hermafroditas, pero el diseño o el sello que la identifican tienen sus referentes en una pincelada de humor o de ternura. A él le da lo mismo, porque como todo juego, la vida siempre deja un sitio abierto a la especulación, que en este caso, se convierte, por derecho propio, en descubrimiento.

Seguramente, en cada una de estas piezas, de estos contextos, el espectador buscará un contenido y es justo que así sea, y, concluirá después, absorto en el misterio que se ha ido apoderando de él, en el instante mismo en que esos cuerpos fueron tomando formas y sentido, bajo la acción y la dirección certeras del artista. Indicadores siempre sobrarán, espectadores serios, concluyentes, sólo serán aquellos que saben, que el arte es el más exacto de los juicios.

Las ciencias hoy confirman que no todo tiene el veredicto que a través de los tiempos les hemos dado. El arte ya lo había refrendado, porque el arte anuncia, y es cuestión del artista que esa especie de cábala o milagro, continué germinando sobre los elementos, como la buena espiga.
Ogsmande Lescayllers.
Madrid. 12.06.01.

COMENTARIO CRÍTICO SOBRE LA VIDA Y LA OBRA DEL POETA COLOMBIANO JOSÉ ASUNCIÓN SILVA.


MIRANDO A JOSÉ ASUNCIÓN SILVA.

Abordar la vida de un hombre, de un poeta como José Asunción Silva, es arduamente complicado. Primero, por el perfil psicológico del personaje. Segundo, por el entorno social donde vivió. Tercero, la época. Y cuarto, las circunstancias en la que se vio envuelto. De cada uno de estos aspectos tomaremos algunos elementos para intentar conformar el perfil de este hombre y, naturalmente, de este poeta, cuya obra, a pesar del tiempo transcurrido, todavía hoy sigue sorprendiéndonos y entusiasmándonos, como si en cada una de sus líneas hubiera una invitación implícita, que nos convida a volver una y otra vez sobre sus huellas.


Una noche,Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,Una noche,En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,A mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,Muda y pálidaComo si un presentimiento de amarguras infinitas,Hasta el más secreto fondo de tus fibras te agitara,Por la senda florecida que atraviesa la llanuraCaminabas,Y la luna llenaPor los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,Y tu sombraFina y lánguida,Y mi sombraPor los rayos de la luna proyectadaSobre las arenas tristesDe la senda se juntabanY eran unaY eran una¡Y eran una sola sombra larga!¡Y eran una sola sombra larga!¡Y eran una sola sombra larga...!

No es su obra un dechado de perfección, como no lo es la de nadie. El hecho mismo que nos identifica como seres humanos, nos marca los límites a los que todo mortal está sujeto. Pero es bueno señalar que en torno a esos batientes, se mueven las sustancias del distanciamiento y las aproximaciones, donde la sensibilidad y el gusto forman un hábeas de menor o mayor calado en la comunidad de intereses.

Nace José Asunción Silva en 1865, muere en 1896. Su vida es breve, como un relámpago, pero su eco, que aún perdura en el tiempo, llega en ese período del nuevo despertar de los pueblos de América.

Procede de una familia acomodada perteneciente a la naciente burguesía criolla, que con el tiempo conformaría el perfil pequeño burgués de los nativos del continente mestizo, que produjo el cruzamiento de europeos, africanos, árabes, judíos y chinos, que es lo que da naturaleza a la parte sur del territorio, que José Martí, llamara cariñosamente, Nuestra América.

América, recién salía de las garras y ataduras del colonialismo. La impronta de Simón Bolívar, Juárez, Morelos, Hidalgo, San Martín, Sucres, Córdobas y toda una legión de generales y caudillos criollos, aún se respira en los campos y ciudades de los países de esa región del mundo.

Los vientos de rebeldías e insurrección necesitaban ser aquietados por la lira romántica, primero, y luego, la modernista, para integrarse, por derecho propio, en el ámbito internacional, alejados de los pesares de las guerras y escaramuzas, que casi desde el instante mismo de la conquista, se fueron sucediendo, intermitentemente en esos territorios.

Asunción Silva, tenía un alma romántica. En su poesía está presente ese aliento que escapa de su fuero interno. Su ego hacía honor a la expresión becqueriana de quien había dicho: ¿“Quién que es, no es romántico? O iba más allá, para aposentarse con aires nuevos, junto al nicaragüense Rubén Darío. Y haciendo uso de esa misma intención, que no es otra cosa que la expresión de los primeros balbuceos al despertar del ser, remarcaba con esta frase que aún se sigue usando como estandarte, frente a lo inservible y añoso: “Juventud, divino tesoro...”. Asunción sigue las huellas del maestro, lo asimila y hace su propio huerto, donde planta semillas de otras plantas, las que, con el tiempo, darán el fruto imperecedero de su obra.

Modernita tardío, pero no por ello menos valioso, supo embridar el verso con gran elegancia y llenarlo en profundidad, con los mejores ecos de la hora, por lo cual ha trascendido a otros poetas como él. Ellos querían poner voz nueva a la América nueva, que despertaba del letargo al que el colonialismo feroz la había amancebado, entre cortinas de humo y silencio.

Sus viajes al viejo continente, más que aportarles, les mostraron los modos que en esta y aquella orilla iban resurgiendo y producción las nuevas sociedades.

Asunción Silva, estaba dotado de una extraordinaria capacidad para captar los elementos armónicos del medio y la naturaleza.

Tenía un excelente dominio del lenguaje, hecho este que le permitía expresar, con naturalidad y soltura, los vaivenes de los sentidos, a tiempo que evolucionaba hacia una realidad de profundo calado humano, que es donde el Modernismo atesoró su verdadera esencia.

Los claroscuros de su obra no tienen haz de sombras, sino espectros de luz.

Sus fracasos y decepciones en el terreno económico, les robaron el brío poético y artístico que eran su natural, hasta convertirlo en objeto de su propia desintegración. Su autodestrucción parte de la incapacidad de no poder soportar la carga que se le avenía encima, frente a sus congéneres y a su propio yo. Olvidó que la vida es un complejo juego de abalorios, donde unos ganan y otros pierden y, donde a veces, perder tiene su trascendencia, si sabes mover y combinar con tiento las barajas.

Sus nocturnos archifamosos, le dieron carta de ciudadanía y no podía ser de otro modo, porque en ellos hay sustancia de novedad e inspiración divina, ecos y luces de un mundo que renace.



El proyecto de la recopilación de su poesía, es una muestra, más que fehaciente, de que el poeta colombiano, José Asunción Silva, aún está latiendo en nuestras almas, más allá del tiempo y la distancia que nos separan de su impecable magisterio.



Ogsmande Lescayllers.












COMENTARIO CRÍTICO DEL LIBRO "LA NIÑA Y EL MAR DE VICTORIA PEREIRA (LÍA)

MAREJADAS POÉTICAS EN LA NIÑA Y EL MAR.

Cuando el mundo parece que se cansa bajo la terrible estampida de las armas, las voces de mando de los políticos y los vaivenes de la balanza de la economía; en ese instante agónico y preciso, surgen los poetas.

El canto, la poesía que es un engendro del amor, no nacen ni se hacen exentos de dolor, de agonía y sufrimientos.

La palabra es, ha sido y será la mejor arma o el mejor instrumento para instaurar la paz y la concordia entre los hombres sobre la tierra.

Cuando ensordecemos por causas de la arrogancia, la ceguedad mental o simplemente, porque nos hemos petrificado ante una realidad cada vez más dura para el hombre y la sociedad en su conjunto, el único medio viable para volver a ser, es la palabra.

Nadie mejor, para portar y conducir la palabra, que sus verdaderos cultores: los poetas.

Ante la visión tamaña de la naturaleza y sus componentes, de la que el hombre es sólo un pequeñísimo sujeto, se imponen la grandeza de los montes, los desiertos, el cielo, el mar y las estrellas.

Quizás, porque somos agua, el hombre siempre verá la mar como su referente. Le ama, le teme, la mima y le canta. Somos, en fin, sin lugar a dudas, marineros en tierra.

Sentimientos, playas, olas, arenas, marejadas, ensenadas, acantilados, barcos, timón y sueños, sirven de corolario al mástil de esta nave de ensueño y añoranzas, que en sus días, la niña pequeñita que era entonces puso en proa, para que luego, la niña grande que hoy, con menos temor a las envestidas del oleaje o la calma serena de las profundidad marina, la llevaran aquí y allá, sin carta de marear. Sólo con la mirada atenta y la mente en ristre.

Lía quiere contarnos, mejor relatarnos, aquel encuentro de ella con la mar, de su mar, de ese mar, que en este caso, sirve como telón de fondo, o como pretexto para descarga las visiones, e imágenes internas, que alejadas de las orillas, toman otras sustancias, hechuras y matices, que van signando o marcando los papitos del corazón ante el desgarramiento que nos provocan el amor o el desamor.

Más allá de la mar con sus aguas interminables, undosas y azules, se visualiza en este libro, el gran océano de los sentimientos. El referente está en lo psicológico; pues, de una esquina a otra vuela a hurtadillas la pasión.

Las olas, la pleamar, las ensenadas, a veces no son tales, pero cualquier pretexto es bueno cuando se hace necesario testimoniar o poner en fuga, lo que nos van dejando en sus corridas los dolores.

La niña no sólo describe, sino pinta lo que trae y se llevan el fluyo y el reflujo. Flujo y reflujo de la conciencia, primero en ciernes, luego, desde la plenitud, pero todavía vacilante, porque el hombre nunca termina de sentar sus pies sobre la tierra.

Escuchemos a la poeta como nos marca, claves de orden sinestésicas, para luego insertarnos en su universo de olas.

“Como quien viste los ojos de un ensueño

Me visten esas olas al andar”

Olas al andar como ese mar que teje desde la distancia, desde la lejanía madrileña, donde no se escucha ni se percibe el sonido de las olas. Pero su mar interior es así, con sus escapadas, de encuentros y desencuentros. Es ahí, donde los dominios seriados o niveles sindéticos y asindeticos de su expresión, adquieren sonoridad de brisa, se enmarisman, como si el soplo que llega de barlovento o sotavento se enfiestara con el crepúsculo y entrara al oleaje, para luego estallar entre los acantilados de la orilla, o revertirse de concha, para quedar eternamente inserto en las arenas.

Declara Lía.

Agua para el dulce encuentro, sólo agua.

Ante ella, el mar adquiere esa dimensión inconmensurable de la que nada ni nadie puede escapar.

En ocasiones se siente “barco a la deriva”, “blanca espuma que surca las aguas” Es decir, se enfrenta al mar, lo trasunta, porque quiere conocer de cerca sus misterios.

En “LA NIÑA Y EL MAR” Victoria Pereira, Lía, nos deja un poco de sus emociones contenidas. Las dice y las canta, a sabiendas que otros, con la misma urgencia que ella, las tomarán como testigo.

Ogsmande Lescayllers.





jueves, 5 de febrero de 2009

ALGUNAS OPINIONES AUTORIZADAS SOBRE LA OBRA DE OGSMANDE LESCAYLLERS.


EL POETA, OGSMANDE LESCAYLLERS,
PRISIONERO DE LAS SOMBRAS.

Por José López Rueda *


Ogsmande Lescayllers es un poeta cubano por cuyas venas corre sangre de sirios, franceses, españoles y autóctonos bayameses. Viajero impenitente, ha visitado diversos países de América, Africa, Oriente Medio y Europa, así como también la India, que, por cierto, ha impreso una profunda huella en su vida y en su obra. Es Dr. En Derecho Penal, poeta, narrador, periodista, crítico de arte y ensayista, y de todas esas actividades ha dejado constancia en artículos y libros. Es interesante señalar que nació en 1959, precisamente el año en que triunfó la revolución castrista. De modo que se formó en las aulas del nuevo régimen y trabajó con éxito en sus organizaciones culturales hasta que le llegó el desengaño y fue expulsado de su país para residir en España.

Esta tarde presentamos en este espacio prometeico del pub Kitty O'Shea's su nuevo libro suyo cuya lectura ha sido para mí una experiencia gratificada por la sorpresa de encontrarme con un poeta de verdad, rara avis en los tiempos que corren. Por lo que respecta al estilo, Lescayllers cultiva la imagen irracionalista para crear una realidad verbal en la mejor tradición de las vanguardias. A veces se advierten huellas del creacionismo huidobriano, como cuando nos dice que "Los veleros no velan, la palabra no pala, la madeja no maja/ Pero el corazón cora y corea". En algunos poemas el autor se propone construir objetos lingüísticos autorreferenciales, es decir, sin contenido semántico explícito; pero en los otros, que son los más, usa con suma eficacia ese mismo lenguaje vanguardista para comunicarnos su concepción del mundo y sus experiencias personales. Y es en estos poemas donde su poesía alcanza las más elevadas cotas.

Uno de los temas recurrentes en la poesía de Lescayllers es, lógicamente, Cuba, la isla admirable que tantas veces asoma su amado rostro en este libro. Y es natural, porque como ha dicho Antonio Machado, siempre "se canta lo que se pierde" : Los paisajes nativos, los paseos con el padre, el recuerdo del abuelo, ese veterano general que "murió en su retiro, a los noventa años, al meterse en el río un sábado de agosto a las seis de la tarde". El poemario abunda en alusiones a sus ancestros muertos y a sus parientes vivos y todo ello en versos cantados con esa lírica intensidad que tienen los poetas hispanoamericanos para poetizar la familia -pensemos en Vallejo- sin ponerse cursis ni solemnes.

Pero el núcleo semántico del libro es sin duda el drama político y social que está viviendo Cuba hace ya más de cuatro décadas. Los poemas fundamentales en este aspecto son Epílogo y Alfa y Omega, que constituyen una autobiografía ideológica del poeta, la crónica de una crisis existencial, que desemboca en la pérdida de una fe en la que el poeta había nacido y crecido. En ellos nos cuenta el autor su entusiasta adhesión sin fisuras al credo comunista y su afán de consagrar su vida a la defensa de los de abajo. "Me rebelé contra los dólares y los objetos de consumo -nos dice-. Me volví intolerante con los que se iban del país/ En contra de mis costumbres y hábitos/ buenamente me hice comunista/ Borré a Dios, a los santos/ a los ángeles todos. Nacido -como hemos dicho- el mismo año en que Fidel empezó a regir los destinos de Cuba, se educó en las doctrinas del marxismo y fue durante diez años profesor titular de la Universidad de la Habana. Pero como otros muchos disidentes, fue poco a poco advirtiendo las quiebras del sistema y por lo tanto desilusionándose. "Disfrazaban el mundo -nos dice de los castristas- con la filosofía del martillo y la hoz/ El martillo golpeaba largamente encima de nosotros/ La hoz desvanecía nuestros deseos y nos ponía de espaldas/ frente al muro de los desalentados.”

Como siempre que se impone una creencia totalitaria y omniexplicativa, sea del signo que sea, el intelectual se siente amordazado y si tiene reaños, acaba en la cárcel, en la hoguera o en el exilio. Creo que estos poemas constituyen uno de los testimonios que más acertadamente ilustran este tipo de experiencias. Vemos en ellos cómo el poeta pierde su fe en el comunismo, pero no sabe qué otro credo adoptar, pues el capitalismo le sigue pareciendo tan abominable como siempre. El proceso es análogo al del cristiano que deja de creer y se encuentra angustiosamente vacío. En el caso de Lescayllers, la solución ha sido marcharse al otro extremo: a la creencia en el amor universal y en la fraternidad humana sin distinción de razas. Todo ello sostenido por la fe con base cristiana en un Dios que es amor.

Pero en el aspecto religioso tenemos que matizar el cristianismo de Lescayllers, pues advertimos en su obra una cierta influencia de la filosofía de la India y, concretamente, del budismo, ya que en varios pasajes insinúa la idea de haber llegado a este mundo de otras esferas y que con la muerte ha de regresar al mismo sitio. En uno de sus textos nos dice que la mujer a quien ama vivió con él antes de encontrársela en este mundo. Amarse fue para ellos reconocerse. También es budista y yóguico el sentimiento panteísta que se manifiesta en muchos poemas. En El prisionero de las sombras, uno de los mejores del libro y su credo personal, expresa la renuncia a las vanidades del yo y su identificación con el universo. "Soy feliz -nos dice- sabiendo que soy nada/ Que simplemente pertenezco a Dios/ ..Que el mar es mi camisa/ los montes mis hermanos/ el cielo con los astros mi cabeza/ y el corazón del hombre,/la máquina ancestral de mi universo". Este sentimiento de religación absoluta con el Todo le llena de entusiasmo en el sentido griego de entheós, es decir, de estar lleno de Dios, y le inspira sus mejores cantos, que a veces son espléndidos himnos a la vida. Piensa, como Platón, que estamos en un mundo de sombras, pero sentimos siempre la luz y aspiramos a ella. Es una luz que baja, un delgado hilo luminoso que nos inunda por dentro. Es curioso que así lo ha descrito también el gran maestro yogui Sri Aurobindo. La vida terrestre es una cárcel transitoria y la muerte no sólo es un fin sino también un principio. Para Lescayllers, este mundo sublunar de sombras sólo tiene una salida: el amor que es luz, luz que es Dios. El principio y el fin. Alfa y Omega.


Dr. José López Rueda nació en Madrid en 1928. Es Doctor en Filosofía y Letras y Catedrático (jubilado) de la Universidad Simón Bolívar de Caracas. Ha sido profesor de la Universidad de Cuenca (Ecuador), de la Universidad de Oriente (Venezuela) y de la Universidad de Tamkang (Taiwan). Desde 1991 a 1999, fue Director del programa de la Universidad de Bowling Green (Ohio, U.S.A.) en España. Entre sus libros de investigación, destacan Helenistas Españoles del siglo XVI (C.S.I.C., Madrid, 1973, tesis doctoral con Premio Extraordinario en la Universidad Complutense) y Rómulo Gallegos y España (Monte Avila, Caracas, 1986, Premio "Andrés Bello" de la Universidad Simón Bolívar). Ha publicado varias novelas y seis poemarios. En el campo de la poesía, obtuvo el Premio "Alfonso Reyes" (Quito, Ecuador, 1958) y el "José Chacón" (Ayuntamiento de Alcalá de Henares, 1992). Ha sido Director del Capítulo de Madrid de la Academia Iberoamericana de Poesía y Presidente del Patronato de la Asociación Prometeo de Poesía. Algunos poemas suyos se han traducidos al chino, al italiano y al ruso.

- NARRATIVA:
Aldea 1936 (1958).La flecha intempestiva. Novela corta (1960). Hipoteca viviente. Novela corta (1961).Cuentos a Segovia (2007). [ET. AL.]

- POESÍA:
Soledad y memoria (1958).Testimonio de Sombra (1963). Cantos equinocciales (1977).Crónica del asedio (1983).Cuaderno de Tamkang (1996).Fervor Secreto (2002).
- ENSAYO:
Helenistas Españoles del Siglo XVI (1973).Rómulo Gallegos y España (1986).González de Salas: humanista barroco y editor de Quevedo (2003).
- OTRAS:
Artículos en revistas y periódicos.
Premios
1958: Primer premio. Mención Poesía. Concurso Nacional "Alfonso Reyes". Sociedad de Estudiantes Amigos de México. Quito. Ecuador.1959: Primera Mención de Honor. Concurso Nacional de Poesía del diario "El Universo". Guayaquil. Ecuador.1962: Séptima Mención de Honor del IV Concurso Nacional de Poesía del diario "El Universo". Guayaquil. Ecuador.1970: Summa cum laude y Premio Extraordinario en el Doctorado. Universidad Complutense. Madrid.1975: Diploma de Honor en reconocimiento a los servicios prestados durante diez años. Universidad de Oriente. Venezuela.1986: Premio "Andrés Bello" de Investigación. Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar. Caracas.1987: Orden 18 de Julio. Universidad Simón Bolívar. Caracas.1992: Primer premio de Poesía. III Certamen Literario "José Chacón". Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Madrid.




OGMANDE LESCAYLLERS, POETA.
Por José Ramón Ripoll. *

Es una cosa buena ser un híbrido. La humanidad, que en estos tiempos, se pelea por banderas, territorios, comarcas, signos de identidad, pertenencias, grupúsculos, equipos deportivos, pasaportes, idiomas, religiones y otras denominaciones de origen, no sabe lo que se pierde por no ser nada ni nadie. Si viviera en el mar o en territorios blancos, en desiertos tal vez, donde los límites fueran sólo un final imaginario, infinitos cerrados, materia del lenguaje, su condición seria distinta e incluso rozarían, aunque fuese por unos instantes, la ansiada libertad. Ser híbrido significa ser todo y nada a la vez, mezcla de unos y de otros para, al final, desechar cuanto ata y escoger el camino que conduce a una tierra sin dueño que nos permite reconocernos, no como nos han hecho, sino como hemos deseado ser. No todo el mundo tiene la suerte de nacer en esta tesitura. Unos son de un sitio, otros de aquél, y muy pocos pertenecen a ese lugar casi abstracto determinado por la hibridez. Ogsmande Lescayllers es un personaje de esta especie. Su nombre ya lo insinúa. Una mezcla extraña de fonemas exóticos. Qué maravilla en estos tiempos sonar así. El Oriente, Francia, las Antillas, España, todos puestos de acuerdo para lograr un poeta que cante con voz propia el resultado de un largo mestizaje.

Ogsmande Lescayllers es un híbrido, según sus propias palabras. Nació en la ciudad de Bayamo. Cuba. Una ciudad cubana donde se mezclan, a su vez, tres culturas distintas: la aborigen, la africana y la española. De ascendencia franco-sirio, se educó en una buena y variada escuela polifónica, en la que el resultado instrumental fue una voz en busca de su esencia. Partícipe de todos, su timbre parte de una vasta pluralidad en la que es fácil encontrar vestigios de la mejor tradición antillana y europea, resortes de la mejor poesía clásica, francesa, árabe, española y guiños a la modernidad, al invento, a un verbo nuevo. Quizás, por su pertenencia a ese abanico multicolor de lenguas y de razas, su verso se unifica, se desnuda, se deshace de un pesado equipaje, se adelgaza y se centra, como una brújula señalando el norte que, en este caso, es el ámbito donde el poeta puede mirarse, en un límpido espejo, libre de prejuicios y de sombras, para contemplarse en su totalidad, en el gran abismo de ser hombre, mirar su corazón sin referencias viejas y situarse frente al cosmos para medir su intensidad: "Soy feliz sabiendo que soy nada". Al igual que los poetas místicos, Lescayllers se funde con el paisaje, con un Dios deseado, no a la manera de Juan Ramón Jiménez, sino como lo hicieron los antiguos poetas persas, como lo hiciera Whitman o Robert Duncan, dejando su pálpito y el ritmo de su respiración al son del mundo y viviendo de acuerdo a las leyes de la naturaleza: "Soy tan feliz teniéndome por nada,/ que cuando escucho el canto de los pájaros/ o cuando veo la lluvia caer torrencialmente/ me siento acariciado por la vida..."

Pese a la gran aspiración de encontrarse en su más íntima y pura forma, Ogsmande Lescayllers es un poeta sencillo, es decir, trata con sensaciones humanas, las acaricia, las escoge, las canta de manera elegiaca, engarzando así con la mejor tradición iberoamericana, esa que parte de Neruda y Vallejo, sin perder nunca de vista a su sujeto, al hombre, su dolor, su maravilla, su sorpresa y hastío a la vez. En su hilo poético permanece vibrante la certeza de buscarse a sí mismo y desvelarse, sacar a flote el íntimo y verdadero reducto de su ser que, enmarañado entre la vegetación de la vida, responde a su imagen más profunda. Quizás, por ese sentimiento de venir de otras voces enfrentadas, de otros cánones diversos, de otras fuentes, nuestro poeta se encamina hacia la dirección interior, hacia el pozo del hombre, donde la excavación es universal y no se tienen en cuenta apellidos ni orígenes, todo es dual, nada es exclusivo. Nos dice el poeta en uno de los textos más largo del libro que presentamos hoy, precisamente titulado "Voces que escucho": "Nadie viene gratis a este mundo./ La desconfianza y la confianza son hermanas./ Gemela la virtud y la deshonra./ Todos vamos en pares, unos lo saben y otros no, esa es la diferencia". A lo largo de la lectura de Poemas de las sombras el lector va tomando conciencia de que las cosas no son tal y como nos las muestran las apariencias. Se establece una dialéctica entre lo uno y lo otro, entre la vida y la muerte, entre contrarios para entendemos, con la finalidad de conducimos hacia un mar donde todo desemboca para explicarnos en su complejidad: "El tiempo es esto, pero también puede que no sea el tiempo". Es curioso que en una poesía de grandes vuelos y anchas aspiraciones metafísicas, su lenguaje no se vaya por las ramas, no se quede vagando por las estratosferas del pensamiento. Al contrario, sus materiales son sencillos, justos, sensoriales, cotidianos a veces, discursivos y familiares que nos facilitan el acceso a un mundo espiritual y lleno de matices, en el que se nos invita a participar de la búsqueda vital del poeta. Búsqueda no exenta, por otra parte, de compromiso con su tiempo, con sus contemporáneos, con su gente y con su conducta moral, como bien se expone en el poema "Alfa y omega", ejemplo de un nuevo compromiso social, alejado del viejo panfleto o la manoseada consigna. Sin embargo, no hay mayor compromiso en la poesía de Ogsmande que consigo mismo, con su Dios en la forma más humana, a través de su palabra, que es llave de luz para abrir e iluminar el mundo que descubre paso tras paso: un mundo que no está afuera sino dentro del ser. "Cuando un caballo marcha/ el mundo va en sus cascos...”

Cuando se leen de seguido, los poemas de este libro parecen ríos torrenciales donde se precipitan las metáforas, las imágenes y los versos. Se tiene la sensación de estar frente a un poderoso caudal, al que uno espera para dejarse llevar por sus aguas. Sus largos discursos pertenecen a un ritmo, no derivado de la métrica, sino dictado por el pulso natural del hombre. Más que estar ante una proposición razonable, ante un pensamiento elaborado, el lector se encuentra ante un mosaico de sensaciones, donde cada detalle puede contemplarse por separado, pero que al retirarnos y obtener la perspectiva adecuada, vemos que cada motivo es el componente de un todo. Esto es aplicable a la forma y al contenido, si es que en poesía podemos separar tales conceptos. El anhelo del poeta es sentirse nada porque ya es el todo. Su integración con la totalidad depende del grado de amor a la naturaleza y a cuanto le rodea, pero también de acercamiento a la palabra, de ajuste a la hora de nombrar.

Así, en este ejercicio más que literario, Ogsmande Lescayllers, con acento circunflejo e y griega, se sitúa también en un terreno ambiguo, entre el cuerpo y el alma, híbrido como su linaje, aprendiendo a conocer la parte más sincera de si mismo, al tiempo que nos muestra, como un espejo, su experiencia para ayudar a descubrirnos.

Madrid 16 de octubre de 2002.


* José Ramón Ripoll, escritor y periodista, nació en Cádiz (España) en 1952. Es director de Revista Atlántica de Poesía, publicación especializada en la difusión en España de la poesía iberoamericana. Estudió en los conservatorios de Cádiz, Sevilla y Madrid. Obtuvo una Maestría en Arte de la New York University , en la especialidad de Literatura Comparada. Actualmente se dedica a la promoción de la música clásica a través de las ondas de Radio Clásica, Radio Nacional de España y Radio Exterior de España.

Obtuvo la beca “Fulbraight" para ampliar conocimientos en Estados Unidos, y fue elegido escritor visitante en el "International Writing Program II” en la Universidad de Iowa, siendo nombrado posteriormente Profesor Honorario.

En el año 1983 se le concedió el Premio de Poesía Rey Juan Carlos I en su primera convocatoria por el libro El humo de los barcos. Además de este poemario ha escrito varios libros de poesía, entre los que destacan Tauromaquia (Madrid, 1979), Sermón de la Barbarie (1980), Las sílabas ocultas (Sevilla, 1991) y Música y Pretexto. Antología (Granada, 1991) y Niebla y confín (Madrid, 2000).

Con el poemario Niebla y confín, obtuvo el "Premio Tiflos" de Poesía.

Niebla y confín configura el final de un trilogía con El humo de los barcos y Las sílabas ocultas, que la editorial Visor de poesía ha publicado recientemente bajo el título de Hoy es niebla.

Es autor de varias monografías y artículos musicales, publicados en periódicos y revistas especializadas españolas e iberoamericanas.

Ha sido invitado como profesor o conferenciante por varias universidades americanas y europeas.




Por REMO RUIZ *

PRESENTACION DEL LIBRO
EN LAS TERMAS DEL ANGEL,
DE OGSMANDE LESCAYLLERS


Agradezco en primer lugar la gentil invitación del profesor Dr. Ogsmande Lescayllers para presentar su novela "En las Termas del Ángel". En ocasiones, el encuentro con una persona depara la sorpresa ante el hallazgo de revelaciones compartidas entre espíritus afines y de alerta sensibilidad. Esto es, precisamente, lo que sucedió entre Lescayllers y yo al conocernos. Inmediatamente surgieron lecturas comunes, obras y autores admirados que producen hondas resonancias y dejan sus huellas indelebles en la memoria a través de los años.

Al día siguiente me dispuse a leer con atención el libro citado, y confirmé la impresión inicial: la novela “En las Termas del Ángel” se halla imbuida de una atmósfera que procede de las mejores lecturas, no sólo literarias sino filosóficas, y aun míticas. Ello suscitó mi interés, y es la causa de esta presentación.

Más que la calidad de la obra, que no me parece discutible, quiero resaltar la herencia y asimilación por parte del autor de esas fuentes que han acompañado e iluminado a la humanidad desde tiempos antiguos. A ellas, pues, voy a referirme seguidamente.

Pero antes conviene afirmar que “En las Termas del Ángel” es una novela de búsqueda, participante de la condición iniciática. En ella encontramos un protagonista impelido a buscar la razón de la existencia, siguiendo una flecha que traza su camino. Así, en el primer párrafo puede leerse:

Sebastián Llosa no sabía dónde ir. Buscó a los cuatro vientos y lo único que le pareció interesante fue una flecha que indicaba el Norte y un letrero borroso donde apenas se podía leer, en letras grandes, tal vez el nombre de un lugar o una dirección: LAS TERMAS DEL ÁNGEL.

Y esa busca, a la manera del Almotásim borgeano o del Enrique de Ofterdingen de Novalis, marcará el sentido del personaje.

La narración de Lescayllers abunda en metáforas, alusiones y símbolos, de los que sería prolijo ocuparse aquí. No obstante, el conocimiento de algunos resulta esclarecedor para la comprensión del libro, tal es el caso, por ejemplo, de la gruta donde entra el protagonista. De inmediato surge el recuerdo del mito platónico, pero únicamente como referencia, pues aquí “La entrada de la gruta era amplia y tenía una claridad inusual para estos casos”. Quiero entender que esta gruta denota el recinto espiritual, templo recóndito donde se halla la verdadera y diáfana esencia del hombre. Ha de recordarse que este lugar posee un significado místico desde los primeros tiempos. Ciertos autores lo han considerado como centro, mientras otros lo asimilan a un elemento femenino, expresando así el retorno al origen, a la madre universal. Es también el sitio en que lo numinoso se produce o puede tener acogida. Por esta razón, desde la prehistoria -y no sólo por­ esconder y preservar las imágenes­- se realizaron en la profundidad de las grutas las pinturas simbólicas de los correspondientes cultos y ritos.

Así también está el símbolo del agua, estrechamente vinculado a la gruta. En la cueva se pide al que llega que renuncie a sus cargas y evite mirar hacia atrás; es decir, el hombre debe ser capaz de liberarse del tiempo, que lo condena a la mortalidad, y "En las Termas el hombre es como un recién nacido”. El agua es, como sabemos, un agente purificador y bautismal, que otorga la vida. Para los chinos es la residencia del dragón, ya que todo lo viviente procede de ella. También en los Vedas hindúes las aguas reciben el apelativo de "las más maternas”, pues en el principio todo era como un océano oscuro. En general, en la India, el agua es el mantenedor de la vida, y circula por toda la naturaleza en forma de lluvia, savia, leche o sangre.

También se produce la asimilación del agua y la sabiduría intuitiva, aquélla que trasciende la razón: por ejemplo, en la cosmogonía mesopotámica, el abismo de las aguas se consideraba como símbolo de la insondable sabiduría impersonal.

Por tanto, la inmersión en las aguas expresa el retorno a lo preformal, tanto con el sentido de muerte y disolución como con el de renacimiento y nueva circulación, ya que la inmersión expresa la vida en su plena potencia. Éste es el significado del bautismo, y así leemos en el relato de Lescayllers: “Llosa, sin darse cuenta, entró a las aguas, mientras María y Samuel lo contemplaban desde la orilla; entonces empezó a flotar en otra dimensión donde no existen los límites ni el tiempo es lo que es, ni las cosas son lo que pensamos”.

Junto a estos conceptos de tipo general, las páginas 26 y 27 del libro ofrecen las claves que sustentan este relato, concretadas en los grandes textos sagrados del mundo: los vedas, Las upanishads, el Bhagavad-Gita, el Mahabharata, el Pancha tantra, el Hitopadesa, el Avesta, el Poema de Gilgamesh, el Talmud, el Código de Hammurabi, el I Ching o Libro de las Mutaciones, y otros.

Pues bien, todas estas tradiciones nutren el relato de Lescayllers para mostrarnos cómo el hombre dispone siempre de guías luminosas a las cuales puede acogerse en su incierto transitó por el mundo. Sospecho, sin embargo, que para él -como para mí-, la más importante de estas guías es la Poesía, y así lo expresa con hermosas palabras que definen a uno de sus personajes:

“El acto de la poesía, callada o manifiesta, era su búsqueda. [...] Él era un artista del silencio y de la luz, un dios y un visionario, es decir, un poeta. Un poeta [...] es el que va creando y forjando nuevas sustancias que sirven para que los demás ennoblezcan sus sueños, sus deseos.”

Nosotros deseamos, en esta tarde y siempre, que esta luz nos acompañe y dirija nuestros pasos hacia la realidad última, más allá de las contrariedades, más allá de las apariencias, más allá de los límites ilusorios del tiempo.


* Dr. Remo Ruiz. Poeta, crítico, ensayista e investigador de origen español nacido en París, Francia, en 1964. Dr. De Filología por la U.C.M. Ha obtenido diversos premios de poesía, entre los cuales destaca el Premio Internacional “Carilda Oliver Labra”, y el “Blas de Otero” de la Universidad Complutense. Ha publicado varios libros de ensayos sobre los poetas, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Sergio Macías. Como investigador ha participado en diferentes Congresos Nacionales e Internacionales de Literatura.



EL POETA OGSMANDE LESCAYLLERS EN MADRID.

Por Ramiro Lagos *

Ogsmande Lescayllers poeta de la cubanía lírica madrileña, publica sus antológicas reminiscencias de juventud bajo el titulo de Los Poemas de las sombras. (Ediciones Vulcano, Madrid, 2OO2). Con este poemario de 118 páginas, resurge la palabra donosa de un escritor que ya se había lanzado a poetizar su vida y la de su entorno desde niño, a los 18 años publica su primer libro, Decir la palabra. Ya a su edad madura la sombra de sus plateadas ondas otoñales, deja ver los pétalos crepusculares enlabiados de flor de lis que se convierten en otras ensoñaciones de penumbra alboreada, donde aletea el espíritu del poeta como pájaro canoro frente al paisaje de la vida. Un poeta que quería ser árbol, aquí lo es por sus frutos y por sus hojas de luz y también por sus raíces de cósmicas ramificaciones ancestrales.

Palma real cubana con ramazones extendidos hacia los cuatro punto cardinales, evócanse en su simbología lo que étnicamente hay en sus venas de galo, de catalán y damasquino, para matizar su gama poética con esa su peculiar cubanidad cosmopolita de manos abiertas como la palma guantanamera, de donde cree la poesía real martiana de su solar nativo. Confieso que su arábico nombre afrancesado me tuvo intrigado después de que Mandy, tal como lo conocía, me entregó su libro con su auténtica firma exótica, más me intrigó cuando conociendo la proverbial verbosidad del caribeño, se me había presentado con esa voz suavisonda, gentilmente arábica y tocada de cierta galanura melancólica. Rasgos de su personalidad y de su raigambre hay en su estilo. Y en la expresión de su lenguaje poético de palabras selectamente damasquinadas... Hasta donde lo he leído, sin profundizarlo, porque mas lo veo luz arriba hacia la copa de su palmar genealógico, este poeta sorprende por el esmerado manejo de su palabra poética que crece cuando el poeta mismo la declama con la eclosión de sus significantes iridiscentes.

El culto a la palabra y su tácita apología a su poder creador, se afirman en el tópico con que abre su libro, cuyo epígrafe tomado de Hermes Trismegisto, prohíja Lescayllers como anticipo de su poética: “El gran obrero ha hecho al mundo no con sus manos, sino con la palabra...” Y si desde el génesis de la creación, al principio fue el verbo que se pronunció sonoro y diáfano, para que se hiciera la luz, la palabra surgió así abierta a la claridad, como primera ventana metafórica del lenguaje poético, en cuyos reflejos se aclaran las oscuridades o matizaciones de todo destello lírico que se llame poesía. Y el logro del poeta Lescayllers es que en su poesía poco hay que aclarar sino más bien disfrutar de las ricas manifestaciones de su lenguaje traslaticio o directo bajo sus transparentes sombras.

Un lenguaje clarividente, como si vidente el mismo, se propusiera ver más allá de las palabras, particularmente cuando las despetrifica, les da vida, las humaniza, cuando les salen a flor de piel y las convierte en palabras cósmicas como en "celestiales ubres", “reminiscencias de piedras incendiarias", "nubes o acróbatas", antes de que la palabra misma se convierta en amor, en vida, para luego transformase en canto, o en velado manifiesto de osadías. Esto lo ha conseguido el poeta y algo más, que cuando se le lee deja una sensación de satisfacción y apego al buen gusto, que es como si dejara las huellas de su peregrinaje lírico.

Y estoy seguro de que este joven, ya maduro poeta cubano, las va dejando a medida que nos damos un paseo por su poemario. Yo me lo he leído verso a verso y me han dejado sus poemas un cúmulo de placenteras sensaciones que me animan a darle otra lectura de satisfacción reiterada. Lo que más impacta es el aporte de su creatividad, su discreto barroquismo airoso, sus reflexiones ideológicas y su emotividad al control de una cabeza bien estructurada en lecturas de esteticismo ecléctico. Hay en su poemario originales títulos que de por si asumen visos de creatividad como la "La fábula y el resplandor del ojo", "Júpiter y yo", pero el poema cenital que en mi concepto forma el corazón y el cerebro de su personalidad poética es el que titula "Yo no soy otra cosa". Valga citar lo que su propio Yo protagoniza:

"Yo no soy otra cosa más que la poesía.
Soy eso simplemente no lo niego.
Soy la palabra envuelta en la palabra.
Los tonos y las voces.
Las inflexiones de la lengua
Forman un espiral
Que se abre y se rompe en el gris de los vértigos".

A través del paseo ontológico por sus Poemas de las Sombras, quisiera detenerme en varios de los poemas de atractiva comunicación lírica e intelectual. Y me inclino a este campo en que su poesía comulga con mi veterana tendencia hacia la poesía testimonio en que se pretende dimensionar el socio-martirológico problema de América latina.

Su poesía ondulante de reminiscencias conlleva ritmos vitales evocadores de su mar habanero. Ritmos convividos a la sombra de sus recuerdos garridos y de su mar de fondo en que trascienden su “Alfa y Omega” de compromisos, frustraciones y denuncias. Es cuando escéptico del todo, relata la tensión de sus testimoniales acosos:

“Vienen a interrogarme las mareas difusas.
Quieren pruebas para juzgarme,
Para ponerme de una vez por todas
Detrás de los barrotes".

Convertido de revolucionario contagiado, a libre pensador se entrega al caos del confusionismo espiritual e ideológico y acudiendo a San Agustín, a Rousseau y a Santa Teresa, deja a un dios vigilante en la entrada de su sombra.

Cuando las sombras se le enredan en su mente poetiza la autobiográfica peregrinación por el imperio del consumismo, de su culto al dólar y de su vacilante repudio. “Alfa y Omega” es el poema en que los asomos de poesía testimonial cumplen su misión de compromiso circunstancial y de denuncia abierta. Es cuando el poeta, situado en La Quinta Avenida ve los supermercados

"abarrotados de tristeza"
sin nada por dentro y por fuera".

Entonces su reacción fue rebelarse contra los dólares y objetos de consumo. Fue cuando le llenaron la mente de gritos y consignas. Ahora en el exilio este poeta cubano, enarbola la bandera de la libertad y adquiere más compromiso con la poesía que con la propaganda ideológica. Su poesía la comanda él mismo a su edad de capitán garrido frente a un ejército de palabras optimistas y creadoras y con este libro de poemas da un sólido paso editorial hacía el éxito que le deseo y todos le deseamos esta noche de tertulia madrileña y de abrazos calurosamente solidarios con su arte de hacer poesía, y amigos de la poesía.



* Dr. Ramiro Lagos, nació en Zapoteca, Colombia, procede de la tierra legendaria donde se escribió La epopeya del cóndor. Antólogo y poeta, Profesor emérito de la Universidad de Greensboro, Carolina del Norte, Estados Unidos. Su cultura es vasta y profunda, ha publicado obras de eco internacional, como el Mester de rebeldía de la poesía hispanoamericana, Voces femeninas del mundo hispánico y Ensayos surgentes e insurgente, etc.




¿POR QUE LEER A OGSMANDE?

Por Manuel Mñoz Santos. *
¿Por qué leer a Ogsmande Lescayllers?, me preguntan, y la contestación es bien sencilla, casi fácil. Leer a Ogsmande Lescayllers da siempre la satisfacción de disfrutar algo que está al alcance de todo el mundo, una satisfacción, creo yo, muy superior a la de aquel que se sabe en el secreto de lo inaccesible. La literatura de Lescayllerseana se comparte y se comenta, así su prosa como su poesía. Es realmente un libro abierto que se explica por sí solo, que como obra de la imaginación tiene principio y final en sí misma, pero que como referencia vital abarca la experiencia personal razonable, a la vez que la experiencia colectiva conocida, pues el autor no pretende destacarse del común de los mortales -no estamos ante el artista divino que nos ciega por su contemplación radiográfica o su indiferencia-, sino que lo que quiere ante todo es participar junto al lector de una andadura amable durante la cual conversar con palabras sencillas. Y digo conversar, y no instruir. Leer a Ogsmande Lescayllers da siempre derecho a réplica.

¿Y por qué leer a Ogsmande?, continúan preguntándome. Pues porque rezuma vitalismo en cada línea, porque es mejor lo positivo que el lamento destructor de la esperanza y el trágico sentido que otros tienen de existir. Si estar aquí es un milagro, ¿por qué no disfrutarlo y agradecerlo y contemplarlo como algo bello en sí, que merece compartirse en todo instante con quien piensa a pies juntillas que la vida es, sobre todo, muy hermosa? Para Ogsmande Lescayllers la vida, y no la muerte, nos iguala, y la muerte no es final, sino estación -quiero creer que una estación de tren antigua, en la que aún resoplan las máquinas de vapor-, con todo lo que se abre a nuestros ojos en el término de un viaje nada más que hemos llegado. La muerte no es soborno de la vida, como rezan algunas religiones, no nos debe coaccionar ni debe limitamos ni frenarnos en el paso. Leer a Ogsmande Lescayllers es darse impulso para andar por el camino más contento y esbozando una sonrisa.

¿Y por qué leer a Ogsmande?, terminan ya de preguntarme más o menos convencidos. Sobre todo porque es bello. Ir discurriendo por las líneas de su literatura es darse un gozo de belleza, recrearse en el sonido, en la imagen sustancial que despierta las sensibilidades más dormidas y echa leña al fuego que, en todo ser humano, no ha dejado de latir, no se ha extinguido nunca. Ogsmande Lescayllers recurre tanto a los paisajes de su Cuba y su Caribe con los que todos una vez hemos soñado, como a los otros que son tierra universal en que cualquiera puede reconocerse, aunque nunca hasta el momento se haya detenido a respirar el aire puro o a contemplar aquel detalle hermoso que siempre está presente, por mucho que se intente despreciarlo. Y cuenta sentimientos en tiempo en que los sentimientos avergüenzan, sin censura, igual que cuenta ideas en días en que a todos nos cuesta Dios y ayuda mantener la lucidez y el pensamiento de que somos algo más que cierto número: somos hombres, y eso es bien precioso.

Entonces ya lo saben: leer a Ogsmande es muy sencillo, alegre y muy bonito; por eso hay que leerlo. Les invito.


* Profesor. Manuel Muñoz Santos, Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Escritor.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Todos estos poemas forman parte del libro "Los poemas de las sombras" de Ogsmande Lescayllers.

Ruinas de la iglesia de San Simeón el estilista con la columna.


Un patio de Damasco.
IDILIOS DE LAS SOMBRAS.
Pero yo no pregunto por el soplo inicial,
Ni qué es lo divino realizable.
Alberto Rocasolano.

La huella de los pies,
Diminuta corriente del arpa entre los dedos.
La cáscara infla espermas,
Músculo de las profundidades del Océano.
Y se queda,
Se queda tan callada
En su silencio de pájaro mortuorio.

Todo, cuanto he escrito hasta este instante,
Puede ser un enigma,
Pero he pensado en descolgar el tiempo,
Codificar el tenedor y el iris de la lengua
Y no sintetizar el viejo itinerario de las nubes.

Entre el árbol y el mar
Se vuelca un tren de músculos sin nortes.
La hilaridad se comba,
Se desencaja el filo de la lluvia
Y hay furias lentas;
Lentas furias del mundo,
Donde los genesiacos,
O la preñez medular de la impaciencia,
Inauguran el nido,
Pájaro o la rama;
O la segunda etapa,
Etapas de húmedas planicies,
O de los más gastados empalmes de las sombras,
Y falseada,
Falseada como un guiño,
La concisa conjunción de la insolencia
Comienza a acomodarse las pestañas,
Y la lombriz de tierra pica el himno del viento
Y el marco menos lúcido es la muerte.

Los hombres, siempre cantan.
Los hombres van cantando.
Los hombres cantarán.
Así serán sus lenguas desmentidas,
Sus proféticas lenguas,
Cortadora de acechos e inmundicias.

Ya llega la fragancia.
Bajo la cola imperial de un pez de luna,
A un lado, o en su dolor más infinito,
Suda su cola individual la “pajarita” triste,
La primera porción de una madeja insólita.

La punta de una espada,
Vigila el corazón de ese lagarto.
La concisa razón de un animal se duerme,
Se duermen los aleros.
La comisura, no está para quedarse,
En su pechera de agua,
De agua y techumbre;
Los calos,
Los injertos
O la voz que despeina la faena en la casa,
Borra página a página
La confianza del pájaro,
Del pájaro y la rama,
Y se hinca en la rótula del mar,
La sinrazón de un estribillo en solfas.

Mira,
Desde este puerto donde no hay culebras,
Dice Julio Metanos,
Que el área de los gritos ha perdido la lengua.
Y se duerme Serafio,
El noble escalador de la intemperie.

En mis manos, no hay armas.
Todas las armas del bien están en mi conciencia.
Los himnos de mi piel se han hecho enormes.
¿Y es que acaso se puede hacer el amor con una sombra?
Se puede,
Seguro que se puede.
Porque el amor es una sombra,
Que se acurruca debajo de otra sombra,
Y no le duele el sexo,
Ni la agonía del sexo;
Él reparte la vida,
Multiplica su casa
Y hace tierna la flor
Más allá del color y su fragancia.

Definitivamente me incorporo.
La ondulación se enmarca
Sobre los costillares de la tierra,
Y entre la florescencia,
La lluvia y el desmedro,
La epidermis, es la muerte,
Y en ella están las sombras.
Mira, desde esta peña,
Como secunda el río las hojas que se marchan.
Raudo,
Como collares fugitivos,
Todo el amor del mundo se anida en mi sonrisa.
Soy tu arma;
Lo sabes.
Los relámpagos duermen.

II.

Yo no finjo quedarme,
Pero soy un atleta del amor.
Mis hijos están pintando sus tardes con crayolas
Y mi mujer se desgajó sin dejarnos noticias.

Tengo cántaro abierto en cada mano
Y mi cuerpo es un faro incidental
Con un aullido largo,
Como un trueno.

Ayer me vinieron a buscar los alarifes;
Pedro, el más comedido,
Se suicidó dos días antes de nacer
Y Federico Combas,
Era menos valiente y se sacó los ojos.
¿Por qué mis amigos, Pedro y Federico,
Tan híbridos de andarse sacándose sus cuentas,
Empezaron a irse,
Antes de levantarse frente al mundo?

Combas, era mi amigo,
Seis meses antes de mi padre conocer a mi madre.
Y Federico era vecino de mis tatarabuelos,
Cuando la institutriz de mis ancestros,
Bañaba a mis hermanos.

Limpia mi vida estaba
Cuando aparecí sobre el planeta.
Leonela y Magdalena,
Las hermanas de mis antepasados,
Son como los calambres de mis manos.

Antes de las dos guerras que asolaron el mundo,
Mi padre se hizo comunista.
Mi madre estaba lejos en un punto de Siria
Y un día sin sospecharlo,
Se hallaron uno frente al otro,
Hablando un mismo idioma,
Pero con acentos diferentes.

Las dos raíces mías, están vivas.
Casa es la sonrisa de mis cotiledones.
Del mar me llegan las fábulas del tiempo
Y todavía recuerdo a mis viejos patines,
A mi carriola azul,
Al camino de piedras,
Por donde en otra edad
Mi abuelo trajo sus maletas de Marsella.

Abuelo me decía
Que el tiempo es un romántico
Con poderes proféticos,
Pero entonces, yo no pensaba en eso.
Yo pensaba en la lluvia
Y en las puestas de sol,
Cuando María Nemesia me lleva con ella
Para darme tostadas.

Cualquier golpe en el pecho, es una maldición.
Cualquier soplo de vida,
Puede llenar, de ánimas la noche.

III.
He tatuado mis huesos
Como a una estrella
Que estremece la corteza caliente de la madera.
Y este modo mío, familiar,
De buscar los colores;
De unir la cola del pavo real
Con la cola del cometa.

Estos faroles tibios,
La piedra que volcó la casamata.
Pero sellé los paredones con mi sangre
Y se han roto mis labios
De rebuznar la cuerda de los ecos.

Los de allá, se quedaron amasando la muerte.
Yo quería una centella
Para limar la soledad y mi silencio.
Yo iba de cuclillas,
Como la enredadera que abastece mi sombra.
En la alberca, los hombres van de pie.
Del otro lado nos esperan las aguas turbulentas.
La tierra quebrada por los rayos del sol
Y una espuela melliza,
Hundida en el tatuaje de las carnes,
Ahora está de pie, sobre un cartel de fondo.

Cuando los animales y la muerte,
Vinieron a cantarme sus versículos,
Se me llenó la mano de dolores y espermas.
El mar, congeló las superficies.
Tú me quieres, paloma. Tú me quieres.
Pero de bajo de tu sombra,
Ladran enfurecidas las marmotas;
Las maderas sin siestas,
Los camastros vacíos
Y esas ansias de cegar al hombre.
Hoy vino a buscar el enjambre de Kafka.
José K, no quiso traerme su enfermera,
Ni su cuenta bancaria,
Ni la plomiza manía de sus ojos.

Hoy pueden ocurrirme,
Los más insospechados menesteres.
El sol bajó la guardia.
Papá tejió una profunda geografía sobre mi casa pobre
Y Salomón, el amigo irredento de mi infancia,
Se llenó de cristales el cuenco de sus ojos
Y la lenta preñez de su mirada.
Cuando veo esas sombras,
Casa me da sus frutos.
Las aguas de los ríos se gastan en mis manos.
Y siento tu canción morder los intersticios,
Como escalera grande que me comprime el rostro.
¿Qué te está lastimando, corazón?
En tu casa,
Las margaritas han quemado sus pétalos.
La rabia ha perdido la lengua
Y es una maldición acorralada.
Tenme, nostalgia;
Tenme en tus encantos.
La casa del amigo ha cerrado sus puertas
Y los perros me inyectan
Con sus fabulaciones metafísicas.
La luz, me está quemando.
Me está quemando el aire.
La tierra me lastima, como a un duende.

IV.
Yo sabía que la tierra no es tan triste.
Que los que anuncian el derrumbe total del Universo,
Está en la parálisis de insospechados sueños,
Bebiéndose la vida en un segundo de agua.
Ayer pasó volando por mi casa un moscardón azul.
Con su voz tartamuda, hincaba la sonrisa de los niños
Y su rostro bicéfalo se diluyó en las sombras.
Lluvia, fue el apeadero que borró las sombras.
De tormentas y espermas
Es la baranda de los infranqueables.
Y como doce puntas menudas de tijeras,
Azuzaron la piel a punta de cuchillos.

De puerta en puerta, o de calle en calle,
Los profetas vinieron cantando de alegría.
Y los profetas abrieron sus calles la amar
Y de la mar nos llegó la luz y el canto.

¿Por cuántas calles, ha descendido el hombre;
Esa raíz versátil, que se esquilma el corazón
Cuando anuncian su muerte?
¿Por cuántas calles, digo yo, cuando me marcho?
ODA A LA TIERRA.

Muerde el hombre la tierra
Y esta le devuelve su arrogancia.
O.L.
Día tras día, mis pies tocan tus yemas.
Entiéndeme que estoy sobre tu vientre.
Tus duros huesos, están ante mis ojos
Y no puedo escapar de tu cintura.
Tu eternidad se ha fundido en el tiempo,
Te enciendes y te apagas, te derrumbas, te alzas,
Tus pies se han enterrado y andan lejos.

Después vendrán los duendes del silencio.
Los tibios dinosaurios y las yerbas,
La noche con sus párpados cerrados,
El tiempo con su carga y su cadencia.
La lluvia ha de venir, de espaldas al trueno,
Con la frente mordida por el viento
Y hasta el eco es posible que te ladre.

Cuando fijen tu edad, dile que hay agua,
Para regar el mundo y darle aliento.
Dile, que tú eres dueña, de las raíces y los días,
Dueña de la madera y las piedras.
Dueña, de todos los caminos,
Y hasta del ideal y la materia.
Háblale de tu edad y de tus sueños.

Hay un hilo, un resorte, una semblanza,
De nubes, grietas y arco iris,
Hélices, empalmes y caminos,
Eterna incubadora de la vida.
Tú reinas, porque en ti la sangre se levanta,
Ahí tienes tus viejos anfitriones;
La luz entre la luz, la luz sobre la noche.

Sigue volando, paloma confidente.
Aguarda a las hormigas.
Sigue, no te detengas, el sol guía tus pasos.
El sol ilumina y engrandece.
Los montes son tus hijos más hermosos.
El mar, tu seno informe sobre rieles.
La eternidad, el cielo de boca.

En ti cabalgan viejas melodías y recuerdos,
Diafragmas de las nubes que pasan por mis ojos.
¿Pero quién sabe dónde se remonta el empuje de tu cuerpo,
O un leve soplo, de coplas y jazmines?
Un susto de espirales y semillas;
Un lento azul, porque el mar es azul,
Y en su vientre descansan las estrellas.

Ahí estás, en tu lecho.
Que tiene ríos, derrumbes y orificios,
Y largas cicatrices que le infligió la lluvia.
¿Cómo eres? ¿Cómo vives? ¿Cómo andas?
Eso no estaba escrito en el poema.
En la cáscara insípida del tiempo.
Ni en el dolor del rudo timonel sin pesadillas.

Y si la noche cayera un día sobre ti.
Y si el día cayera un día sobre ti.
¿Qué recomiendas para limpiar tu cuerpo?
¿Cómo poder decirte, diciendo, sin decirlo?
¿Acaso seré yo, o es nada más la sombra de mi yo?
¿Puedes recomendarnos, todo lo que tu sabes de las eras,
O a no dormir la eternidad de un día?

Está ahí, rendida y a veces medio oculta,
Detrás de esos contornos de paredes.
¿Puedes dejar la fusta con que juegan de noche las lombrices.
La caída del verde, o del azul intenso de tu cielo?
¿Puedes hablarnos, de tus habitantes?
Porque después, de tantos golfos y ensenadas,
Debes acariciar, toda la paz del mundo.

PRELUDIO XXI.

“En verdad, me sobran palabras,
Yo estoy ahogado por un soplo interno”.
JOB.32.

En todas partes se abren los abismos,
No tengo dirección donde poner mi brújula
Y tengo la mirada como una maldición
Que dejara sin piel los tiempos viejos.

Tu nombre junto al mío
Y mi nombre y tu nombre,
Eran petardos para matar la soledad;
Otras veces, inventamos juegos,
Que en el silencio fueron escopeteros indeseables.

Lissette Martín, juró que me quería,
Juntó palabras difíciles de oír
Y construyó risible la tristeza.
Eso dijo después,
Porque en las playas solamente había turistas.
En los hoteles, solamente había turistas,
Y en todas partes, sólo cabrían turistas.

Lissette Martín, juró que me quería,
Pero yo no podía ser turista.
Ella necesitaba un hotel de lujo,
Pasearse en tangas,
Por las blancas arenas de las azules playas,
Disfrutando la soledad
Y el silencio indiferente de los dólares.
Pero las piedras no procrean;
Son olas bizcas que no pueden calmar el corazón,
Ni sostener la luz de los cocuyos
En las noches oscuras,
O el hilo casi imperceptible de un relámpago sur.

Estas no son palabras que te digo,
Son nombres que te nombro
Porque quiero evocar los dolores del tiempo,
Anunciando párpados gimientes,
Gimientes divisiones,
Incompetentes números,
Figuras intocadas,
Que vuelan en la ausencia y las repeticiones.
No son barcos de trueques
Si no fantasmas que ladran en las sombras.

Lo sé, porque lo sé,
Y no porque me han dicho que lo sepa.
Aquí tengo sus huellas,
Sus grandes esqueletos;
Dormidos.
Dominados.
Sin vida.
Tengo aquí sus atrezzos,
Sus manos procelosas
Y una larga comparsa de jaurías.
Pero no he dicho nada,
Sólo quería poner algún ejemplo,
Para que cuando salgan volando las chicharras
Los perros ladren seguros que algo está ocurriendo.

Los sin tierra, estamos de este lado.
No somos sabios,
Tontos ni engreídos;
Simplemente miramos y tomamos nota.
Los que no son, no son...
Las columnatas de un estadio
Dividen este mundo de aquel.
Son estos y son aquellos.
Hijos de las tinieblas.
Sonoras ramas arrancadas del árbol.
Árbol torcido que la luz no redime.
Voces taladas, que aún después de viejas,
Hieren el paladar y la sonrisa.
Somos nosotros.
Así nos inculpas de las culpas.
Somos nosotros.
Y no hacemos otra cosa que negarnos,
Repetir y decir maquinalmente
El ronroneo que nos viene de allá;
De acá, o de ti mismo,
Como si el fuego escapara de la pira.
Y todos,
Menos uno,
Ese que viene ahí con su linterna,
Caminamos a oscuras
Y hablamos mudamente
Filosóficamente,
Endemoniadamente,
Como los perros que ladran a la luna.
¡OH, mi Dios!
Cómo nos vas a hogar en esas aguas,
Con esta indumentaria
Y estos pies de plomo,
Que ignoran el sentido de un buen paso.
Y hasta puedo caerme de rodillas
Por usar demasiados esta lengua de lata.

También puedo;
Pero no voy a levantar la voz,
Porque allá arriba un señor nos vigila.
Aquí adentro hay un hilo que puede amordazarnos
Y al otro lado, los caídos no tienen sustitutos.

Duele entonces, mirarse y no saberse.
Los concursos terminan
Unos minutos antes,
De entregarle el diploma a los premiados.


Ogsmande Lescayllers.

Texto de Ogsmande Lescayllers




JARA BEDMAR EN LA QUIETUD DEL VERSO.

Del mismo modo que hay textos corregibles y otros incorregibles, también los hay criticables y otros imposibles de entrar en ellos. La fuente, entre la transparencia de sus aguas, a veces oculta sus misterios. Desde luego, en el misterio radica el desafío que esconde toda obra.

Franz Brentano sería el primero, luego, más informado, Luis Althusser, quienes se fijaron e intentaron con mayor seriedad despejar el misterio de la intencionalidad de la palabra. Pero no acertaron porque tanto uno como el otro cayeron, sin darse cuenta, en las mismas trampas de las redes que tejían, mejor dicho, que ideaban. Brentano siguiendo a San Agustín y Hegel, se hundió demasiado en la fenomenología, hasta perderse en un psiquismo vacío y trasnochado, hasta quedar en nada. Althusser, ahondó más, pero terció el rumbo hacia la hermenéutica, sin percatarse que la axiología del fenómeno o del cuestionamiento sobre el lenguaje, tiene, por encima o por debajo de todas las cosas, un profundo calado social, donde sólo una ínfima cantidad pasa a formar parte del texto o de los libros. Tampoco se quedó atrás Ludwig Wittgenstein, uno de los inspiradores del famoso Círculo de Viena, con El Tractatus Lógico-Fhilosophicus, donde las frecuencias numéricas o axiomas cuánticos, lo convirtió más allá de un ensayo sobre el lenguaje, en una especie de manual de lógica hermenéutica.

Hablar de poesía o hacer crítica de ella es una tarea arduo difícil y, además, complicada. Por la sencilla razón que no estamos juzgando o cuestionando palabras o un discurso determinado, sino imágenes que, en ocasiones, están volando en los espacios o capacidad asociativa del lector.

El poeta nos manda un aviso, nos indica una señal de algo que es, o nos sugiere que sea, pero es el lector o el receptor, el encargado de decodificar o descifrar el mensaje.

El poeta es y será el gran anunciador. Él trasmite sus impresiones y emociones personales; las adorna con la sabia de su mente y la exporta o transporta a través de redes y canales hasta que el receptor las asume como suyas, si no les merecen el rechazo.

Para entrar al registro de una voz que se convierte en poesía necesitamos tener conocimiento de la poesía, de la voz o los timbres que esta tiene y, como es natural, saber el tiempo y el espacio donde se mueve el poeta. Quede claro que no estoy hablando de versos, sino de poesía, ese cuerpo indócil que se corona o que termina siendo libro.

El panorama “literario” español de hoy está plagado de hacedores de versos. Poetas hay pocos; muy pocos. Algunos piensan que escribir poesía, o que lo de ser poeta es una broma. No se percatan que en realidad entre los oficios dentro del arte y por qué no, dentro de la vida, el de poeta es uno de los más difíciles. Porque no todo el mundo puede ser profeta y el poeta, en mayor o menor medida lo es.

Miles de libros salen todos los años al mercado. Eso no estaría mal si en realidad fueran libros. Pero tener la forma de un libro, encuadernado o maquetado, no es suficiente para que se le considere como tal, es decir, un cuerpo de escritura o un ser que perdura en el tiempo, hecho de pensamientos y letras. Por eso se hace tan difícil escribir sobre un libro y, sobre todo, si es el primer libro de un autor y, si además, ese autor es un poeta ya podemos imaginar todo el riesgo y sacrificio que tiene la tarea.

Naturalmente, voy a hablar de un libro, un libro de poesía, de una poeta joven por demás y que está enraizada en el panorama literario español actual.

Quizás no sea todo lo justo que quisiera con esta autora y su libro. Pero deseo de todo corazón es que las equivocaciones sólo caigan sobre mis pocas luces, para vislumbrar toda la grandeza que a lo mejor otros pueden descubrir en estas páginas y en los poemas que encierran, de los que me enamoré y quise hacerlos míos en una tercera lectura, porque en la primera me supieron a poco.

La razón era clara, creo estaba exigiendo demasiado y haciendo comparaciones con algunos textos sueltos que le había escuchado a la autora y que también he encontrado dispersos por el libro, Ven ¿Eh? No. Desde luego, el título no me convence, porque el contenido interno supera las expectativas de un título hasta cierto punto frío, o un tanto como de juego, para un primer libro de poesía.

Jara Bedmar Pecellín comienza apostando por un lenguaje coloquial sencillo y sugerente.

Estiro el brazo izquierdo.
Extiendo la mano,
La abandono;
La dejo palma abajo
Mirando el suelo
Que pisan mis pies.

La acción o el gesto de tender el brazo y poner la mano palma abajo, no está negando la firmeza del sujeto que en son de paz inaugura un nuevo modo de contemplar las cosas, y ese modo no se hace en claves masónicas o evocación mística sufí, colocando la mano derecha sobre la izquierda, sino al revés. Todo un logro intencional de la sinestesia, o de la deixis, diría Roman Jakobson.

En el poema Sombras, podemos descubrir otras de las tantas excelentes reflexiones e imágenes poéticas, diría yo, sobresalientes, que aparecen en este breve libro de Jara Bedmar.

Quedemos,
En alguna parte,
Pero no permanezcamos para siempre.

La idea del encuentro para esta poeta es algo esencial, por eso no elige un sitio o lugar determinado. Puede ser en cualquier parte, siempre y cuando ese encuentro, no sea para siempre. Sabe que lo cotidiano crea el cansancio y el tedio; que la fijeza de las cosas impiden su evolución y ella prefiere el movimiento: el cambio.

No pretendo ni quiero glosar todo el libro de Jara Bedmar, cuestión ésta que tiene bien merecida, pero eso será en una crítica posterior en la que estoy trabajando con varios poetas españoles jóvenes o ya no tan jóvenes, porque algunos ya cumplen o sobrepasan los 30 años.

Lo que sí quiero sugerirles a los lectores y poetas que lean este libro, VEN ¿EH? NO, que no se dejen arrastrar por la pasión y analicen las nuevas claves que nos propone esta jovencísima poeta, que poco a poco va aproximando su voz hacia nosotros.

Como ha de colegirse, la poesía española necesita de voces nuevas que expresen el sentido y nos muestren una visión fresca y limpia de la España actual, alejada de la sensiblería irrisoria de la rima, de la declamación chabacana y la fraseología prosaica y simplista de la mal llamada Poesía de la Experiencia.

Jara nos propone lo nuevo, nos da pautas para que le sigamos los pasos en el tiempo; insertando, como en una especie de latido, los instantes que vive; los que quiere y los que no quiere.

Inacabados los versos
Abandono la súplica de mi instinto
Y voy muriendo como una rosa
En un desierto: lenta, segura.
……………………………………………..
……………………………………………..
…………………………………………….
Escribo para morir mejor. Ya nada me detiene.

Esperamos que así sea, que nadie ni nada detenga a Jara Bedmar en su quehacer poético, incluso ni los malintencionados que nunca faltan y que en vez de observar insidian. Por que ellos incapaces de descubrir el misterio de la palabra, para zaherir, lanzan sus rebuznos en son de guerra, mientras Jara construye y sueña en versos.

Dr. Ogsmande Lescayllers.
Madrid. 27.01.09.

domingo, 1 de febrero de 2009

TODOS ESTOS POEMAS FORMAN PARTE DEL LIBRO DE OGSMANDE LESCAYLLERS, "LOS DINOSAURIOS NO SABÍAN VOLAR."

















El poeta en su jardín. foto izq. A la derecha en casa de su amigo el gran poeta Sirio, Alí Ahmad Said Asber en Qassabin, juntos de Izq. a dcha. el traductor, escritor y poeta Rifaat Atfé, Adonis, Lescayllers, y su amigo, Ousama Asber, poeta, editor y traductor, unos minutos antes de su recital en Jable, Lattakia. 13.07.08.


A TECHO ABIERTO.

A techo abierto, el mundo,
A techo abierto.
De los pies a la cabeza,
De la cabeza hasta los pies.

Rumores y temores,
Brocas del armador ante tus ojos.
Despalillan los senos de la luna,
La faz intercostal de los ejércitos.

Y median en mitades progresivas
Los atletas del viento que enmudecen
Mientras nos van cargando de inmundicias,
De sal y plomos;
Plumas y agujeros,
Los canales del aire que te asfixia.

A techo, sembrador,
A techo abierto,
Tan viejo como ayer,
Hoy menos cálido,
Paradójicos salmos de profetas,
Púrpura noche donde sestea la curia.

A techo tenedores de responsos.
Híbridos de agujetas y medallas,
¡Oh, Píndaro,
Venid, habladme a solas!
Que estoy de cal en las murmuraciones.

A penas quepo,
Y todos los incisos
Se me hacen plausibles en un verso.
Converso yo,
Sin agua muchas veces,
Hablo de los dolores de la tierra
Y me duelo,
Hasta quedar marcado en la distancia,
De los que me persiguen sin descanso
Por denunciar las felonías del mundo.
Por burlarme de Dios y sus acróbatas.
Por no asistir a misas los domingos.

Hablas de libertad y ves un plato
Vacío y roto encima de tu mesa.
Hablas de amor y te dejan desnudo.
Hablas de paz, mientras te descuartizan.
Qué hacer: dices entonces.
Mientras rebotas entre agujeros negros
Y mil puñales se clavan a tu espalda.

Busco luz,
Busco paz,
Camino a ciegas,
Entre reactores de máximas frecuencias.
Pilatos nos conduce hacia el abismo.
Cleofás pasa marcando a los caídos;
Yo esmirriado y sombrío me quedo a solas,
Con cinco parabienes en la lengua
Y diez grapas de más, en la garganta.

COMO LAS FORMAS.

Como las formas,
Reducido a un combate sin fronteras,
Erguido sobre un sueño de panteones;
Erguido simplemente,
Como todo animal, erguido hasta la muerte.

He navegado solo hasta el fondo del agua;
He ido y vuelto en mí,
Con un clavo en el hueso de la vida.
He merodeado entorno a las espigas
Y he quedado en el aire,
Inciso en las paredes de su nombre.

La tierra se alimenta en una cofradía de tendones.
Unos van prodigando las alturas,
Otros se van de mares tras las sombras
Y tras la mar me quedo suspirando,
Allende a los océanos que aún no existen.

Absuelvo y me disuelvo;
En dos canastas repletas de ilusiones,
En la red que me inserta en las cuadrículas,
Para vivir la estancia de un segundo.

Siempre me llegan ellos,
Siempre vuelven,
Deshilachados sastres del destino.

Mi búsqueda se extiende por los márgenes.
Se guinda de los márgenes, se rompe,
No calibra la altura
Y se remolca sobre un panteón de mármol.

Como las formas,
El tiempo se postula entre dos flechas.
Se encierra en una funda de ilusiones,
Se despide de sí, sin dejar huellas,
Se crema lentamente;
Se deshace,
Como un mechón de pelos en la hoguera.

Siempre a la saga,
En busca del camino.
El uno marca al dos;
El tres al cuatro.
Unas cuantas preguntas resucitan,
Entre los escondrijos de las sombras.

Alguien pondera el tiempo y se desmarca.
Alguien clava una huella en la memoria.
Fija y precisa un punto en el recuerdo,
Arma un plantel de luces,
Que los ciegos descubren sin hallarlo.

En la margen opuesta de la noche,
Despunta un día
De ausencias y reencuentros.

DOLOR Y PÉRDIDAS.

Cuando pienso en mi casa y en mis padres
Un resplandor se inserta en mis recuerdos.
Cuando busco a través de la memoria
En la sustancia de mis cavilaciones,
Un animal deforme sale al paso
De los embrujos que afloran en mis sueños.

Con todas las tristezas sepultadas
Dentro y fuera de mí, como un extraño,
Las voces mutiladas por el viento
Me traen noticias de mi pueblo:
Me dicen, que ya los míos no existen;
Y los que están caminan sin saberlo.

Bajo la triada que alumbran los relámpagos
En medio de la noche tempestuosa,
Yo salgo a desandar por los caminos
Intentando calzar el horizonte
Donde mi patria huérfana delira.
Yo deliro también, con dos puñales,
Clavados al costado de mi ausencia.

Madre murió, y yo quemé mis lágrimas.
Mi hermana, como un lirio, también fue incinerada
Mientras yo suspirara desde lejos,
Sin poder acercarme a la ventana.
De aquel lado estaban los soldados,
Con tánatos en los brazos disparando.
De aquel lado, los brujos me apuntaban.

Ajeno en mi desgano, frío e incierto,
Yo domaba a pedazos la paciencia;
Tejía con nudos largos y opulentos
El eco que los truenos me lanzaban.
De olvido y paramentos, si mi sangre,
Terminara cosida por los plomos,
O por los clavos que anuncian sacrificio,
Cuando intentan rendirte y no pueden.

Oculto en el silencio y en la sombra,
Visible en el concierto de las voces
Me alzo entre dolores y conjuros,
Como un hombre sin miedos y sin tiempo;
Erguido frente al muro que me impone,
La distancia y el hueso de la muerte.
Cuando la ausencia me va pariendo muertos
Y los soldados me apuntan desde lejos.

Todo el camino es mío.
Aniquilo la ausencia con mis ojos.
A mis muertos le insuflo un mar de vida;
Como a los girasoles de mis sueños.


EL DEICIDA.

En la sabida fuga entre el verso y mi sombra,
Descubro el desafuero en que caen las palabras.
Y la poesía ahogada, en la versión inerte,
Del poetastro de turno que aparece en los diarios.
Todos somos culpables por mendigar un verso,
A la estación de lluvia que preside la siembra.
Todos somos culpables de almacenar palabras,
Hilando rimas turbias, yendo por todas partes,
Diciendo: soy poeta.

No quiero ver más cábalas.
No quiero oír más versos,
Sin el organigrama de quien los representa;
En las tertulias ferias
O en ferias de feriantes,
Que empalagan el aire
Con discursos infames.

Me niego,
Me arrepiento de acariciar la noche,
De besar la madera que verbo me regala
Prisionera del tiempo y de los adjetivos,
Que la razón humana deforesta cuando habla.

Vayamos a la lógica.
Vayamos a los números.
Incoemos las huellas.
Tiremos las sandalias.
La poesía es una ciencia
Y la expresión un arma,
Que no cualquier persona,
Puede talar el alba,
Ni escribir cosas nuevas
Ni labrar el camino
Donde la voz del pueblo,
Es la voz del que canta.
¿Poeta?
Me pregunto:
¿Dónde están los poetas?
Y salen diez millones de pregones en alza.
Y luego me pregunto:
¿Dónde está la poesía?
Y escarbo,
Viro el mundo,
Empujo las estrellas.
Desnudo el universo
Pero no encuentro nada.

Voy buscando en el tiempo mis libros favoritos.
Voy colocando ideas sobre el mantel del alba.
Voy escribiendo a solas, el nombre de las cosas,
Y después las coloco encima de una tabla.

A lo lejos descubro los poetas malditos.
Más lejos todavía los de la herencia clásica.
A mi lado los bravos que anhelaban ser bardos,
En un cesto, apilados, una jauría que ladra.
Les miro y les pregunto: ¿vosotros sois poetas?
Se arma un cataclismo y no se entiende nada.

Hagamos la poesía.
Démosles paso al verso
Y el que no sea poeta,
Que se abstenga nombrarla.


EL TIEMPO VUELA.

Te dejaré este sueño
Atado con un sueño,
Para que me respondas
Con tu sombra.

Te dejaré la luz a medio hacerse,
Bajo los flamboyanes de la huerta.
Encima de tu sol
Pondré este sol,
Con el fuego de todos los veranos.

Esperaré.
Esperaré en la tierra
Sin esperar respuestas;
Sin descifrar las siglas,
Sin convertir el antes
En el después que esperas.

Sé hasta dónde es posible
La marca y el calibre de tus ojos
Y la intensión de búsquedas,
Que viajan hacia ti,
Sobre una cuerda.

No quiero penetrar
A esa región que habitan los recuerdos.
No quiero que la lluvia moje el tiempo.
Lo que deseo es verte
Alzada y despejada de temores.
Uniendo las corrientes que te apremian
Al cálido manejo de mi sombra.

Las apariencias,
A veces se despeinan sin ser vistas.
Las apariencias,
Son resortes de ideas sin respuestas.
También, lo dicho a flote,
Muchas veces se rompe en la caída
Y la visión se escapa,
Como la fuga de Ícaro en la nieve.

Muchos pueden tejer y hacer preguntas;
Partir la tierra en dos:
Poner el norte abajo,
El sur arriba.
Saltar sobre un trapecio sin saberlo
Hasta reaparecer en la caída,
Sin más tiempo que el tiempo que le dieron.

Cuando uno no entiende,
Qué significa hacerse fugitivo,
Destripa el aire a voluntad del viento
Y camina despaldas por las nubes,
Enceguecido por su propia sombra.
Entonces, se hace necesario hallar la luz.

Cuando no existe más hallazgo que tu mismo
Y clonas tu dolor en los del mundo;
La palabra despierta
Para romper las barreras del silencio.

Sumida, en la negrura que te ofrecen,
El antes y el después de los pronósticos,
La luz, no deja de crecer, y el tiempo vuela.


EN EL REINO DE DIOS…

Hay cosas insensatas,
Terriblemente impúdicas,
Como son:
Caerse en medio de la calle.
Llegar tarde a una cita.
Ser atropellado por un gato.
Intentar abrir la puerta con las uñas.
Llorar en público, sin tener deseos.
Nadar de espaldas para mirar el cielo.
Caminar descalzo
Para que no se te rompan los zapatos.
Tener sed y no beber para no gastar agua;
Cosas así, señoras y señores.
Pero lo peor de todo es
Un poeta frustrado,
O alguien que dice serlo,
Sin jamás haber escrito un verso;
Sólo porque ha soñado.



LA RAYA.

En esta raya larga
Que se desliza por las estrías del mundo,
Hoy las flores
Amanecieron húmedas.
Anoche llovió largo,
Los pétalos unidos entre sí
Mojaron con ternura
La base de sus sueños.

En esa raya que esconde los sentidos
Se alimenta la luz cada mañana,
Luego,
Como los jeroglíficos,
El sol se expande sobre las cuadraturas
Para iniciar los ciclos de la luna.

Ardiente en un compás
La geometría del aire,
Interrumpe su paso
Y aflora por la manga de los sueños,
Para confederarse con los días.

Altamente la raya,
Hasta el abismo,
Nos indica el camino de salida.
Después baja en silencio,
Timbra la puerta de los que están dormidos,
Para que nadie se aísle de sí mismo.

Todas las veces un nombre y una mano.
Una raya que entra y se desliza,
Una voz que palpita como un trueno
Y al otro lado,
Donde pierde su ruta la existencia
Un brocado desnuda sus colores,
Cuando los barcos se alejan de los puertos.

Cuando esa raya indemne
Desaparece en medio de la noche
Y los trinos,
Ahora convertidos en inciensos,
Pican la tierra y se hacen espejismos,
Atan parte del tiempo en una huella
Y caminan desnudos hasta los horizontes,
Con la nariz brocada por el aire.

Las rayas,
Que de repente brotan,
No tienen un lugar ni un punto fijo.
Están marcadas a voluntar del viento
En la pechina de las catedrales,
O en el aljibe de una casa antigua;
Hasta allí van los perros,
Sucedáneos los unos de los otros,
Para entrar en las rayas del misterio
Donde la voz se rompe y se hace luz.

Una mirada más allá;
Un poco más allá,
Sobre tu hombro,
Se puede convertir en una raya
Hasta que dios apaciente sus ovejas.



LA VISIÓN POR FUERA.

Toma mi espada,
Mi dolor,
Mis manos.
Toma el hilo que afuera,
Sobre la rama,
Ha tejiendo la araña.
Aprende de ella.
Mientras te envuelves con el hilo;
Mírate en el espejo
Que el aire mancornó para tus ojos.

No pienses que caerse
Es iniciar el ciclo hacia las pérdidas,
O que muriendo de ganas por las cosas,
El parto se anticipa
Antes que sea la luz quien lo propicie.

Es prudente,
Que si hablas del hombre
Te palpes bien el sitio…
Para que los sedantes no te dejen ilesos.
Porque a veces conviene morir dos o tres veces,
Antes de apoderarte
De las redes que intentas
Tejer para los otros.

Por eso es conveniente
Que recuerdes la araña,
Que te dejó en la rama,
Sus hilos despeinados.


MIS HECHIZOS.

Esta noche
Han venido a buscarme
Todas las ganas de la vida.
Esta noche no estoy
Pero aquí está mi ausencia
Sobrevolando por todos los rincones.

Los que me desafían se desatinan.
Intentan alcanzarme
Preñar los orificios por los que ellos sospechan
Yo he de pasar un día.
Pero yo me conozco.
Conozco y reconozco las trampas que me ponen.

Nunca dije ni digo donde me hallo
Jamás ando de espaldas,
Por eso cuando intenta pisotearme
Se les rompen los pies.

Ayer, un pez dormido,
Soñaba conmigo en la trastienda,
Estaba mojadito como un sueño.
Tenía sed, según dicen,
Por no entender que el agua
Es quien calma la sed.

Pobre pez,
Que soñaba conmigo mojadito y sediento,
Mientras yo caminaba por la orilla del mar
Con el siete de bastos enumerando estrellas.

Esta noche,
Indefectiblemente,
Yo no siento deseos de regresar a casa.
Quiero tener la certeza absoluta
Del peso de la sombra,
Del olor de la tierra
O las intimidades, con que a veces,
La luna nos despierta.

A veces cuando sueño juego un poco.
A veces juego, pero en el acto dejo de soñar.
Me han dicho los hechizos,
Los que me iluminan por el día,
Que cuando cierre un ojo,
Procure, dejar el otro bien abierto.



TENER, SOÑAR.

No es posible ser ciego y ver la luna,
Olvidar la razón y ser poeta.
No es posible que un hombre se confunda
Con el espantapájaros en la huerta.

No tener,
No soñar,
No ser el mismo,
Al precipitarte por la cuerda.
La vaguedad no es parte del convenio,
Vivimos vigilados por la muerte.

Borrachos de marismas y tambores,
De gélidas palabras sin acentos.
De ríos y proyectos incumplidos
Por la metamorfosis de los sueños.

Destaco en miles la sangre, los dolores,
Las apariencias que acaban siendo ciertas,
Los túmulos del aire que te dejan;
La baja en vertical de las ideas.

Todo yo me deshago y me desato,
De espalda al que me busca y no me halla
Ausente en la canal de los silencios,
Silenciado a la entrada de la puerta.

Nimiedades, palabras obsoletas,
Frutal como la tierra
Y al comienzo,
De un siglo que termina con un año;
Un día que empieza ardiendo en la visera.

Marcado por los crespos de las eras,
Húmedo a toda lanza mis dos huesos,
Pírrico y contrariado me levanto,
Agobiado me acuesto y no me duermo.

Absurdo como todos los absurdos,
Tantas veces sin voz, cuento los números.
Tantas veces dormido me despiertan,
Dormido en Fa mayor cuento hasta trece.

Entre tantos dolores académicos,
Me siento analfabeto en el rebaño
Y me voy a mis cuentas, por si acaso,
Con los escalofríos de la tierra.

Enciendo pabellones y despierto,
Con la luz forestándome la lengua.



TODO ES POSIBLE.

Voy despacito,
A veces,
Casi a nado,
Por el cráneo oloroso
De una hermosa cebolla.

La cebolla me causa tanta gracia
Que hasta me hace llorar si la pellizco.
Si la muerdo,
Estoy devolviendo una semana
Su aliento de nodriza parturiente.

Eso mismo me ocurre
Con los poemas
De algunos tertulianos
O con los cuentos de Edgar Allan Poe.
También Gogol me deja ensombrecido
Hasta que me despierta Yevguieni Onegin.

A veces me pregunto si los cataros,
Los fenicios, o Gengis Can, escribieron poesía.
A veces,
Interrogo a los ajos
A ver si más allá de sus olores
Tienen insertos un verso alimenticio.

Pero no doy más vueltas
Y vuelvo quietamente a la cebolla,
Para tejer unos versos de mostazas.
Ogsmande Lescayllers